Draft 2015: El futuro ya está aquí

Llegó el momento del Draft de la NBA. Este proceso singular que hace de Estados Unidos un lugar único en el panorama deportivo. Ni ascensos ni descensos, ni segundas o terceras divisiones, ni equipos que moldean a sus jugadores desde pequeños para tener sus derechos en el futuro. Aquí las cosas funcionan de otra manera, por eso esta época del año es una de las más esperadas. Todos empatizamos con estas jóvenes promesas que están a una llamada de teléfono de cumplir sus sueños. Quién no ha deseado haber tenido la calidad y disciplina de estos pequeños (no de estatura precisamente) adultos que llevan destacando en el básquetbol desde que estaban en high school.

Serán ellos los que se pongan la gorra de la franquicia de turno frente a la atenta mirada de más de medio mundo que aguarda ansioso por ver los primeros flashes rebotar en sus rostros de novatos, de profesionales primerizos con potencial para convertirse en los próximos Kobe Bryant, LeBron James, Kevin Durant, Magic Johnson... quién sabe. Todos deseamos que eso ocurra, porque en algún momento esta clase del 2015 se convertirá en el presente de la NBA.

Y veremos al padre de Karl-Anthony Towns saltar de júbilo cuando su hijo sea elegido en la primera posición por Minnesota Timberwolves, y es que aquí apenas hay espacio para la improvisación. Y este chico de habla madura curtido por la mano - dura - de un John Calipari que le dio plena confianza desde el comienzo de su carrera tanto en Kentucky como en la selección de la República Dominicana. Que le pregunten a Charlie Villanueva cómo se las gasta este coach legendario ya en el básquetbol universitario que ha pulido a Towns en toda su extensión. Este chico corpulento que hace tres veranos soñaba con estudiar Kinesiología en la universidad se convertirá en uno de los pívots más completos. Su habilidad para dominar la pintura la mezcla con su capacidad para anotar triples como rosquillas. Todo un portento.

También presenciaremos la ilusión de unos Los Angeles Lakers en vías de construcción optar por su mejor posicionamiento en un Draft desde que James Worthy fue elegido en la primera posición en 1982. Su segundo puesto acercará si no hay sorpresas a Jahlil Okafor a California. Se trata de uno de los talentos más buenos en lo suyo que hay en su clase. Pívot de naturaleza, lo suyo es postear y hacer daño bajo el aro. Las obras en la franquicia lagunera llevan en marcha varios años y la gerencia pretende que la culminación llegue con esta sabia nueva que será clave para el equipo en la temporada 2015-17. Será entonces cuando Okafor tenga más experiencia y si a eso se le une la capacidad salarial de la franquicia, el coctel podría ser explosivo. A eso se aferran los incondicionales de los laguneros.

Ya veremos a partir de ahí. Que si D´Angelo Russell, Kristaps Porzingis, Emmanuel Mudiay, Justise Winslow, Mario Hezonja... en fin, son muchos los que anoche no pegaron ojo soñando con dar el salto al mundo profesional. Cuando oigan su nombre esa circunstancia dejará el mundo de las ideas para pasar a la realidad. A partir de ahí no hay vuelta atrás, porque precedentes los hay. Sobran los espejos en qué mirarse, tanto en lo éxitos como en los fracasos.

Quién no desearía que la clase de 2015 sea similar a la de aquél 1960 de Jerry West, Lenny Wilkens o Oscar Roberston; o la de 1984 que nos dejó leyendas como Michael Jordan, John Stockton, Charles Barkley o Hakeem Olajuwon. La de 1996 no tiene nada que envidiar a las de las mejores camadas históricas con Bryant, Steve Nash, Allen Iverson, Jermaine O´Neal o Ray Allen; o 1998 con Vince Carter, Dirk Nowitzki, Paul Pierce o Antawn Jamison. Y clases más cercanas que ahora triunfan con una vigencia donde la excelencia brilla en forma de premios al Jugador Más Valioso y anillos de diamantes. 2003: LeBron James, Carmelo Anthony, Chris Bosh, Dwyane Wade o Kyle Korver. 2009: Stephen Curry, James Harden, Blake Griffin...

Quién no ansía como aficionado, familiar o deportista que este año salga una clase tan significativa como cualquiera de las mencionadas. Pero que nadie se duerma en los laureles. El ingreso en el básquetbol profesional es una meta que requiere seguir preparándose al máximo nivel, con la intensidad de los mejores y el hambre del novato. Si estas variables se mantienen, los éxitos llegan por sí solos, si no, los fracasos hacen que uno caiga por su propio peso. Nadie quiere eso, ninguno de los jugadores que están a punto de recalar en la NBA están dispuestos en convertirse en los próximos Gren Oden, Kwame Brow, Michael Olowokandi o Adam Morrison.

Se abre la veda, la lista de la compra por turnos, comienza lo bueno. La historia de la NBA vivirá otro capítulo más de sus casi 70 años de vida. El futuro seguirá escribiendo sus páginas con una tinta hecha de ilusión.