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Diego Hernández, el pibe formado en Peñarol y que hoy disfruta Wanderers: "Yo me inyectaba las mismas hormonas de crecimiento que Messi"

Diego Hernández, actual futbolista de Montevideo Wanderers, contó su historia de esfuerzo y superación luego de ser clave en los dos últimos partidos de su equipo por el Torneo Clausura. El futbolista conversó con el programa ‘Derechos Exclusivos’ y aseguró que tuvo que acudir al mismo tratamiento por el que pasó Lionel Messi para compensar un déficit de la hormona de crecimiento producto de una mala alimentación en su infancia.

El jugador nacido el 22 de junio del 2000 en Montevideo debutó en Primera División el 12 de setiembre del 2020 ingresando a los 73’ del partido entre Wanderers y Plaza Colonia disputado en el Parque Viera por el Apertura. El entrenador Mauricio Larriera ordenó su ingreso por Leonardo Pais.

Para este 2021 la cantidad de minutos oficiales de Hernández ha aumentado con Daniel Carreño como técnico: por la final del Intermedio jugó todo el alargue ante Nacional, en la primera fecha del Clausura entró a los 63’ y marcó el 1 a 1 ante Defensor en la hora, y el miércoles 20 de enero por la jornada 2 jugó la última media hora ante Danubio generando la jugada del primer gol y anotando el definitivo 2 a 0.

“Yo nací en el barrio Villa Española, a una cuadra de donde vivió Obdulio Varela, mi abuelo me contaba que se juntaban y charlaban, ellos eran compañeros acá en el barrio”, comenzó relatando Hernández, cuyo primer equipo de baby fútbol fue el Villa, luego Estudiantes de la Unión, después Fray Bentos y por último Carabelas.

“Estando en Carabelas viene el Loco Dos Santos, amigo de mi padre y me dijo que tenía un amigo en Peñarol y siempre me jodía ‘vamos a ver si andas bien’, y fui con mi padre a probarme en el Cuartel de los Blandengues de General Flores, me acuerdo que llovía un montón ese día; me dieron el ok y estuve haciendo ocho meses en pre séptima”, rememoró quien actualmente lleva la casaca número 24 de Wanderers.

En las juveniles de Peñarol pudo aprender con los entrenadores Martín ‘Tato’ García, el Chueco Perdomo y Alejandro Cappuccio. En particular, Hernández destacó: “El Tato me hizo sentir jugador de nuevo, yo venía de unos años muy duros de infancia y de adolescencia, con problemas de desarrollo, y estaba sin jugar, sin ser tenido en cuenta y él me dio para adelante poniéndose del lado del jugador y en Quinta pudimos ganar el año de punta a punta”.

En el citado programa, García comentó: “Yo trato de ponerme como hermano mayor de los futbolistas, como un amigo, no todos tienen las mismas posibilidades, no todos pasan por la misma infancia, no todos tienen la posibilidad de jugar, hay que ser frontal con el jugador”.

Hernández también debió enfrentar de adolescente inconvenientes que se arrastraban desde su infancia, cuando tuvo déficit nutricional al vivir con su madre que no podía superar sus problemas de adicción.

“Cuando yo tenía ocho o diez años mi abuela fue la que se peleó por la tenencia haciendo trámites y trámites para cambiarme la vida, para tenerme cerca”, comentó el joven que aseguró que su abuela se larga a llorar cada vez que la nombra en alguna entrevista radial.

Pero aunque Diego cambió su contexto y mejoró su día a día, las negativas consecuencias de ciertas carencias en la primera infancia no pudieron contrarrestarse por lo que fue necesario ir por otros caminos:

“La doctora Mendoza en un momento me dijo ‘o es este tratamiento o se te va a complicar en el fútbol’, y acepté. Me tenía que inyectar las mismas hormonas de crecimiento que Messi, eso era lo complicado, en cada pinchazo veía las lágrimas de mi padre y yo le daba para adelante, fue todos los días durante dos años y medio, desde los catorce a los dieciséis años aproximadamente”, narró Hernández.

“Si le debo algo a alguien es a la doctora Mendoza”, enfatizó el futbolista que habiendo solucionado ese problema pasó a enfocarse a desbordar por izquierda, alternando en las juveniles aurinegras con Alejo Cruz, mientras que arriba jugaban Facundo Torres y Nicolás García y por derecha atacaba Brian Rodríguez.

El Tato García aseguró: “Diego tiene unas condiciones tremendas, técnica, zurda, buena lectura, conmigo llegó a jugar de doble cinco, volante por izquierda, mediapunta. Yo siempre traté de decirles que el fútbol no termina en Peñarol, el embudo se hace al revés y cuesta debutar en el Primero de Peñarol”.

Y en diciembre del 2018, Hernández recibió la llamada de Fernando Curutchet, entonces coordinador de las formativas carboneras, que le comunicó al joven que no iba a continuar en el club.

“Estuve tres o cuatro días tirado en mi cama y pensaba que se me caía el mundo”, comentó el futbolista que tras recibir el constante apoyo en su hogar decidió ir a una práctica de aspirantes en Wanderers. Quedó, trabajó en Tercera con el ‘Colo’ Alejandro Curbelo en el 2019 y en el 2020 comenzó a entrenar en el primer equipo.

Hoy disfruta de su presente, donde ya lleva convertidos dos goles en el Torneo Clausura: “Carreño me pide que aporte en la marca por mi lado y después me dice que me suelte, que me divierta que me tiene plena confianza; yo me siento muy cómodo jugando por derecha a pierna cambiada, así puedo recortar para adentro porque me queda el tiro y el pase”, comentó.

El futbolista afirmó que ante tanto cariño que recibe en su casa, en el barrio y cada vez que se cruza con los vecinos en el almacén, él sueña con devolver todo ese apoyo dando lo mejor en cada entrenamiento y en cada partido.

Y agregó: “La familia es muy importante, cuando estás mal, cuando no te citan, cuando jugaste mal, la familia y los amigos que te quieren bien están ahí. Mi viejo es muy futbolero y también estaba como loco, me acompaña todo el tiempo, siempre queriendo lo mejor”.