SANTOS, Brasil-- Edson Arantes do Nascimento siempre tuvo su reino. Se extendía más allá de los límites del hombre.
Fue el primer futbolista que derribó fronteras. De todo tipo: físicas, raciales, deportivas, lingüísticas, de credo, de fanatismos.
Pelé se convirtió en una palabra universal cuando la diseminación informativa no competía con el vértigo de redes sociales de hoy. Santos jugaba más amistosos al año que en su liga.
Desde su aparición impactante, en 1958, hasta su encumbramiento final, en 1970, O'Rei fue, ha sido y será venerado porque sus facultades lo colocan como el mejor futbolista de la historia.
No es hablar de sus mil 282 goles certificados. O de su Tricampeonato Mundial (1958, 1962 y 1970), sino porque a esa producción magnífica le agregaba el encanto de la improvisación, del ingenio, de la malicia, de la inspiración.
Las crónicas de Nelson Rodrigues, Mario Filho, Fiori Gigliotti, Joao Saldanha, Armando Nogueira, de Oldemario, y de tantos notables del periodismo brasileño, reseñan las mismas truculencias fascinantes con el balón, en otra velocidad, bajo otro concepto, y bajo otras limitaciones entonces, que las que después se ponderarían de Diego Armando Maradona y Lionel Messi.
Pero hoy, finalmente O'Rei tiene su olimpo. Parece aún insuficiente para cronicar su grandeza. Eran tiempos de progreso ansioso en tecnología, pero no alcanzaba aún en los sesentas la dimensión de la época de Maradona, y menos aún la de Messi, cuando pueden verse hasta una caries, si la tiene, cuando festeja un gol, o hasta desmenuzar la forma en que los músculos isquiotibiales le ayudan a desafiar su bajo centro de gravedad, desde su baja estatura, para consumar amagues que asustan al adversario y sorprenden a sus fervorosos seguidores.
Pero el paseo por el Santuario de O'Rei bien vale los modestos ocho dólares que han llevado en poco más de una semana, a cerca de nueve mil visitantes a este Museo.
Es un recorrido sustancioso: videos, fotografías, reproducciones de diarios de la época, entrevistas con Pelé sobre sus cuatro mundiales, y en mamparas especiales cuentan historias paralelas de sus hazañas, e incluso relatan cuando Joao Saldanha no quería llevarlo al Mundial de 1970 aduciendo que "Pelé está ciego", criticando la miopía del venerado futbolista.
Pelé era tan miope que la noche anterior al partido contra Inglaterra en el Estadio Jalisco, se impactó de frente contra el muro en las Suites Caribe, porque no lo vio y pensó que era el acceso al estacionamiento, manejando un Ford Falcon 1969 propiedad de su amigo y representante Ney Blanco, ex jugador de Santos, de la selección de Brasil, Atlas, América y Toluca.
El paseo por la grandeza de Brasil a través de la grandeza de Pelé, tiene magníficos testigos mudos, pero que cada uno evoca fervorosamente las épicas de esas épocas: los zapatos que usó en los campeonatos mundiales, el sombrero charro que le colocan al ser paseado en hombros en el Estadio Azteca en 1970, así como medallas, trofeos, diplomas, cartas, bufandas, capas y una serie de ornamentos, que llegan a explicar tibiamente, sin embargo, la repercusión del hombre al lado de quien los líderes de las naciones y de las religiones del mundo, querían tomarse una foto.
En el último piso del universo de Pelé, aguarda una estatua de cera de extrema perfección y parecido, al grado que uno evoca la arrogante expresión de Miguel Ángel tras esculpir su obra maestra, el Moisés, tras golpearle el pie izquierdo al coloso y decirle: "Levántate".
En la recepción de este paseo, por supuesto, abundan los souvenirs: libros y videos con la historia del Santos y de Pelé, además de camisetas conmemorativas del Mundial de México 70, otras con el lema 'Museu Pelé', y otras más en color negro con la imagen legendaria, perfecta, de su remate de chilena.
Sin duda el Alcázar de O'Rei está incompleto, pero se irá enriqueciendo. Por ejemplo, para asombro de los administradores, desconocían que O'Rei grabó un disco de acetato con 10 canciones, tocando la guitarra, y en la portada aparece con el instrumento, en la playa y sólo con unos pantalones de mezclilla, que tuvo gran éxito de venta en México.
Y faltaría, en un anexo, un reconocimiento a Garrincha (Alegria do Povo/Alegría del Pueblo), Manoel Francisco Dos Santos, un hombre clave en los mundiales Suecia '58 y Chile '62, y para muchos brasileños superior a Pelé, pero víctima de su adicción suicida al licor brasileño, cachaza.
Pero, el Olimpo abrió ya su sucursal entre los mortales. O'Rei Pelé y sus leyendas tienen una tribuna a la inmortalidad.
