Mourinho, ¿reconciliado con el Barça?

BARCELONA -- Una imagen normal, el pasado martes en la zona mixta del Parque de los Príncipes, ha dado paso a toda clase de comentarios. Por primera vez en muchos años José Mourinho atendió en privado, tras el partido entre el PSG y el Chelsea, a un periodista de Barcelona, de TV3, con un discurso alejado de toda crispación. Con una sonrisa en la cara y hablando de futbol. Sin una sola indirecta, sin una mala palabra y mostrando una imagen cercana, impensable en tiempos pasados.

¿Está el entrenador portugués enfrascado en una operación de limpieza de imagen con el barcelonismo? ¿Podría alguien imaginar que aquello que se publicó no hace tanto acerca de un regreso utópico acompañando a Laporta fuera menos impensable de lo que es? Se hace difícil, mucho, teorizar sobre ello, pero a lo largo de la historia del futbol y con el Barça en el escenario pocas cosas se intuyen imposibles.

Y la larga relación de Mou con el Barça, que comenzó hace 18 años, no ha escrito aún su último capítulo.

LA HISTORIA

El Barça acaba de ganar por 8-0 al Logroñés y parte de la afición del Camp Nou saca pañuelos en señal de protesta. "No entiendo esto. De verdad no entiendo", confiesa al día siguiente José Mourinho en los campos de entrenamiento, minutos después de que la plantilla de Bobby Robson acabe el primer entrenamiento previo al partido inmediato que se debe jugar en Sevilla.

Es octubre de 1996, la temporada posterior al despido de Johan Cruyff, la de Ronaldo, la de Robson... Y la primera de Mourinho en Barcelona. El 26 de enero de 1997 el Barça aplasta al Rayo Vallecano por 6-0 en el cierre de la primera vuelta, tres puntos por detrás del Madrid de Capello y con el mejor promedio goleador de su historia. Pero en el Camp Nou permanecen las protestas. "Ya entiendo. Hay una exigencia muy alta. La afición del Barça es especial y no se conforma con cualquier cosa", explica el portugués en petit comité. Porque en aquel momento, hace 18 años, no es un personaje mediático. Es, simplemente, la mano derecha del entrenador. Para muchos el simple 'traductor'.

Mourinho, acaso sin saberlo, hizo un cursillo acelerado de futbol de primer nivel como un secundario de lujo en el vestuario del Barcelona. Un primer año alucinante con Bobby Robson y otros tres con Louis van Gaal, quien le conoció en un restaurante en la primavera de 1997 y exigió de inmediato al presidente Núñez su permanencia en el cuerpo técnico, tanto por su capacidad técnica como por la lealtad que mostró con Robson durante aquella comida.

"Se habla mucho de la libreta de Van Gaal, pero en aquel banquillo, durante los partidos, Mourinho no dejaba de tomar notas. Y trasladaba sus apuntes a los entrenamientos, charlando con los jugadores y mostrando unas aptitudes que ya hacían pensar que sería un entrenador de primer nivel", recuerda hoy un futbolista azulgrana de la época, quien proclama que la imagen que ofreció mucho después al barcelonismo como entrenador del Chelsea, del Real Madrid o del Inter "fue una pose. Como un personaje. Quizá se le fue de las manos... Pero quien le conocía bien sabía que era una actuación".

LA DECEPCIÓN
Mou vivía en Sitges, una localidad costera cercana a Barcelona, y era feliz en el Barça. Creció lo que nunca imaginó en su vestuario y albergó íntimamente la posibilidad de llegar a ser el heredero de Van Gaal en el banquillo. Muy bien relacionado con el presidente de la época, Josep Lluís Núñez, el plan, el sueño, se desvaneció de golpe cuando en la primavera de 2000 Núñez dimitió, Van Gaal decidió abandonar el club y en su primera charla con el nuevo entrenador, Lorenzo Serra Ferrer, comprendió que su permanencia en el Camp Nou no tenía razón de ser.

"Se despidió dando a entender que volvería. Estaba comprometido con el Barça y era sincero al proclamar su cariño por el club", advierte un colaborador de la época. Nadie, muchísimo menos él, sospechaba como se desarrollaría la historia a partir de ahí.

Al cabo de cinco años, el amor comenzó a transformarse en frialdad primero y en odio después. "Mourinho es un entrenador de títulos, nada más", le disparó Johan Cruyff y Mou no se anduvo por las ramas en su respuesta: "El Barça tiene más de cien años de historia y ha sido una vez campeón de Europa. Yo llevo tres años de entrenador y he sido una vez campeón de Europa. ¿Qué tengo yo que enseñar?".

En febrero de 2005 se cruzó el Chelsea con el Barça en la Champions y el partido del Camp Nou (2-1) acabó con Mourinho negándose a acudir a la sala de prensa, acusando a Rijkaard de entrar en el vestuario arbitral al descanso y remontando (4-2) en Stamford Bridge al cabo de dos semanas. "No tengo nada contra el Barcelona, pero quiero ganar siempre y hoy hemos ganado al que dicen es el mejor equipo del mundo", ironizó el portugués aquel 8 de marzo.

Un año después llegaría el turno de la venganza azulgrana, de su proclama por el teatro de Messi y el definitivo alejamiento del entrenador del club en que había pasado "cuatro años maravillosos". Aunque faltaban los siguientes capítulos.

EL RESENTIMIENTO
A principios de 2008, con el Barça de Rijkaard en caída libre, la directiva de Joan Laporta contactó con José Mourinho, sin equipo desde que en septiembre de 2007 abandonó el Chelsea, para tratar su fichaje como próximo entrenador. El vicepresidente Marc Ingla y Txiki Begiristain se reunieron con el portugués en Lisboa y conocieron de primera mano sus planes. Entre ellos, se dice, destacaba la presencia del entonces entrenador del Barça B Josep Guardiola como ayudante.

Mou comenzó a imaginar su soñado regreso a Barcelona. Los medios, conocedores de los contactos, limpiaron la mala imagen que existía de él. A mediados de marzo su candidatura era la más aceptada por el entorno del club... Y al cabo de dos semanas Laporta dio un golpe de efecto comunicando a su junta la decisión de apostar por Guardiola, avalado por Johan Cruyff y presentado por el directivo Evarist Murtra.

Al cabo de ocho años de salir del Barça como un aprendiz privilegiado, Mourinho se tomó mucho peor aquella decisión. El 8 de mayo de 2008 Laporta hizo oficial el relevo de Rijkaard por Guardiola, el 2 de junio Massimo Moratti presentó al portugués como entrenador del Inter de Milán y la decepción dio paso a un creciente odio, con Pep de inesperado protagonista y Cruyff como actor secundario, siempre presto a atizar al portugués, quien transformó su discurso ya de manera evidente hacia el resentimiento.

La relación entre Mourinho y el Barça en los últimos siete años es bien conocida. Si fue tensa cuando al frente del Inter eliminó al equipo azulgrana en las semifinales de la Champions en 2010, alcanzó el paroxismo durante su permanencia como entrenador del Real Madrid, en una etapa en que el cruce de declaraciones desde la sala de prensa tuvo casi tanto interés como lo que sucedía en el campo, donde el Barça de Pep mantuvo una manifiesta superioridad en su primer año cara a cara (llegando a la humillación) y el Madrid de Mou se desquitó en el siguiente.

Se marchó Guardiola del Barcelona y una temporada después, envuelto en una tormenta aún mayor, lo hizo Mourinho del Real Madrid. Volvió al Chelsea y en los últimos tiempos, sin olvidarse todo lo sucedido, la relación entre el técnico portugués y el entorno del Barça se ha suavizado de manera cuanto menos curiosa.

El pasado mes de noviembre Joan Laporta fue descubierto junto a Jorge Mendes y entre todos los rumores que aquel encuentro provocó destacó la aparición del nombre de José Mourinho como 'posible' candidato al banquillo del Barça si el ex presidente ganaba las elecciones previstas para 2016. "No es mi estilo de entrenador", cortó el dirigente antes de conocer que Bartomeu adelantaría un año las elecciones... Pero su discurso, el de Laporta, ya no fue para nada bélico al referirse al portugués.

"Mi intención es quedarme en el Chelsea por diez años" proclamó hace pocas semanas Mou desde Londres, dando a entender su compromiso inquebrantable con el club de Stamford Bridge... Pero en el entorno del Camp Nou ha calado ese cambio de discurso.

Lo que son las cosas, hoy José Mourinho despierta mucha controversia en el entorno del Real Madrid mientras su personaje va recuperando, pocos de momento, adeptos en el del Barça. A fin de cuentas nadie olvida una tarde de la primavera de 1997, cuando encaramado al balcón de la Generalitat de Barcelona gritó a una entregada hinchada aquella proclama legendaria: "Hoy, mañana y siempre con el Barça en el corazón".