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La particular carrera de Frank Darío Kudelka, un especialista en ascensos

"Era un delantero saltarín... pero sin mucho sacrificio". Así se recuerda como jugador Frank Darío Kudelka en una entrevista con la revista El Gráfico en 2016. Esa misma autenticidad lo define como entrenador: un técnico que no llegó por apellido ni por trayectoria como futbolista, sino que se ganó su lugar desde el ostracismo, que llegó de las formativas, desde las aulas, desde el sacrificio. Desde la pasión.

Hoy, con Huracán en la gran final del Torneo Apertura 2025, Kudelka vuelve a estar en el foco. Y mientras los flashes se encienden, él prefiere mantenerse en el segundo plano. Pero su historia, silenciosa y extraordinaria, merece ser contada.

De Freyre al fútbol grande: la historia de Kudelka de la que nunca se rindió

Nacido en Freyre, un pueblo cordobés de 7.000 habitantes, Kudelka se formó como profesor de Educación Física mientras jugaba en ligas regionales. Su sueño de ser profesional se truncó con el servicio militar, pero su hambre por pertenecer al mundo del fútbol no desapareció: al contrario, se transformó en un proyecto de vida.

Primero como docente, luego como entrenador de juveniles, más tarde como coordinador y, por fin, como DT profesional, Kudelka creció por mérito. Sin regalos, sin atajos, sin una hoja de ruta marcada. Su carrera está signada por una palabra clave: resiliencia. Cada caída fue una pausa, no un final. Y cada paso adelante, una conquista legítima.

Frank Kudelka, el constructor de ascensos

Kudelka es, lo que se considera, un especialista. Porque su apellido se volvió sinónimo de ascensos. Empezó su carrera en 1987 en 9 de Julio Olímpico, club de su pueblo afiliado a la Liga Regional de San Francisco, Córdoba. Allí consiguió dos títulos con la cuarta división.

Pasó por Gimnasia y Esgrima de Ciudadela y Gimnasia de Concepción del Uruguay. No la pasó bien en Instituto. Con Talleres de Córdoba, logró lo que nadie: primero ascendió del Torneo Argentino A al Nacional B y luego ganó el Nacional B de forma invicta, algo inédito en la categoría.

Con Unión de Santa Fe, devolvió al club a Primera. Con Boca Unidos, subió al Nacional B. Y antes, con Libertad de Sunchales, ya había empezado a labrar su sello de entrenador capaz de transformar desde la base, ascendiendo del Argentino B al A.

Fuera del país, dirigió a Universidad de Chile. En su regreso, tuvo su chance en Newell's. En Huracán tuvo tres pasos: en 2013, en 2021 y el actual. También supo estar al frente de Lanús.

"En el ascenso necesitás algo más que táctica: tenés que adaptarte a vestuarios donde no entra todo el plantel, a canchas difíciles, a la presión sin red. Si no te preparás mentalmente, te aplastan", explicaba Kudelka en El Gráfico. Y esa preparación fue parte de su éxito: desde yoga hasta trabajo psicológico, no dejó detalle librado al azar.

El primer Huracán, el Huracán de hoy

Kudelka ya había dejado huella en Huracán una década atrás. Llegó en un contexto caliente, a dos puntos del descenso, y forzó un desempate por el ascenso con Independiente. Lo perdió en un partido polémico, pero dejó una semilla que creció. "No siempre se puede completar. A veces uno es solo una parte del camino", dijo entonces, sin rencor, solo con gratitud.

Hoy, en 2025, transita su tercera etapa en el club. A la Primera, se le sumó la de 2021, un ciclo que terminó por malos resultados en la Copa de la Liga. Pero el fútbol siempre da revancha. Y ese camino lo vuelve a encontrar hoy con el Globo en un momento de madurez. A los 64 años, con la serenidad de quien se conoce y sabe lo que busca, Frank Darío vuelve a estar en una final. Con ideas claras y sin estridencias, construyó un equipo competitivo, serio y comprometido.

El DT que no fue jugador, pero que lo jugó todo

En una industria donde el "currículum como jugador" pesa más que muchas ideas, Kudelka es la excepción. No fue estrella, ni siquiera profesional. Pero dirigió desde escuelitas hasta la Primera División, sin atajos. El hecho de no haber sido futbolista, en vez de ser un paso negativo, terminó fortaleciendo su camino.

Cuando asumió por primera vez en Unión de Santa Fe, en 2002, fue casi por casualidad: los jugadores lo pidieron. Y cuando tuvo su peor momento -tras ser despedido de Patronato en el torneo Argentino B- pensó en dejar todo. Pero volvió. Y ganó.

El legado silencioso de Kudelka

No es mediático. No grita para las cámaras. No protagoniza escándalos. Pero los equipos de Frank Kudelka compiten, evolucionan, crecen. Y eso, en un fútbol acostumbrado a vivir de urgencias, es una excepción valiosa. El exentrenador de Talleres, el orgullo de Freyre, quiere escribir una nueva página dorada para su currículum.

El próximo domingo, cuando Huracán dispute la definición frente a Platense en Santiago del Estero, Kudelka vivirá otro capítulo de su particular carrera. Uno más en una historia sin flashes, pero con mucho contenido. El perfil bajo que se hizo lugar en la elite. El DT que empezó en una escuelita y llegó a la final del fútbol argentino.

Y que aún sueña con más.