El especial y prematuro retiro de Sabatini y sus motivos

Una carrera sensacional, histórica para Argentina y América Latina, y un adiós prematuro, especial, diferente. Hace 25 años Gabriela Sabatini decidía colgar la raqueta en el placard y decirle "hasta siempre" al circuito profesional. Ella se había cansado y admitió que si no terminaba allí iba a llegar a odiar el tenis...

Dueña del US Open '90 y de dos coronas de Maestra WTA, también en Nueva York, la porteña quiso abandonar su vida de trotamundos, de aviones, hoteles, entrenamientos y tantos compromisos a cuestas, con solo 25 años. Sí, la misma edad en la que muchos colegas aún no "explotaron" y alcanzaron su pico de rendimiento.

En octubre de 1996 jugó su último partido, ante la estadounidense Jennifer Capriati, en Zurich. Y se supo enseguida que iba a retirarse. De hecho, al mes, en noviembre, en el marco del Masters, en pleno Madison Square Garden, sus grandes rivales le hicieron un agasajo hermoso, ante miles de aplausos de los fans, muchos con lágrimas en los ojos.

"Cuando dejé el tenis, sentía un agotamiento mental. Llevaba dos o tres años en los que ya no disfrutaba. Me comenzaba a pesar el tener que ir a entrenarme y se me estaba haciendo muy difícil. Me puse en contacto con un psicólogo deportivo y me hizo dar cuenta de que ya no quería jugar más. Estaba agotada, necesitaba alejarme del tenis. Ya no era feliz. A veces hay que dar un paso al costado antes de que todo sea peor; de lo contrario, hubiera terminado odiándolo", contó un tiempo después, sin vueltas.

Ella venía disfrutando de una carrera bárbara y hubo un partido, un momento, que fue bisagra. Corría 1993 y le ganaba a la estadounidense Mary Joe Fernández por 6-1 y 5-1 en cuartos de final de Roland Garros. Dispuso de cinco match points, hasta que terminó perdiendo con lo justo en el tercer set. Ese día, su confianza empezó a mermar, a dudar mucho a la hora de las definiciones y llegó el fantasma de las doble faltas. Fue, sin dudas, el principio del fin...

Y Gaby agregó: "El tenis es uno de los pocos deportes en los que no hay un período de descanso. Yo sólo tenía dos semanas, porque después debía volver a prepararme; dos semanas en todo el año, con todo lo que uno juega es muy poco. Después cambió un poco, pero sigue siendo muy duro. Los jugadores ya no viajan solamente con el entrenador, sino que llevan a un kinesiólogo, porque ahora lo más importante es mantenerse sano".

"Me apasionaba y no lo sentía como un sufrimiento. Lo que a mí me pasaba es que yo era muy joven; cuando venía a Argentina, mis amigas salían a la noche, pero yo me tenía que ir a dormir. Perdés esa etapa de chica. Yo no la tuve y ningún deportista la puede tener. El deporte profesional es muy lindo, pero no es una vida fácil. No puede afrontarla cualquiera", afirmó la ex-N°3 del mundo.

Ya con el paso del tiempo, reconoció que "el tenis me dio mucho más de lo que yo le di. Siento que todo lo que soy y puedo hacer es gracias al tenis". Y recuerda: "El momento más hermoso fue cuando le gané a Steffi Graf la final del US Open de 1990. Para ser N°1 creo que me faltó animarme más, coraje".

Indudablemente, pudo dar más. Su juego vistoso, lleno de variantes y buscando muchas veces la red, será siempre recordado y añorado por millones de fans. Ese tenis que ahora casi no se ve y a ella le permitió gozar y ganar. Hasta que se cansó y optó por cambiar de vida, siendo aún muy joven.