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Mujeres de las que el mundo entero habló

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Mujeres inolvidables del deporte (2:04)

El impacto de muchas mujeres en el deporte los últimos 50 años se refleja en el reconocimiento inmediato de sus nombres y sus logros que, pese al paso del tiempo, como en sus respectivas épocas, son aún impresionantes. (2:04)

Algunas lo hicieron durante la década del 70, época en la que el deporte estaba íntimamente emparentado con la supremacía masculina. Los hombres eran los que siempre se llevaban la portada y el poster central de las publicaciones periodísticas de la época. Una década en la que sobraban héroes y escaseaban las heroínas.

Otras de ellas lo hicieron más recientemente. Ya en los finales del siglo 20 y principios del actual, la presencia y los logros de la mujer en el deporte captaban la atención de muchos. De todas maneras, y tal como pasa actualmente, esa atención no era equivalente a la del sexo opuesto.

Ya en la década pasada, hubo mujeres que sobrepasaron el interés del ámbito deportivo para convertirse en activistas y ser dimensionadas más allá de sus habilidades en el deporte.

Hoy vamos a hablar de alguna de ellas.

Simplemente porque sus apariciones fueron tan fulgurantes y tan poco fugaces, que todo el mundo habló de ellas. Pero mejor repetirlo en voz alta para que no queden dudas: Todo el mundo habló de ellas.


Una tenista de occidente y otra detrás de la cortina de hierro

Chris Evert se formó en los Estados Unidos y fue una fiel exponente de la cultura tenística de este país. Martina Navratilova creció y se formó en la Checoslovaquia comunista antes de exiliarse en el país de su gran rival y amiga. Ambas acapararon el poder en el tenis femenino por más de una década.

Entre 1973 y 1988, Martina y Chris se enfrentaron 80 veces con 43 victorias para Navratilova y 37 para Evert. De esas 80 ocasiones, 20 fueron en finales de Grand Slam, en donde Martina también tiene ventaja de 14-6. Fueron rivales, antagonistas en cuanto a estilo de juego, modelos de deportistas a seguir, líderes dentro y fuera de la cancha y, fundamentalmente amigas. No podría entenderse la grandeza de cada una de ellas si no existiera la otra. Sus nombres quedaron entrelazados de por vida.

Se enfrentaron por primera vez en la ciudad de Akron, en el estado de Ohio, el 22 de marzo de 1973 y disputaron su último partido en la final de Chicago, tres lustros después. Su rivalidad quedó marcada a fuego. Pero más aún sus conquistas: 18 torneos de Grand Slam para cada una y ambas supieron ser número uno del mundo. Hasta llegaron a formar una pareja de dobles que ganó en Roland Garros y Wimbledon.

Con ellas de abanderadas, el tenis femenino se despojó de su carácter casi marginal para ser galardonado con el respeto inequívoco del mundo.

Un dato más: apenas abandonó su Checoslovaquia natal, Navratilova adoptó la ciudadanía estadounidense. Desde entonces su amor por el tenis no desvaneció ni un poco, pero sí, en cambio, aumentó su determinación para declarar abiertamente su identidad sexual.

Ambas están alejadas del tenis en este momento. Pero el planeta nunca pudo olvidarlas.


El vuelo hacia la historia y la perfección absoluta

¿Es posible que le hayan dado puntaje perfecto? ¿Es cierto lo que ven mis ojos? Esta pregunta se la deben haber hecho en una ráfaga de segundos todos aquellos espectadores en el estadio Olímpico de Montreal el 18 de julio de 1976 cuando una gimnasta rumana era declarada perfecta.

Nadia Comaneci, de ella hablamos, dejó a todo el mundo sin palabras, atónitos y estupefactos. Solo les quedó aplaudir con fuerzas y descubrir que estaban siendo testigos de algo jamás visto en unos Juegos Olímpicos: sumar puros 10 tras la rutina en barras asimétricas.

Una ejecución impecable, combinando gracia, habilidad, técnica y perfección. Apenas 20 segundos para ganarse la gloria eterna. Y con tan solo 14 años. "A veces va tan lento para ti, pese a que la rutina es muy rápida. Vas movimiento tras movimiento, segundo tras segundo", recordó años más tarde la heroína.

Pero no fue su único logro. Comaneci logró el máximo puntaje en otras seis ocasiones, ganando tres medallas de oro, una de bronce y una de plata.

"Yo no era de las que miraba el marcador inmediatamente después de una rutina, pero recuerdo que hubo un increíble ruido. Incluso en ese momento no estaba segura de los que estaba pasando porque el marcador sólo tenía tres dígitos y lo que mostraba era 1.00. No había espacio para un 10", recordaría mucho tiempo después, ya instalada en los Estados Unidos tras desertar de Rumania en 1989.

La historia olímpica de Comaneci siguió cuatro años más tarde en Moscú 1980, cuando sumó otras cuatro preseas.

"Yo siempre dije que deseaba ganar una medalla olímpica y gané nueve".

Acaso un motivo más que suficiente para que el mundo hablara de ella.


Un salto que le hizo ganar la eternidad

Yelena Gadzhievna Isinbayeva no solo era talentosa: también era bonita, y por tal motivo, le sumó gracia y belleza a su talento innato para llegar a las alturas. Casi nada.

Dos veces medallista de oro olímpica (2004 y 2008), tres veces campeona mundial (2005, 2007 y 2013) y poseedora del récord mundial actual en el evento, no se exagera absolutamente nada cuando es considerada la mejor saltadora de pértiga de todos los tiempos.

Uno recuerda los primeros Juegos Olímpicos del siglo 21 como los que estuvieron marcados por el dominio de Michael Phelps y Usain Bolt. Sin embargo, la rusa fue una de las máximas atracciones del atletismo olímpico. Verla saltar era una cita obligada para los fanáticos y un deleite al mismo tiempo.

Y si estos logros no alcanzaran para dimensionar su estatura como atleta, hay que mencionar que fue la primera mujer en superar la barrera de los cinco metros en 2005. Además, ha sido campeona de major en nueve ocasiones (olímpica, campeona del mundo al aire libre y bajo techo y campeona de Europa al aire libre y bajo techo), ganadora del premio mayor de la serie de la Liga Dorada de la IAAF en 2007 y 2009.

La pertiguista rusa es una de los nueve atletas (junto con Valerie Adams, Usain Bolt, Veronica Campbell-Brown, Jacques Freitag, Kirani James, Jana Pittman, Dani Samuels y David Storl) que ha logrado ganar campeonatos mundiales en los niveles juvenil, junior y senior de un evento atlético.

Isinbayeva fue nombrada Atleta Femenina del Año por la IAAF en 2004, 2005 y 2008, y ganó el Premio Laureus como Mejor Deportista Femenina del Año en 2007 y 2009. En 2007 ingresó al Salón de la Fama de la FICTS (Federation Internationale Cinema Television Sportifs) y fue galardonada con la "Excelencia Guirlande D'Honneur" de la Federación; además, recibió el Premio Príncipe de Asturias de los Deportes en 2009.

Con semejante hoja de vida, era lógico y previsible que la prensa mundial hablara de Isinbayeva. En una época en la que las mujeres batallaban por ganarse en lugar entre la élite del deporte mundial, sin duda fue una de los que logró hablar de tú a té con cualquier deportista en base a logros y talento.

Quizás para rematar sería mejor decir que en esa épica de ganarse el respeto del mundo entero, nadie como ella llegó tan alto.


Futbolista, activista y líder

Megan Rapinoe no es una futbolista más. Es una deportista, una personalidad y una líder con todas las letras. Su carrera no puede, ni debe, dimensionarse en logros, sino más bien en hechos.

Su vida está marcada por momentos icónicos, como aquel preciso pase a Abby Wambach para que empatara el partido en el minuto 122 de los cuartos de final de la Copa Mundial Femenina de Fútbol de Alemania 2011 contra Brasil, equipo al que eliminarían en la tanda de penales, o por el hecho de haber sido la primera jugadora de fútbol, femenino o masculino, en marcar gol olímpico en Londres 2012. Por si fuera insuficiente, en Tokio 2020, celebrados el verano pasado, lo haría nuevamente.

Entre los logros de Rapinoe con la selección de Estados Unidos figuran la Copa Mundial Femenina de Fútbol de Canadá 2015, los Juegos Olímpicos de Londres 2012 y la medalla de plata en la Copa Mundial Femenina de Fútbol de 2011. En el Mundial de Francia 2019 ganó el oro y además fue Balón de Oro, Bota de Oro y MVP en tres partidos de la competición, incluida la final, para terminar siendo elegida por la FIFA como la Mejor Jugadora de 2019 con el premio The Best, y culminando con el Balón de Oro Femenino de 2019.

Todos estos hitos sin duda alcanzaron para que la prensa de su país resaltara su liderazgo y su presencia fuera requerida constantemente en los medios de la prensa nacional de los Estados Unidos.

Pero su vida traspasa los límites de una cancha de fútbol y su nombre no fue mencionado solamente en las cadenas de deporte. Con su identidad sexual definida, Rapinoe -- quien se comprometió con la estrella de la WNBA, Sue Bird en octubre de 2020 -- es una defensora de numerosas organizaciones LGTBQ+, incluyendo Gay, Lesbian & Straight Education Network (GLSEN), una organización nacional cuyo enfoque es garantizar escuelas seguras para todos los estudiantes, y Athlete Ally, un grupo sin fines de lucro cuyo objetivo es que las comunidades deportivas sean más inclusivas.

Su fuerte personalidad y convicciones la han llevado a convertirse en líder y activista por la igualdad de trato y la visibilidad hacia el fútbol femenino, pero especialmente por la lucha por la igualdad de género.

Alguna vez, luego de ella haberse coronado campeona del mundo en el 2019, un entrevistador de la cadena CNN le preguntó a Rapinoe qué haría si el entonces presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, la invitara a la Casa Blanca. Ella no tuvo reparos en admitir que no iría pues entendía que el mensaje del ahora expresidente excluía a ciertas personas. Rapinoe dijo: "No solo me excluye a mí. También excluye a las personas que son como yo; excluye a las personas de color, y hasta a los estadounidenses que quizás lo apoyan".

Las palabras hablan tan fuerte de sus convicciones, como lo hacen sus logros para destacar su enorme carrera deportiva.