Vencer, pese a todo: Wozniacki y los obstáculos de su singular 2014

Piotr Wozniacki, padre y coach, en funciones Getty Images

CINCINNATI -- Después del derrumbe, Caroline Wozniacki resurge. Aun sin haber abandonado nunca el Top 20 de la WTA, la ex N°1 del mundo venía dando señales de alarma en los últimos meses: fallidos cambios de entrenador (despidió a dos en medio año), un juego signado por la irregularidad, pasos en falso en los torneos grandes y recurrentes problemas físicos. Todo, con el tumulto público que originó su ruptura con el golfista Rory McIlroy, en plena preparación del casamiento. Y un horizonte de puntos a defender que sí empezaba a amenazar esa estabilidad en la clasificación.

Hoy todo aquello empieza a difuminarse. De nuevo bajo la tutela en solitario de su padre, Piotr, Wozniacki comenzó a rearmar el rompecabezas en la temporada de pasto, y el paso al cemento pronto mostró sus frutos. Desde el mazazo en Roland Garros, con caída en el debut, Caroline acumula 16 victorias en 19 partidos (con título en Estambul), goza su mejor ranking en cinco meses (12ª) y se anota para terminar 2014 de nuevo entre las 10 mejores.

"Estoy en un gran momento. Siento que vengo trabajando muy duro. Esta es una parte de la temporada que me sienta muy bien. Desde que gané Estambul todo se fue acomodando, pero ya me venía sintiendo bien desde Eastbourne", explicó la danesa. En efecto, en Wimbledon volvió a pisar una segunda semana de Grand Slam después de cinco experiencias frustradas.

Camino a este extraño 2014 para los Wozniacki, Caroline incorporó a su equipo de trabajo a Thomas Hogstedt, exentrenador de Maria Sharapova. Pero el sueco no superó los tres meses en el cargo y tampoco lo hizo su sucesor, Michael Mortensen.

En diálogo con el diario danés Ekstra Bladet, Mortensen explicaba: "Caroline no siente que sea el momento de cambiar cosas en su juego. Ha habido mucha presión por el tema de los puntos a defender y ella prefiere recuperar la confianza en su propio estilo".

Mortensen buscaba sumar atributos en ataque al probado juego defensivo de Wozniacki, pero en esa articulación solo hubo dudas e indecisiones. El resultado: vuelta atrás y replanteo con Papá Piotr, quien de hecho seguía siendo la voz de consulta en los espacios de coaching, por sobre el propio entrenador de turno. "Es mejor si ellos dos siguen trabajando por sí solos", remataba Mortensen en la entrevista.

Abrazando la vieja escuela, la misma que la llevó al número uno del mundo por 67 semanas, Wozniacki siguió por priorizar la parte física, después de los problemas de muñeca y rodilla que entorpecieron su gira en clay: "Estoy trabajando muy fuerte, corro mucho. También creo que tiene que ver con que uno va creciendo y el cuerpo cambia. Pero hoy me siento en buena forma. Saludable, sobre todo. Me gustaría mantener este estado, es el peso que mejor me sienta. Ni muy rápida ni muy pesada. Puedo desplazarme y tengo potencia".

Y en la puesta a punto aparece otra adaptación: "Antes era capaz de entrenarme cuatro, cinco horas al día, luego ir al gimnasio y así la misma rutina cada día, sin descansos o necesidad de un fisioterapeuta, porque mi cuerpo se ajustaba bien. Hoy necesito ocuparme de todo eso. Hago muchos estiramientos, tomo masajes a diario...".

En ese proceso de buscar intensidad a su manera, sin dejar su cara habitual, Wozniacki tuvo contra las cuerdas a Serena Williams en Montreal, en la que hubiera sido su primera victoria ante una Top 10 en 2014 (récord 0-4). ¿Llegará ese salto en Cincinnati? Lo cierto es que, rumbo al US Open, un peso pesado pide pista...