La Copa del Mundo siempre pertenecerá a los máximos astros del deporte, como Pelé, Lionel Messi y Cristiano Ronaldo, pero es un torneo que también convierte en reyes a los futbolistas menos pensados, agregándolos a la inmortalidad del fútbol después de un glorioso verano. James Horncastle elige a algunos de los mejores héroes de culto definidos por sus proezas en la Copa del Mundo.
Obdulio Varela, Copa del Mundo 1950
En 1948, el capitán de Uruguay, Obdulio Varela, encabezó una huelga reclamando más derechos para los futbolistas del país. Duró más de un año. Se hicieron intentos para persuadir a Varela de ponerle fin a la huelga. La gente en poder intentó de todo para tentarlo. Se le ofreció una cocina a gas como recompensa. Pero Varela se rehusó. Dos años más tarde, capitaneó a Uruguay a la gloria en el Maracanazo.
La leyenda cuenta que hizo orinar a todo el equipo sobre ejemplares del periódico O Mundo, luego de que este declarara prematuramente a Brasil como campeón del mundo. Varela no demostró temor frente a un público que se calculó en 200,000 espectadores. "Muchachos, bien podrían estar hechos de madera", dijo. "Vamos a comenzar el espectáculo". En lugar de quedarse a celebrar con sus compañeros en el hotel de Copacabana, Varela salió a la calle con el masajista del equipo. Al ser reconocido cuando paseaba por las calles de Río, consoló a los brasileños que lloraban. La victoria terminó valiendo el doble para Varela. Uruguay fue campeón mundial y los derechos que él reclamaba también fueron otorgados.
Bebeto, Copa del Mundo 1994
Ya que estamos en el tema de las celebraciones de gol en la Copa del Mundo, sería injusto no mencionar al goleador brasileño Bebeto. Después de superar la trampa del offside y eludir a Ed de Goey en la meta de Holanda, instantáneamente comenzó a acunar sus brazos como si sostuviera a un bebé. Sus compañeros de equipo, Romario y Mazinho corrieron a unírsele, sonriendo mientras sincronizaban sus movimientos.
Dos días antes, Bebeto había sido padre. Actualmente, ese bebé ha crecido y juega al fútbol como profesional. El año pasado, Mattheus Oliveira, ahora de 23 años de edad, viajó a Europa para incorporarse al Sporting, y esta temporada la pasó corriendo por el medio campo en préstamo al Vitoria Guimaraes.
Sin embargo, del trío que celebraba en Dallas, es justo decir que la descendencia de Mazinho fue la que tuvo una carrera profesional más ilustre. Rafinha está en el Inter y no pudo seguir las huellas de su padre. Media temporada de buen fútbol en San Siro no fue suficiente para persuadir a Brasil de incluirlo en el equipo de la Copa del Mundo, pero Thiago estará en Rusia, moviendo los hilos para España.
Roger Milla, Copa del Mundo 1990
Roger Milla estaba en la isla de Reunión cuando recibió la llamada. Se había retirado del deporte y estaba de vacaciones. La forma más competitiva de fútbol que había estado practicando era en la playa, con sus amigos, pero la persona en el otro extremo de la línea no era cualquiera. Era el presidente de Camerún, Paul Biya.
"Tienes que volver" dijo Biya. Al principio, Milla no estaba seguro. "No conozco al presidente... ¿Qué dice el director técnico? Biya no podía creerlo. "El director técnico... ¡El director técnico trabaja para mi!" le dijo.
Milla tenía 38 años en ese momento, pero la edad no es nada más que un número. Cualquier momento es "el momento de Milla". En lugar de interrumpir sus vacaciones, Italia 90 le pareció como una prolongación de las mismas. Parecía tan divertido. Pisar el campo de juego en Bari y en Nápoles no le pareció diferente a los partidos improvisados que jugaba en la playa del Océano Indico. El astuto y veterano goleador seguía levantándose del banco, marcando notables goles – siempre con algo de picardía – y bailando frente a las banderas de las esquinas. Él hizo creer a Pelé que un equipo africano podría ganar la Copa del Mundo un día cercano.
Milla quebró el récord que había establecido en 1990 como el goleador de más edad del torneo cuando volvió y encontró la red nuevamente a la edad de 42 años, en 1994. Y no hubiera sido raro que buscara destacarse nuevamente este verano; pero es sencillamente un pecado que Camerún no se haya clasificado.
Toto Schillaci, Copa del Mundo 1990
Un año antes de Italia 90, Salvatore "Toto" Schillaci todavía estaba jugando al fútbol en la segunda división. Era el máximo goleador de la Serie B con Messina e impresionó tanto al Juventus que lo contrataron. Pero nadie imaginaba que jugaría como titular y mucho menos, que causaría un impacto inolvidable en la Copa del Mundo.
Schillaci bromea al afirmar que él fue el último jugador que Azeglio Vicini convocó para integrar el equipo y que la competición era tan encarnizada que hubiera sido un milagro llegar a ser suplente. Gianluca Vialli, Roberto Mancini y Andrea Carnevale estaban delante de él en orden de preferencias. Pero cuando él jugó y anotó el gol del triunfo en el partido inicial de Italia contra Austria, las Noches Mágicas realmente comenzaron. Era como si Schillaci hubiera sido bendecido por Dios. Todo lo que tocaba lo convertía en gol. \
Veamos el que convirtió contra Argentina en la semifinal. Giuseppe Giannini elevó la pelota por sobre un defensor y la dirigió a Vialli, que lanzó un picante puntapié.. Sergio Goycochea la desvió pero allí estaba Schillaci. La pelota se movía tan rápido que él no tuvo tiempo para pensar qué hacer a continuación, pero está todo bien, porque rebota en su tobillo y entra a la meta. Italia perdió en la ejecución de penales y fue eliminada pero la racha de Schillaci no terminó ahí. Hubo un partido por el tercer lugar contra Inglaterra, que él ganó cuando faltaban cuatro minutos al convertir un penalti. Roberto Baggio gentilmente le permitió patearlo y Schillaci ganó el Botín de Oro.
La carrera de Schillaci nunca había llegado tan alto antes y nunca volvería a hacerlo: la definición de un astro goleador. Extrañamente, 18 años más tarde él tiene más aspecto de futbolista que en aquella época.
