Salvo en el muy muy bizarro caso de la Liga de Futbol de Bielorrusia, que sigue en acción, todo el mundo del deporte ha parado debido al Coronavirus. La acción en la cancha se ha detenido. Estadios cerrados o habilitados en pro de la salud de las ciudades, los atletas en sus casas y los fans añorando que todo vuelva a la normalidad.
Pero que no haya deporte no quiere decir que no haya noticias del mundo del deporte. Qué atletas se han contagiado y cuáles ya han sanado, qué va a pasar con los salarios de los deportistas, la curiosidad diaria en redes sociales de una estrella pateando un rollo de papel de baño y, sobre todo, las especulaciones sobre cuándo... cuándo demonios vamos a volver a tener deporte.
Una de las lecciones de la pandemia es que el deporte no se rige solo, sino que existe dentro de una sociedad, y esta sociedad tiene reglas, y las reglas las ponen los gobernantes, estemos o no estemos de acuerdo.
Y así es como vemos que por más que una u otra Liga pone una fecha tentativa para regresar a la acción, después llegan las noticias sanitarias y la cruda realidad del poco control que hay aún sobre el virus, y entonces los directivos de las Ligas, patean otra vez la pelota hacia adelante.
No los culpo. Es el ansia por volver. La NBA ya se estaba planteando tres escenarios, todos sin público: jugar en Las Vegas, jugar en una instalación adaptada en las Bahamas, o jugar en un escenario colegial del Medio Oeste de Estados Unidos donde ha pegado con menor fuerza el Covid-19, pero las noticias sobre la crisis sanitaria son cada vez más graves y entonces todo queda en ‘veremos’, sin contar que la estrella número 1 de la NBA, LeBron James ya sentenció que ni loco juega sin aficionados.
Recuerdo esos tiernos días de marzo en que la Liga Premier de Inglaterra suspendió solo 3 semanas su actividad, y luego fue todo abril, y ahora está suspendida de forma indefinida. Recuerdo cuando la UEFA, ilusa, puso fecha para la Final de la Champions a finales de junio. Hoy se ha eliminado esa fecha. Recuerdo la necedad del Comité Olímpico Internacional, al aferrarse a celebrar los Juegos de Verano en el 2020. No hubo manera que esto sucediera.
Es el ansia por volver. Por volver a jugar y gritar en un estadio. Por volver a ver a los fenómenos en una cancha, en un estadio, en un campo o una duela. Pero simple y sencillamente no se puede. Y aunque no los culpo por intentarlo, no se puede planear porque esto nunca lo habíamos vivido y no sabemos cuándo va a acabar. Ni cómo.
La esperanza es que sea cuanto antes y con la menor cantidad de muertes posible. Y una vez que esto pase, no cabe duda que lo primero que haremos millones de nosotros será comprar un boleto o mínimo prender la pantalla para ver a nuestros ídolos, haciendo lo que tanto nos gusta... como si fuera la primera vez.
