Doce años después, Ángel Di María volverá a pisar aquel césped. El escenario del partido entre Rosario Central y Corinthians por la vuelta de octavos de final de la CONMEBOL Libertadores será el mismo: el estadio del barrio de Itaquera, en la ciudad brasileña de San Pablo, donde “Fideo” convirtió uno de los goles más festejados e icónicos de su carrera.
En 2014, el rosarino llegó allí con 26 años, como una de las figuras de la Selección Argentina que buscaba avanzar en el Mundial. Ahora regresará con 38, después de haberlo ganado todo con la camiseta celeste y blanca, aunque esta vez tendrá puesta la camiseta de Rosario Central, el club en el cual tiene apostadas todas sus fichas del presente.
El 1 de julio de 2014, en los octavos de final del Mundial, Di María apareció en el minuto 118 para marcar el agónico 1-0 frente Suiza. Su festejo con las manos hechas un corazoncito, antes de que Lionel Messi se le trepara a “upa”, metió a Argentina entre los ocho mejores del mundo.
El jueves 20 de agosto de 2026, nuevamente en unos octavos de final, pero esta vez de la Copa CONMEBOL Libertadores, Fideo regresará a ese mismo escenario para tratar de llevar al Canalla hacia cuartos de final del máximo certamen continental.
El partido de ida terminó 0-0 en el Gigante de Arroyito, pero la historia de esta revancha empezó mucho antes. Empezó, en realidad, aquella tarde de 2014 en la que el estadio paulista quedó asociado para siempre a uno de los momentos más recordados del largo camino de Di María.
“De Messi para Di María, de Di María al gol”
Aquel partido contra Suiza parecía encaminado a los penales. Argentina había tenido dificultades para quebrar a un equipo ordenado y compacto. Los minutos del alargue se consumían sin que apareciera el gol. La celeste y blanca había generado situaciones, pero el arquero Benaglio era una muralla. El tiempo empezaba a convertirse en el principal enemigo argentino.
Hasta que apareció Di María
“Di María, sin embargo, estaba ahí. No lo parecía, pero estaba ahí”, escribió Globo Esporte, de Brasil, en su crónica de aquella tarde. El rosarino no había tenido un buen partido, pero permaneció en el lugar en el cual Argentina necesitaba que estuviera.
Rodrigo Palacio recuperó la pelota y Lionel Messi encontró un espacio. “La Pulga” avanzó y soltó la pelota para Di María que corría por derecha.
Sin frenarla, el rosarino definió cruzado, de rastrón, junto al palo derecho. “De Messi para Di María. De Di María al gol”, escribió Globo Esporte. En ese juego de palabras quedaron condensados el pase del capitán, la aparición de Fideo y la definición que terminó con la angustia.
Reuters tituló su crónica con un juego de palabras: “El ángel de la guarda de Argentina rompe los corazones suizos”. Aquel zurdazo fue mucho más que un gol en un partido de octavos.
Fue uno de los primeros grandes capítulos de Di María en la Selección y quedó unido para siempre a ese estadio de San Pablo.
El mismo estadio, otra vida
Doce años es mucho tiempo en el fútbol, y más cuando se trata de la carrera de un futbolista como Di María.
Luego de aquella tarde vendrían otros clubes, otros títulos, otras finales y también algunos golpes. Real Madrid, Manchester United, Paris Saint-Germain, Juventus y Benfica forman parte de una trayectoria que se fue haciendo cada vez más extensa.
Mientras tanto, con su amada Selección se encadenaron las finales perdidas y las frustraciones. Hasta que llegó el día. Finalmente, derribaron la pared.
La Copa América 2021, la Finalissima y el Mundial Qatar 2022 terminaron de transformar la narrativa de Fideo y de la Selección. La Scaloneta se hizo inmensa.
Brasil, un lugar especial para Fideo
La historia de Di María en Brasil tampoco terminó en el cruce contra Suiza. Siete años después volvió a jugar un partido decisivo en ese país y volvió a ser protagonista.
Fue en el Maracaná, el 10 de julio de 2021, en la final de la Copa América, contra el mismísimo Brasil. Aquella noche recibió un pase largo, aprovechó la salida de Ederson y definió por encima del arquero brasileño. La picó por encima. Una delicia. Una fantasía. Un gol antológico.
Fue el 1-0 que le dio a Argentina la Copa América y terminó con una espera de 28 años sin títulos. Ese tanto tuvo un significado diferente al de 2014, pero comparte con aquel una característica esencial: Di María apareció en un escenario brasileño, en un partido de máxima importancia y cuando Argentina necesitaba una diferencia para cambiar la historia.
Corinthians primero. El Maracaná después. Dos estadios brasileños que quedaron asociados a dos de los goles más importantes de su carrera con la Selección.
Cuando Di María vuelva a San Pablo, también regresará a uno de los países en los que el corazón se le salió del pecho y se transformó en una seña imborrable entre sus dos manos.
“Itaquerão”, “Fielzão”, “Neo Química Arena”: llamalo como quieras
Cuando Angelito regrese al estadio de Corinthians volverá a una cancha que nació prácticamente al mismo tiempo que aquella historia de sus manos unidas en un corazón.
El estadio fue construido en Itaquera, en la zona este de San Pablo, como parte de un proyecto que inicialmente contemplaba una capacidad de 48.000 espectadores, pero que terminó adquiriendo una dimensión mucho mayor cuando Brasil fue elegido como sede del Mundial de 2014.
El Morumbí, en el que juega el San Pablo, otro club gigante en el continente, aparecía originalmente como la gran sede paulista para la Copa del Mundo, pero quedó fuera de los planes al no cumplir las exigencias de FIFA.
El entonces nuevo estadio de Corinthians apareció como alternativa y terminó siendo elegido nada menos que para recibir el partido inaugural entre Brasil y Croacia. Se inauguró, de hecho, poco antes de aquel estreno.
Los brasileños encontraron rápidamente sus propias maneras de bautizar el estadio. En los medios aparecieron “Itaquerão”, por el barrio de Itaquera, y “Fielzão”, en referencia a la torcida de Corinthians, conocida como Fiel.
Después del Mundial sería simplemente Arena Corinthians para buena parte del público. En 2020, después de una larguísima negociación, adoptó oficialmente el nombre de “Neo Química Arena” por un acuerdo de naming rights.
El escenario paulista recibió seis partidos del Mundial 2014 y, entre ellos, concentró una parte importante de la historia de aquella Selección Argentina: ocho días después del gol de Angelito, el 9 de julio de 2014, el equipo de Sabella volvió a jugar allí, esta vez contra Países Bajos, en semifinales.
Fue una noche histórica, que terminó con los penales que abrieron paso a la final mundialista y además estableció el récord de asistencia del estadio: 63.267 espectadores.
El Di María que llega a San Pablo con Rosario Central
Fideo no volverá a Corinthians únicamente cargado de recuerdos. También llega con presente, con protagonismo y con goles en esta Copa Libertadores.
Desde que regresó a Rosario Central, el delantero se convirtió en una de las piezas fundamentales del equipo que consiguió más puntos en la temporada pasada en la Primera División de AFA y también dejó su marca en la fase de grupos de la presente edición de la CONMEBOL Libertadores.
Sus dos goles en esa instancia continental llegaron contra la Universidad Central de Venezuela. El 28 de abril, en Caracas, marcó de penal el segundo tanto del triunfo 3-0 de Central. El partido estaba 1-0 y el rosarino apareció desde los once pasos para ampliar la ventaja y encaminar la victoria.
El 19 de mayo, en el Gigante de Arroyito, volvió a aparecer en la goleada 4-0. Esta vez aprovechó un contraataque y definió de zurda para señalar el 3-0 y comenzar a darle paso a una goleada que alimentó la ilusión de la hinchada rosarina.
A la edad en que muchos ya colgaron los botines, él sigue encontrando diferentes caminos para ser decisivo.
“Merecimos mucho más”
La primera parte de esta nueva historia contra Corinthians terminó en Rosario. Fue 0-0, un resultado que dejó abierta la eliminatoria y que no reflejó, según la mirada de Di María, todo lo que había hecho Central durante los 90 minutos.
“Merecimos mucho más de lo que nos terminamos llevando”, afirmó. “Creo que en los 90 fuimos superiores, creamos un montón de situaciones, pero el fútbol es así. Terminamos 0 a 0 y se definirá allá”, añadió.
Allá es San Pablo. Allá es Corinthians. Y allá está también el estadio en el que Di María ya sabe lo que significa resolver un partido de octavos de final. En 2014 necesitó 118 minutos. Ahora tendrá otros 90 para intentar ayudar a Central a encontrar el camino hacia los cuartos de final.
En 2014 eran tiempos de una canción que resonaba a cada instante. “Brasil, decime qué se siente…”. Ahora habrá camisetas auriazules y una hinchada que viajará desde Rosario para acompañar a Central en una de las noches más importantes de su participación en la Libertadores.
Y en el centro de esa escena, un hombre que siente la confianza de haber generado más que Corinthians en el partido de ida y que tiene la certeza de que un gol en San Pablo puede ser el punto de quiebre.
Una misma ilusión en una idéntica instancia
El 1 de julio de 2014, Di María tenía 26 años y anotó el primero de sus tres goles en Mundiales (¿cómo olvidarse del último, el 2-0 contra Francia, en la final de Qatar 2022?).
El 20 de agosto de 2026 tendrá 38, se calzará la pilcha de Rosario Central y habrá una voz interna diciéndole que necesita volver a ser decisivo, ya sea con un gol propio o con alguna de esas acciones que tantas veces terminaron en festejo de un compañero.
La camiseta cambió, el torneo cambió, el rival cambió. Y la carrera de Di María cambió. En el medio, ganó todo lo que podía ganar con la Selección, atravesó los mejores clubes de Europa, regresó al fútbol argentino y volvió a ponerse la camiseta de Central. Porque el amor es más fuerte.
Pero el estadio, ese estadio de San Pablo, permanece.
Después de aquella tarde en la que Messi encontró a Di María y Di María encontró el gol, Fideo volverá a pisar ese césped.
La primera vez en ese estadio de tantos nombres fue en la tarde en la que se retiró de allí convertido en el ángel de la guarda. Ahora quiere volver a salir clasificado a cuartos de final, esta vez en la Libertadores.
El escenario será idéntico. La camiseta será otra. Ángel Di María, escritor de historias inolvidables, volverá al mismo sitio en el cual una vez sus piernas flacas desenredaron el resultado y la angustia. La tarde en que sus manos quedaron convertidas en un corazón. El suyo, claro. Y el de todo un país, que aún recuerda ese grito alocado.
