Shaqiri, un dios suizo

Xherdan Shaqiri se convirtió este miércoles en el primer futbolista suizo que marca tres goles en un Mundial. De pronto las críticas que había recibido en sus dos primeros partidos ante Ecuador y Francia se tornaron elogios y el 'Dios de Suiza' presentó credenciales por todo lo alto.

Al frente de una selección multiétnica, donde comparten vestuario futbolistas de origen balcánico, español, marfileño, italiano, turco o incluso caboberdiano, Shaqiri tiene en Brasil el mejor escaparate para demostrar todo aquello que le condujo a fichar por el Bayern debido a la obstinación de Uli Hoeness, que se enamoró de él al descubrir el descaro con que se enfrentaba a su equipo en las filas del Basilea.

Cuando a tres minutos del final Hitzfeld le premió con su sustitución por Dzemaili se entendió el ascendente que el menudo futbolista tiene en el equipo helvético... El mismo por el que suspiran en Múnich, donde sigue a medio camino de la brillantez que se le supone.

El Bayern le descubrió en septiembre de 2010, cuando con solo 18 años fue capaz de poner en jaque al equipo dirigido por Louis van Gaal en Basilea. A la temporada siguiente, en la ronda de octavos de final volvieron a encontrarse ambos clubs y el poderoso conjunto de Jupp Heynckes cayó en Suiza en una exhibición de Shaqiri que provocó el enamoramiento de Hoeness, quien exigió su fichaje inmediato de cara al siguiente curso.

Atrevido, descarado, excelente regateador, buen lanzador de faltas y con capacidad de liderazgo, el polivalente jugador nacido en Kosovo se incorporó a la plantilla de Heynckes consciente de la enormidad del reto, compartiendo vestuario con los intocables Robben y Ribéry y, también con los Kroos, Müller.

El freno a su crecimiento llegó, sin embargo, con Guardiola. Los fichajes de Thiago Alcántara y Mario Götze provocaron que la competencia fuera ya brutal y en todo ese escenario, la luz de Shaqiri menguó de manera inesperada.

EN CAMINO
"Con él siempre sabes que pasará algo" dijo no hace muchos meses el entrenador catalán, cuyas palabras de elogio son más que la confianza que le ha mostrado en minutos a lo largo de una temporada en la que ha sufrido hasta tres lesiones musculares.

"Es un jugador joven, un regalo para el Bayern y tengo muchísima confianza en él" zanjó Guardiola cuando en mayo crecieron los rumores que apuntaban a su salida del club, cuando se le empezó a relacionar con el Liverpool y el propio Shaqiri insinuó su deseo de cambiar de aires.

"Necesita sentirse importante" terció Hitzfeld dos semanas antes de comenzar el Mundial para explicar lo mucho que esperaba de él en Brasil. Y entre tanto, el propio jugador aparcaba cualquier decisión hasta la finalización del campeonato.

Con el 23 a la espalda e incrustado a la derecha, Shaqiri no destacó en el debut frente a Ecuador, que Suiza resolvió con un gol en tiempo añadido de Seferovic. Peor le fueron las cosas en el segundo partido, cuando Francia aplastó a los helvéticos por 5-2 y recibió no pocas críticas. "Divo presumido" se le llegó a considerar tras un partido desastroso...

Y camino a la nada llegó al partido definitivo, ante una Honduras que se jugaba también sus pocas opciones de clasificación en una tarde que provocó la redención absoluta del pequeño crack.

"Somos la pequeña Suiza, no Brasil. Es inútil que pretendamos jugar a otra cosa que la conocida" se había defendido en la víspera. Y a la hora de la verdad, cuando no había otra salida que la victoria, Shaqiri respondió. A todo el mundo.

Hitzfeld nunca perdió la fe en él y le premió con esa sustitución para que recibiera la ovación de una grada entregada a su magia. La historia le reservará un lugar por ser el jugador que logra el hat-trick número 50 en los Mundiales y, también, por ser el segundo que lo hace en Brasil, después del alemán Müller... compañero suyo en el Bayern.

Guardiola vio en directo, en Porto Alegre, la exhibición de Messi ante Nigeria pero, seguro, tomó buena nota del carácter indomable de este suizo de origen balcánico alque deberá domar en su reencuentro en Múnich para hacerle entender la dificultad que entraña disputarse un lugar entre tantas estrellas.

Antes de todo eso, sin embargo, a Xherdan Shaqiri le queda un nuevo y mayúsculo reto: el próximo martes, en Sao Paulo, los octavos de final cruzarán a Suiza con la Argentina del Dios Leo. No hay duda acerca del favoritismo albiceleste... Pero el despertar del 'Enano mágico' provoca que, de alguna manera, Suiza mantenga un hilo de esperanza y no considere utópico el milagro.