Kenay Myrie lucha por jugar y sueña con Champions: "Hay días de días"

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Una asistencia le devolvió confianza en Copenhague, donde disfruta su nueva vida y mantiene el anhelo de ir ganando titular

A Kenay Myrie ya le contaron cómo se vive una noche de Champions en Copenhague. Habla con sus compañeros, escucha las historias del estadio lleno y de una ciudad que se mueve alrededor del partido, y se imagina jugando allí.

Es uno de los sueños que llevó consigo a Dinamarca. Mientras busca más oportunidades, lo mantiene cerca.

“Son cosas que yo anhelo y aspiro poder llegar a jugar”, contó en entrevista exclusiva con ESPN.

Myrie habla de Europa con entusiasmo. Le gusta la ciudad, tiene amigos ticos y latinos, disfruta estar en el club y se siente acompañado en el vestuario. Después de entrenar, también hay espacio para salir, conocer y tomar un café.

La adaptación fuera de la cancha, dice, ha sido “espectacular”.

“Me encanta estar en el club, me encanta estar con mis compañeros”, expresó.

Dentro del campo, el camino ha exigido más paciencia. El lateral registra tres partidos oficiales y 215 minutos con el primer equipo del Copenhague. Una cifra pequeña para las ganas que tiene de demostrar lo que está aprendiendo.

El 15 de septiembre pudo hacerlo: fue titular, disputó los 90 minutos y puso una asistencia en el triunfo 3-0 ante Skovshoved por la Copa de Dinamarca. Fue su primera aparición oficial de esta campaña.

Ya había jugado la temporada anterior: 80 minutos ante Odense, el 15 de marzo, y 45 contra Fredericia, el 22 de marzo. Por eso, aquella noche de Copa significó volver a competir después de meses con pocas oportunidades.

La asistencia tuvo dos toques y mucho trabajo detrás. Myrie cuenta que era un movimiento que había repetido en los entrenamientos y que sabía dónde colocar la pelota para que llegara su compañero.

“La asistencia siento que fue un movimiento que ya tengo muy automatizado y que trabajaba mucho acá”, explicó. “De una vez sabía que tirando la bola donde la tiro, mi compañero tiene que llegar”.

Después llegaron las felicitaciones. En el vestuario le dicen Kenny y sus compañeros daneses le reconocieron el partido. Él se quedó con la satisfacción de haber llevado a la cancha algo que tenía preparado.

“Me sentí muy feliz porque llevaba un montón sin jugar”, expresó.

La actuación también le ayudó a recuperar confianza. Hasta llegar allí hubo semanas buenas de entrenamiento que terminaron sin minutos, e incluso sin convocatoria.

“Hay días de días”, reconoció.

“Hay días que por ahí vengo de una semana donde siento que entrené muy bien y tal vez no me toque estar ni en lista o me pasan cosas que uno a veces no entiende”.

Al explicar sus pocos minutos, considera que el entrenador puede inclinarse por futbolistas experimentados. Lo plantea como una posibilidad y asegura que mantiene una buena relación con el cuerpo técnico.

“Ser suplente por ahí es difícil también”, admitió.

Cuando el Copenhague lo contrató desde Saprissa en enero, el club ya anticipaba un período de adaptación al estilo de juego y a la cultura. La apuesta por Myrie incluía un desarrollo a largo plazo.

Cristian Gamboa también le habló de lo que podía encontrar. Le aconsejó ser resiliente y se ofreció a ayudarlo con lo que necesitara.

“Ese fue el consejo que me dijo, que fuera resiliente”, recordó.

Cristian Bolaños apareció incluso antes del viaje. Myrie le contó que existía la posibilidad de ir al Copenhague y recibió una respuesta que lo animó a dar el paso.

“Él fue el que me dijo que no lo dudara, que me viniese”, relató.

Ya en Dinamarca, comprobó el recuerdo que dejó su compatriota: “Aquí todo el mundo lo ve a Bola como una leyenda”.

Ahora le toca construir su propia historia. Mejoró el inglés para relacionarse con todo el plantel, encontró compañía en el grupo latino y organizó sus días alrededor del club. Cuenta que llega cerca de las 9:10 de la mañana, aunque entrenan a las 11, desayuna allí y agrega una segunda sesión por iniciativa propia.

El frío sí le cambió una respuesta que antes daba con facilidad. Decía que lo prefería al calor, hasta que conoció el verdadero frío. Recuerda haber pasado de Puerto Viejo a temperaturas de hasta menos 16 grados y haber entrenado con tres pares de medias.

También aprendió a convivir con los días grises y con la distancia de su familia. Sus personas cercanas y su fe lo ayudan cuando necesita desahogarse.

“Yo sé que en algún momento mi momento va a llegar”, aseguró.

Se siente más fuerte, más rápido y con mejores decisiones dentro del campo. Incluso cree que está en mejor estado de forma que cuando salió de Saprissa. Esa sensación, junto con la vida que disfruta en Copenhague, lo ayuda a seguir.

“Me he convertido tal vez en un resiliente de primera clase”, finalizó a ESPN.