BARCELONA -- Al Barcelona de los records, los penales le suponen un dolor de cabeza. Increíble pero cierto, la considerada mejor delantera del mundo, la intratable MSN, se encalla desde los once metros y ya ha sido capaz de fallar la mitad de los lanzados esta temporada.
Nada hace suponer que este miércoles el Arsenal fuera capaz de provocar una tanda de penales que el equipo azulgrana no disputa desde 1998, pero mirando más allá existe la sensación que algún día ese penalti que ahora mismo carece de trascendencia pueda tenerla. O que exista una tanda decisiva. Y entonces, seguro, existirán unos nervios que hoy se apartan del plano.
En las tertulias, en las entrevistas, en las ruedas de prensa… En todos los ámbitos se toma con tranquilidad el asunto, por más que Messi ya sea el lanzador con más errores del club. Pero en el fondo, y entre los hinchas con ese ADN sufridor inherente al Barça, existe un miedo invisible. Es todo tan excelso, tan "maravilloso" como diría Luis Enrique, que provoca un miedo invisible pensar en un penal decisivo. Y en lo que pudiera ocurrir.
Hasta el momento, el Barça ha ganado, habitualmente de forma contundente, todos los partidos en que ha fallado un penalti.
Ya son diez partidos en que esos errores no han costado un disgusto pero es inevitable que al imaginario barcelonista acuda un temor mudo ante "lo que pudiera pasar" en una tanda definitiva. O en un partido a cara o cruz. No hay que ir muy atrás en el tiempo para refrescar un lanzamiento al travesaño de Messi contra la portería de Cech, en una semifinal de Champions de 2012 que acabó por significar la eliminación del Barçelona.
Era, por aquellos años, y antes o después, la excepción que confirmaba la regla. Porque el penalti, siempre, debiera ser medio gol..."Cuando sea necesario se marcarán", apuntó Ronald Koeman, hoy entrenador del Southampton y considerado el último gran especialista del Barcelona.
"Si hay una tanda, no fallarán", proclamó el holandés, que convirtió 46 de los 52 penalties que lanzó de azulgrana entre 1989 y 1995 y para quien lo principal es "tener la cabeza fría".
"En una final, con tanta tensión, no creo que fallen", añadió Koeman en una conversación con la Cadena Ser en la que cerró las preocupaciones de una forma simple:
"Lo preocupante sería que no se creasen ocasiones de gol porque entonces un penalti sí podría ser determinante...pero este Barcelona crea muchas ocasiones y marca muchos goles".
Sin embargo, una tanda decisiva, la diferencia estrecha, mínima, entre el éxito y el fracaso, no es plato de buen gusto para el Barça. Y eso que lleva ya 17 años sin definir nada en ese cara o cruz...Que fue cara.
Fue un 29 de abril de 1998, en la final de la Copa del Rey ante el Mallorca y que tras acabar la prórroga con empate a uno se determinó desde los 12 pasos. La venció el Barcelona de Van Gaal por 5-4 después de que Rivaldo, Celades y Figo fallasen sus lanzamientos y decidiera Reiziger gracias a la mágica actuación de Ruud Hesp en la portería.
De hecho, las tandas nunca le fueron mal, históricamente a un Barça en cuyos libros permanecen noches épicas ante el Anderlecht, AZ, Ipswich Town o Göteborg....pero ese aficionado veterano no puede aparcar el RECUERDO, en mayúsculas terribles, que significó la final de la Copa de Europa de 1986, en Sevilla y frente al Steaua de Bucarest.
Aquel 7 de mayo el Barcelona falló sus cuatro lanzamientos de la tanda más desafortunada que se recuerda en la historia del torneo para perder una final que se le daba por ganada antes de jugarse. Y que provocó una depresión que se arrastró en el club hasta que la ahuyentó Johan Cruyff. Hoy, alrededor del Barça se mantiene una frialdad y confianza absolutas. “Me preocupa cero” proclama Luis Enrique, para quien lo trascendente es que se sigan creando ocasiones de gol y que el fútbol siga colocando al Barcelona en lo más alto.
Pero....¿Y si...?
