El técnico español reconoció que a Alajuelense todavía le falta profundidad, presión y contundencia, mientras busca acelerar un proceso que ya empezó a generar cuestionamientos
En Alajuelense los resultados han llegado a medias.
El funcionamiento, todavía no.
Ismael Rescalvo apenas suma tres partidos al frente del conjunto rojinegro, pero ya entiende que el margen de paciencia es corto en un club donde ganar no siempre basta. Después de perder la Supercopa ante Herediano, empatar con Sporting en el inicio del Apertura y conseguir un ajustado triunfo sobre Xelajú en la Copa Centroamericana, el entrenador español reconoce que la Liga aún está lejos de la versión que pretende.
Y el tiempo corre.
Aunque Alajuelense inició con victoria la defensa de su tricampeonato centroamericano gracias al gol de Ronaldo Cisneros, el rendimiento dejó interrogantes.
Durante el primer tiempo frente a Xelajú, la Liga no realizó un solo remate a marco, una situación que el propio Rescalvo admitió como una de las principales preocupaciones.
"Si no tienes la pelota en campo contrario es muy difícil finalizar jugadas. Cuando la teníamos, nos faltaba profundidad y poder conectarnos entre líneas", explicó el estratega.
Fue un diagnóstico que coincide con las críticas que han surgido alrededor del equipo en este arranque de temporada.
Para Rescalvo, el problema no termina en la generación de juego.
El español considera que cuando su equipo logra llegar al área rival también debe tomar mejores decisiones.
"Buscamos tirar a gol desde lejos cuando pudimos acercarnos más al área", señaló.
Además, aseguró que otro aspecto por mejorar será la presión tras pérdida para evitar que los rivales encuentren espacios y tiempo para construir sus ataques.
No todo son preocupaciones para el técnico rojinegro.
Rescalvo destacó el comportamiento defensivo que ha mostrado el equipo en este inicio de semestre, así como la respuesta que ha encontrado en los futbolistas que ingresan desde el banquillo.
Sin embargo, sabe que en Alajuelense el análisis no se limita al marcador.
La exigencia también pasa por convencer desde el juego.
