Se dio como dictan las leyes no escritas de Morón: con el cuchillo entre los dientes, el overol puesto y ese sufrimiento que hace que el desahogo final sea más dulce. Los Matreros regresó a la elite y lo hizo con una tarde de esas que se guardan en la retina para siempre. En el estreno de su cancha en el Top 14 de la URBA, el equipo del Oeste venció a Regatas por 27-25, gracias a la diestra de Juan Morales, que en el último suspiro del partido mandó la ovalada entre los palos y desató la locura colectiva.
“Es un día soñado”, soltó Santiago Villarino, el capitán, con la voz todavía entrecortada. Y no exageraba. Desde temprano, La Base dejó de ser un predio deportivo para transformarse en un crisol de pasiones. El rojo y blanco copó cada rincón, enfrentado al azul y amarillo de los de Bella Vista. ¿Un superclásico de fútbol? No, algo mucho más genuino: el rugby vernáculo en su máxima expresión, con una mística que solo los clubes saben construir.
El trámite del partido fue un electrocardiograma. Matreros salió a comerse la cancha, con una intensidad que borró las distancias de categoría y le permitió sacar una ventaja de 14 puntos que parecía determinante. Sin embargo, la máxima categoría no perdona. Regatas apeló a su oficio y, a falta de solo tres minutos para el cierre, dio vuelta la historia.
Fue ahí donde apareció la templanza. Con el sol iluminando el epílogo y la presión de toda una tribuna sobre sus hombros, Juan Morales se hizo cargo de la responsabilidad. Adentro. Festejo, abrazos y el alivio de saber que el esfuerzo del 2025 hoy rinde sus frutos.
“Lindo debut, estamos para esto y ojalá que estemos para más”, analizó el entrenador Ignacio Piñeyro entre los festejos. A su lado, Juan Pablo Zeiss, un hombre que sabe de batallas internacionales pero que se conmovió como un juvenil: “ganar como lo hicimos es hermoso”.
En medio de las banderas, las sombrillas y los chicos buscando el autógrafo de sus ídolos con fibrón en mano, asomó la figura de Juan Manuel García. Con 41 años y la vigencia de quien respira rugby, el histórico wing de la Preintermedia (presente en los ascensos de 2003, 2010 y 2015) resumió el sentimiento general con una palabra: “impresionante”.
Para el inoxidable wing, el secreto del éxito no es un misterio: “tenemos muy buen grupo humano, buenos entrenadores, creo que están tirando todos para adelante hace bastantes años”. Y cuando se le pregunta por la identidad del club, no duda: “nuestro fuerte siempre fue el golpe, la presión y el tackle, así que eso se mantiene, creo que ya de chiquito viene”.
La fiesta fue completa. Porque mientras el primer equipo festejaba, el hockey también jugaba y los infantiles corrían por los costados. Como bien cerró Piñeyro una vez que bajaron las pulsaciones: “hoy jugó el hockey, jugaron a los infantiles, está todo el club y la verdad que eso es lo importante, vivir una fiesta de club todos juntos”. Matreros volvió. Y por lo visto en La Base, el Top 14 recuperó una plaza donde el sentido de pertenencia es la bandera principal. Misión cumplida.
