Dak es aficionado de Cowboys por su padre y ahora, ambos disfrutan la aventura

OXNARD, Calif. -- Dak Prescott no es sorprendido con frecuencia.

Pero eso sucedió el pasado viernes.

Su padre, Nat, viajó a Los Angeles para sorprender a Prescott el día previo al cumpleaños 24 de su hijo. Los Dallas Cowboys tenían programada una sesión de práctica el sábado, así que padre e hijo decidieron festejar en un Cheesecake Factory luego de que el quarterback pasó gran parte de su día libre en un spa.

“Fue muy agradable. Una sorpresa. Realmente no sabía y no me sorprenden seguido, así que (mi familia) logró sorprenderme”, dijo Prescott. “Los felicité por esta sorpresa, porque (mi papá) ha intentado venir varias veces y no podía, (pero) ahora sí me sorprendió, pero yo estaba más emocionado por él porque es gran aficionado a los Cowboys. Me da gusto que haya venido y haya visto la práctica”.

Nat notó que su hijo se sorprendió de inmediato.

“Cuando llegué, vi a mi chico. Casi se desmaya”, relató Nat. “Vino corriendo (y dijo), ‘¿Qué haces aquí? Papá, sentí como si estuviera en un túnel del tiempo. No te esperaba aquí’”.

Nat pudo ver a su hijo entrenar en la que quizá haya sido la mejor sesión de práctica del quarterback en los primeros días del campamento.

Quince meses después de que Dak fue reclutado y 13 meses después de que se convirtió en titular, Nat aún está sorprendido de que su hijo sea el quarterback de los Cowboys.

Pese a que creció en Louisiana, Nat siempre ha sido aficionado de los Cowboys.

“Me siento muy orgulloso. He sido aficionado de los Cowboys toda mi vida. Mi abuelo me hizo aficionado y yo a Dak y verlo aquí es un sueño hecho realidad”, señaló Nat.

Mientras sus hermanos mayores, Jace y Tad, jugaban en Pop Warner, Dak usó un uniforme con el número 8 de los Cowboys en lo que fue un regalo de sus padres.

“(Dak) creía que con ese uniforme podía competir con sus hermanos. Teníamos problemas para mantenerlo fuera del campo”, recordó Nat. “Fue ahí cuando comenzó a decirme, ‘Papá, voy a jugar para los Cowboys’. Dios no se equivoca. Aquí estamos”.

La historia más conocida sobre Dak es la pérdida de su madre, Peggy, quien falleció víctima de cáncer mientras él estudiaba en Mississippi State. Ambos tenían una relación muy cercana.

Dak tiene un tatuaje en la parte interna de la muñeca izquierda que dice “MOM”. Cuando los Cowboys le asignaron el número 10 tras reclutarlo, Dak lo cambió al número 4, porque su mamá nació el 4 de septiembre.

Aunque sus padres se divorciaron cuando era adolescente, Dak tuvo una gran influencia de su padre.

“(Mi papá) siempre ha estado presente. Siempre hemos tenido una relación cercana, supongo que diferente a la de mis hermanos, pero todos tenemos nuestras relaciones individuales y él siempre ha estado para mí”, señala Dak.

Por años, Nat ha leído historias que aseguran que no era parte de la vida de su hijo, pero nunca le molestaron.

“No me correspondía convencer al mundo de lo contrario. No es mi trabajo”, afirma Nat. “Mi hijo sabía la verdad y eso era lo que más me importaba. La primera oportunidad que tengan, pregúntenle a él. Nunca ha habido algo malo en nuestra relación”.

Durante la temporada de novato de su hijo con los Cowboys, Nat trabajaba como chofer de un autobús público en Austin, Texas, ciudad que fue su hogar durante dos años, luego de que las oportunidades de como chofer comercial en la industria de combustible en Louisiana comenzaron a escasear.

De alguna forma, algunos de los pasajeros de autobús sabían que era padre de un famoso jugador.

“De repente, los autobuses comenzaban a llenarse y yo pensaba, ‘¿Qué pasa?’. Entonces, todos me preguntaban, ‘¿En verdad eres el papá de Dak?’. Fue algo grande por allá”, relata Nat.

En febrero pasado, Nat se mudó a un suburbio de Dallas, muy cerca de su hijo. Su trabajo ahora es cuidar los dos perros de Dak, Legend, de raza pitt bull, y The GOAT, un bulldog francés.

“(Mi papá) está ahí para mí”. Si necesito algo, me ayuda y lo soluciona. Es mucho más conveniente (tenerlo cerca)”, afirma Dak.

Mientras veía a su hijo entrenar el sábado, Nat no podía dejar de sonreír. Le gritó a Ezekiel Elliott mientras el corredor hacía ejercicios, platicó con el dueño del equipo Jerry Jones antes de la práctica y al final, padre e hijo compartieron un gran abrazo en el campo.

“Ha sido fabuloso”, dijo Nat sobre el papel de su hijo el año pasado. “Y le agradezco a mi hijo por incluir a su papá en su aventura. Es mi chico. Siempre le digo a la gente que cuando tiene un mal juego, soy el hombro en el que puede llorar. Cuando tiene un buen juego, mi mano es la primera que chocará, también. Siempre estamos agradecidos por cada día”.