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La temporada perfecta del Barcelona de Guardiola en 2009

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Con un gol de Messi, en 2009 Barcelona completó su primer triplete con la Champions (1:21)

El equipo de Guardiola se impuso por 2-0 en la final europea al Manchester United (1:21)

BARCELONA -- En el deporte profesional “ganar títulos es la excepción. Solo puede ganar uno y son muchos los que lo intentan”.

La reflexión, de Pep Guardiola durante su etapa al frente del Barcelona, trataba de poner en perspectiva una proclamación que hizo un 27 de mayo de 2009. Aquel día, en Roma, el Barça conquistó la Champions League y cerró la temporada perfecta: ganó los tres títulos en disputa por primera vez en la historia de un club español.

“Lo que hemos logrado es muy grande y difícilmente lo volveremos a ver”, avisó el entrenador catalán, en plena euforia de un barcelonismo borracho de felicidad.

Volvió a suceder, sí, al cabo de seis años y con Luis Enrique en el banquillo en la que ha sido la última gran campaña de un club que, sin embargo, aquel 2009 alcanzó la categoría de legendario puesto que en los meses que siguieron continuó ganando: la Supercopa de Europa, la Supercopa de España y el Mundial de clubs para convertirlo en el año de las luces. Lo nunca visto...

Guardiola abandonó el Barça al cabo de tres años, en mayo de 2012, agotado y “vacío” en sus propias palabras de despedida pero dejando un legado que yendo más allá de los 14 trofeos que conquistó y de un fútbol que se convirtió en el espejo de todo el mundo, guardó para los libros lo vivido en sus primeros diez meses al frente del equipo. Había sucedido a Rijkaard con el objetivo de recuperar el pulso tras dos temporadas de derrumbe… Y acabó superando unas expectativas que ni el más optimista se habría atrevido a vaticinar. No es extraño que al cabo de los años el nombre del hoy entrenador del Manchester City se mantenga en el escenario, intentando ser seducido para un regreso que se entiende quimérico, sospechándose que lo vivido entre 2008 y 2012 no tiene parangón. Más aún, especificando, que aspirar a repetir una temporada como aquella 2008-09 sería una auténtica misión imposible.

Desde Víctor Valdés y hasta Eto’o, pasando por Puyol, Piqué, Márquez, Xavi, Iniesta, Touré, Alves... Los catapultados Busquets y Pedro y, claro, Leo Messi al frente en su inaugurado papel de líder total (“desde el primer día ha vivido para hacer algo grande”, le dedicó Guardiola tras el triunfo en Roma), el Barça fue una máquina futbolística que con el paso de las semanas se fue engrasando hasta alcanzar la excelencia.

Poco se ha escrito con el transcurrir de los años de las dificultades con que comenzó aquel camino. Cuando el 13 de septiembre de 2008 el Barça empató (1-1) en el Camp Nou frente al Racing de Santander, como continuación a la derrota inaugural de la Liga en Soria (1-0) ante el Numancia, la crítica periodística y social fue enorme y la presión absoluta.

Guardiola, conocedor del entorno azulgrana, mantuvo tanto la serenidad en el discurso como la apuesta en el terreno de juego y convencido de estar en el buen camino, acompañado de un grupo de jugadores que no tardaron en rendirse a su filosofía y atrevimiento, le dio la vuelta a la situación de forma inmediata y a partir de ahí enlazó once victorias consecutivas que despertaron al barcelonismo y convirtieron a aquellos críticos, muchos de los cuales al acabar el curso brindaron el éxito escondiendo en el último cajón del olvido las críticas despiadadas que le habían dedicado al entrenador diez meses antes.

Roma, la Champions de 2009, fue el colofón perfecto de la temporada ideal. La primera en la que Messi superaba los 30 goles (alcanzó 38), la del inolvidable 2-6 en el Clásico del Bernabéu, la del milagro de Stamford Bridge que demostraba que la épica siempre va ligada a los títulos en azulgrana, la del crecimiento de un Piqué fichado como proyecto de futuro y que fue presente inmediato, la del descubrimiento de Busquets y la consolidación definitiva del binomio Xavi-Iniesta que con el paso del tiempo se han convertido en el mejor ejemplo de los peloteros en azulgrana.

Lo que comenzó en agosto de 2008, en la fase previa continental ante el Wisla de Cracovia, acabó en un mes de mayo supersónico para la eternidad del club: el 2-6 que sentenció la Liga en el Bernabéu, el 4-1 sobre el Athletic de Bilbao en la final de Copa y ese 2-0 al Manchester United en la final de la Champions que convirtió al Barça en eterno. “Somos muy buenos… Pero si ganamos seremos eternos” dijo Guardiola. Lo fueron. Lo son.