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Laurie Cunningham, último merengue ovacionado en el Camp Nou

BARCELONA -- Gareth Bale, procedente del Tottenham, es el último futbolista incorporado al Real Madrid desde Inglaterra. Antes llegaron Cristiano Ronaldo, Faubert, Beckham, Heinze, Van Nistelrooy, Woodgate, Robben, Owen, Gravesen, Diarra, Reyes, McManaman... y Cunningham, quien en 1979 fue el primer inglés de la historia moderna en llegar al Bernabéu.

Laurie Cunningham, quien murió en un accidente de tránsito diez años después, en 1989, no gozará de un gran apartado en los libros de historia del Real Madrid. Apenas permaneció dos temporadas y media en el club y disputó 58 partidos oficiales, frenado por las lesiones que le masacraron a partir de su segundo curso, cuando había logrado la consideración de estrella.

Pero Cunningham, la Perla Negra, permanece en la historia por un hecho puntual: fue el último jugador del Real Madrid que abandonó el césped del Camp Nou aplaudido por la hinchada del Barcelona, que el 10 de febrero de 1980 premió la exhibición que provocó el triunfo merengue por 0-2.

"Nos volvió locos. Con sus quiebros, sus cambios de ritmo, su velocidad. Era eléctrico, impresionante", rememoró años más tarde Migueli, histórico central azulgrana que sufrió en primera persona aquella tarde de infausto recuerdo para el equipo catalán. Colocado en la banda, Cunningham desquició al mismísimo Zuviría, quien apenas tres meses antes había aburrido a Maradona en su primera visita al estadio con la camiseta de Argentinos Juniors. Nadie pudo con él.

Nacido en Londres, rechazado en edad juvenil por el Arsenal y lanzado al estrellato por el modesto Leyton Orient, en 1977 Cunningham se unió al West Bromwich Albion, con el que completó dos excelentes temporadas que le valieron para ser el primer jugador de color en alinearse con la selección sub-21 de Inglaterra y provocaron que en el verano de 1979 el Real Madrid pagara por su fichaje 1.8 millones de dólares, una cantidad más que respetable en aquellos tiempos.

El impacto del inglés en el Bernabéu fue inmediato. Junto a Juanito y Santillana formó una excelente delantera, apoyada por la calidad de Del Bosque y la brega de Stielike en el centro del campo que le dio el título de Liga al Real Madrid. Se alineó en 29 de los 34 partidos del torneo y si en la tercera jornada marcó uno de los goles con que el equipo merengue venció el Clásico del Bernabéu (3-2), en la vigésima, el 10 de febrero de 1980 se convirtió en un demonio.

'Cunningham, genial, se ganó el aplauso', tituló al día siguiente en su crónica el diario El Mundo Deportivo, dando cuenta de la excepcional actuación del punta madridista, quien redondeó su tarde asistiendo el 0-2 a Santillana tras una jugada magnífica en que superó a Zuviría y Migueli en una diagonal perfecta, digna del mejor Messi. Aquella victoria sentenció al Barcelona, que ya no levantaría cabeza hasta final de curso, y disparó al Real Madrid, que ganó el título en la última jornada gracias a su victoria frente al Athletic de Bilbao y la derrota la semana anterior de la Real Sociedad (la única de toda la Liga) en Sevilla.

Cunningham fue proclamado como uno de los mejores jugadores del campeonato y, sin embargo, Ron Greenwood sorprendió a todo el mundo dejándole fuera de la selección inglesa que disputó la Eurocopa de 1980 en Italia. El golpe anímico para el jugador fue brutal... Y dio paso a su desplome deportivo.

A pesar del buen inicio de curso que protagonizó, una lesión en el pie le apartó cinco meses de los campos y su figura se fue apartando del escenario, hasta que fue cedido primero al Manchester United (sin suerte) y al Sporting de Gijón. En el verano de 1984 se marchó libre al Olympique de Marsella y comenzó un rosario de cambios que le llevaron al Leicester, Rayo Vallecano, Charleroi, Wimbledon y nuevamente al Rayo, al que ayudó a ascender a Primera en la temporada 1988-89, pocos meses antes de su muerte.

El 15 de julio de 1989, a los 33 años, falleció al estrellarse contra un poste con su automóvil en la periferia de Madrid, lejos de la popularidad que había llegado a disfrutar una década antes.

Pero para el recuerdo quedó, y permanece, una fría tarde de domingo, la del 10 de febrero de 1980, en que abandonó el Camp Nou con la camiseta del Madrid y aplaudido por una afición muy poco proclive a reconocer los méritos del gran rival. Hoy sigue en el escenario la ovación que le dedicó en 2005 el Bernabéu a Ronaldinho, pero 25 años antes, en el mismo escenario que acogerá el Clásico este domingo, un tal Laurie Cunningham, el primer inglés de la historia moderna del Real Madrid, vivió su jornada más feliz.