Y todo para qué
Si tú al final de cuentas
Habrías de darle a mi alma
La peor de las derrotas (Canción de Alberto Beltrán)
Fue hace cuatro años, aquel siete a cero caló profundo en las entrañas del aficionado mexicano al futbol; el 18 de junio de 2016 quedó registrado como el día de la peor de las derrotas para la Selección Mexicana en un torneo oficial, la Copa América del Centenario.
¡Pero hubo algunas otras muy dolorosas y abrumadoras! Eso dirán muchos, como aquella del Mundial del 78 ante Alemania de 6-0, o una goleada ante España en 1928, o tal vez el 8-0 ante Inglaterra en un amistoso en 1961, o las de los recientes mundiales, pero no han sido goleadas. No… ninguna como la de Santa Clara, California.
El rompope fue adoptado en México durante el Siglo XVI, lo hacían las madres Clarisas para beneplácito de los comensales de alcurnia que acudían a los conventos.
Yemas de huevo, muchas yemas, además de canela, leche y fécula de maíz son los ingredientes para preparar el rompope que, siglos después, nos fuimos a beber en Santa Clara aquel 18 de junio, Chile nos metió siete en noventa minutos y nos embriagó de tristeza, dolor y pena.
Lo que preparaban con yemas de huevo aquellas monjas, hermanas pobres de la orden de Santa Clara, nos lo recetaron los chilenos uno tras otro, sin dar opción al respiro, una bebida que Puebla hizo famosa; no, no fue pisco sour, ese que los andinos pelean su autoría, ese se hace solo con clara de huevo, en este se necesitan yemas, como siete.
Nos hospedamos en un hotel apenas a unos metros del Levi´s Stadium, ese día caminamos unos minutos llenos de esperanza en obtener la victoria, como sea, acabábamos de empatar 3-3 en 2015 en Santiago y unos cuantos días antes, el 1 de junio, les habíamos ganado 1-0 en San Diego. Ese ánimo cayó muy rápido, Francisco Javier González narró el primer tiempo y a un servidor le tocó el gran banquete, con todo y bebidas espitiruosas, al 49´ entró el 3-0 y desde allí mi garganta y mi corazón tuvieron que ordenarle a mis cuerdas vocales que no cantaran goles, era muy doloroso, cinco en el segundo tiempo.
Salimos del estadio, regresamos al hotel y no salí de mi cuarto hasta el día siguiente en la tarde, no lo podía creer. Y me consta que varios de los jugadores que estaban en la cancha, les pasó lo mismo. Nuestro técnico se desapareció y luego argumentó haberse ido a meditar y a platicar de fútbol con algunos técnicos para saber qué había sucedido. Al paso del tiempo hemos corroborado hasta el cansancio qué sucedió, lo vivimos también un año después en ese juego ante Alemania en Confederaciones y en aquel partido contra Suecia en Rusia 2018.
¿O puedes argumentarme algún otro momento más embarazoso en nuestra historia futbolística? Un rompope de Santa Clara hecho con siete huevos.
Mil veces te advertí
Mi miedo al sufrimiento
Y tú cobardemente
Me heriste hasta morir.
