BARCELONA -- Cuando este sábado Barcelona comience a desperezarse con vistas al Clásico, en el otro lado del mundo, en Sydney, el Adelaide United jugará un partido clave, penúltima jornada de la Liga australiana, para pelear por el título. Al cabo de unas horas, a mediodía, el Bayern, destacado líder en Alemania, recibirá al Eintracht...
Un día después, el domingo, el Southampton visitará al sorprendente líder de la Premier League inglesa, el Leicester y en Chipre el AEK Larnaca jugará ante el Omonia de Nicosia en la Liga local.
También el domingo la Real Sociedad visitará al Sevilla y el Athletic de Bilbao recibirá al Granada, antes de que la jornada de la Liga española se cierre el lunes con el Sporting de Gijón visitando al Levante.
Y también el domingo la Liga de Austria cerrará la jornada con el Red Bull Salzburg, líder, visitando al Rapid Viena.
¿Qué tiene eso que ver con el Clásico? Nada directamente pero mucho más sentimentalmente. Guillermo Amor, Pep Guardiola, Ronald Koeman, Thomas Christiansen, Eusebio Sacristán, Ernesto Valverde, Abelardo Fernández y Óscar García son todos ellos entrenadores. Y son todos ellos los que a las órdenes de Johan Cruyff se dieron un día a conocer como futbolistas del Barcelona.
El Camp Nou rendirá este sábado un sentido homenaje al mito holandés, al que se recordará con un gran mosaico, al que se dedicará el minuto 14... Y cuyo mejor homenaje, se conviene, sería, será, "mantener el legado futbolístico que regaló al Barcelona".
Todos ellos, de la misma forma que su propio Jordi, Zubizarreta, Milla, Lopetegui, Ferrer, Sergi, Laudrup, Carreras, Bakero, Goikoetxea, Begiristain, Busquets, Roger, Celades, Stoichkov, Julio Salinas, Moreno, De la Peña, Velamazán, Pinilla o Quique Álvarez son los hijos de Cruyff, los encargados de, desde banquillos, direcciones deportivas o puestos de comentaristas, mantener en el plano las enseñanzas que un día descubrieron en el desaparecido campo de La Masía, al lado justo del Camp Nou.
"El mejor homenaje que le podríamos dedicar a Cruyff es ganar el partido y hacerlo jugando bien", convino Luis Enrique al respecto y apartándose del plano en lo posible cuando se le habló de su fichaje por el Barcelona en 1996. "Uff, aquello es la prehistoria. No sé si él influyó o no en mi llegada al Barça... Pero no tuve la oportunidad de trabajar con él".
Sin embargo, el entrenador asturiano se alinea sin dudarlo con el mismo pensamiento. "Es la idea del 4-3-3 de Holanda, que está en el club desde hace muchos años, que puso antes Michels, que Cruyff perfeccionó y llevó después Pep... y que ha quedado en el Barcelona".
Luis Enrique no pudo entrenar a las órdenes de Johan pero a través de su discurso dio a entender este viernes que forma parte de esa gran familia futbolística. Sin ser un 'hijo de Cruyff' ha tomado lo mejor que ha podido de esas enseñanzas.
"El perfil va unido a la idea. No es tan importante el físico como la calidad, como la búsqueda de la calidad individual a través del dominio del balón, tener tú el balón para que no lo tenga el rival y buscar el espectáculo", expresó Luis Enrique, a través de un mensaje que, sin duda, habría calado en el mismísimo Johan.
La filosofía del rondo que descubrió el Barça bajo el mando de Johan y que se ha convertido en dogma indiscutible e innegociable, el futbol de combinación y esa personalidad intransferible que alrededor del estadio azulgrana se hizo presente.
Cuando este sábado el barcelonismo tome la palabra, quizá incluso en nombre del futbol mundial, para homenajear y recordar a Johan Cruyff, el alma del mito holandés sobrevolará el estadio y se desplazará por todos los campos del club, allá donde juega toda la cantera con el objetivo, claro, de mantener todo aquello que mostró.
"A lo largo de muchos años han pasado no pocos entrenadores, todos con esa idea, con matices, y ese es uno de los grandes bienes que tiene este club", proclamó Luis Enrique, quien dejó claro que esa es una personalidad imposibole traspasar: "No se puede implantar en otros clubes y es importante mantenerse fieles a la idea".
Son palabras, son hechos, que habría firmado Johan Cruyff sin pestañear. Lo que el holandés volador, Dios en el idioma del Barcelona, ha logrado implantar como esa idea que apenas nadie osa discutir.
Y que sus hijos deportivos, desde Zaragoza y hasta Australia, Inglaterra, Austria, Chipre o Japón han ido mostrando.
