¿Son los Brewers imparables?, la remontada en el segundo juego es la prueba más reciente de que Milwaukee va camino al título de MLB
MILWAUKEE -- De los 10 juegos que los Milwaukee Brewers han disputado este octubre, han estado en desventaja en ocho. Y de esos ocho encuentros de playoffs en los que fueron perdiendo, los Brewers ganaron siete. Parece imposible. Más allá de su talento, su garra y su determinación, no se supone que los equipos ganen cada vez que parece que van a perder. Sólo los Brewers, con su fascinante combinación de cualidades tangibles e intangibles, lo logran. Casi siempre. Como si estuvieran destinados a ello.
¿Qué más podría pedir esta ciudad para su primer equipo campeón de la Serie Mundial? ¿Un equipo al que todo le resultara fácil? ¡Por favor! Después de 58 años de espera, la gloria bien merece ser espectacular. Y el sábado fue espectacular: la séptima remontada, quizás la mejor hasta ahora. Los Cerveceros vencieron a los Tampa Bay Rays por 5-4 en el segundo juego de la Serie Mundial, tras haber permitido una ventaja de cuatro carreras a los Rays en la misma primera entrada.
Llega un momento, para todo gran equipo de beisbol, en el que las reglas habituales del juego dejan de aplicarse. Ahí es donde se encuentran los Brewers hoy. Están a dos victorias de conquistar el primer título de Serie Mundial en la historia de la franquicia, pero es algo que va más allá. La única entidad que se preocupa menos por los déficits que los Cerveceros es el gobierno de los Estados Unidos. Y, a diferencia del 'Tío Sam', los Cerveceros siempre logran revertir los suyos.
"Es algo que forma parte de la naturaleza de cada jugador del equipo", comentó el jardinero de Milwaukee, Sal Frelick, cuyo jonrón en la sexta entrada empató el score el sábado, preparando el terreno para que los Cerveceros tomaran la delantera gracias a un sencillo remolcador del novato Cooper Pratt en la séptima. "Aunque estuviéramos ganando por 10 carreras, seguiríamos jugando de la misma manera".
Ya lo hicieron contra los San Diego Padres, remontando en dos victorias, incluida la que sentenció la Serie Divisional de la Liga Nacional. También lo hicieron frente a Los Ángeles Dodgers: estuvieron en desventaja en los cuatro juegos, pero terminaron barriendo la serie por el campeonato de la Liga Nacional. Y lo han logrado contra Tampa Bay, dos veces en dos días; es el ejemplo más reciente de cómo la filosofía de los Brewers los ha convertido en una fuerza imparable.
Si esta tendencia continúa cuando la serie se traslade al Tropicana Field para el tercer juego, el lunes, Milwaukee se colocará al nivel de los Boston Red Sox de 2018, situándose entre los campeones más dominantes de este siglo. Aquellos Red Sox también estuvieron abajo 4-0 en el segundo encuentro, antes de arrollar a los Dodgers y terminar la postemporada con un registro de 11-2.
Actualmente, los Brewers tienen un récord de 9-1 en esta postemporada. Esto genera algo que trasciende la simple confianza y que impregna el banquillo de Milwaukee cada vez que el equipo se encuentra en desventaja en el pizarrón.
"Los muchachos no se rinden", afirmó Andrew Vaughn, primera base de los Brewers.
"Así somos nosotros", comentó el jugador de cuadro Joey Ortiz.
"No importa la situación del juego", añadió Vaughn. "Nosotros ganamos".
"Sinceramente, siento que, cada vez que estamos abajo, es un hecho: vamos a remontar", dijo Ortiz.
La victoria del sábado recordó aquel triunfo que les dio el banderín contra Los Ángeles, cuando también comenzaron perdiendo 4-0. No hubo pánico ni miedo. Sabían que alguien daría un paso al frente; no sabían quién —nunca lo saben—, pero eso tampoco importa. En un equipo con pocas estrellas, con una nómina limitada y que, hasta este octubre, no tenía mucha repercusión fuera de Wisconsin —a pesar de haber logrado 103 victorias, la mayor cantidad en las Grandes Ligas—, todos deben aportar.
Que fuera Frelick quien brillara el sábado fue motivo de gran alegría para los Brewers. Tras haber tenido un desempeño sólido en sus tres primeras temporadas, Frelick sufrió un retroceso este año, lastrado por una lesión estructural en su hombro derecho. No había conectado un jonrón desde el receso por el Juego de Estrellas y bateaba octavo en el orden. Los Rays recurrieron al lanzador zurdo Ian Seymour para enfrentarlo al inicio de la sexta entrada, confiados en que el duelo les favorecía.
Entonces, Frelick conectó un batazo hacia el jardín central. La pelota siguió avanzando. Él puso toda la fuerza de su 1.75 metros de estatura en el batazo. Y cuando la bola superó la barda, los 43,245 espectadores en el American Family Field estallaron de emoción. La desventaja de 4-0 se había reducido a la mitad en la primera entrada, recortado a una carrera en la cuarta y, finalmente, borrada por completo gracias a Frelick.
"Casi me pongo a llorar en la banca", comentó Jake Bauers, primera base de los Brewers. "Es un momento increíble para Sal. Un momento fantástico para el equipo. Significa muchísimo para todos nosotros aquí dentro".
Los momentos memorables —tal como ha ocurrido a lo largo de todo octubre— siguieron sucediéndose. Pratt, cuyo error de fildeo en la primera jugada del segundo encuentro había provocado una avalancha de carreras a favor de los Rays, conectó un sencillo al jardín derecho que permitió anotar a Brice Turang, quien había iniciado la parte baja de la séptima entrada con un doblete. Para entonces, los Brewers ya habían recurrido a su bullpen, que sumó otras seis entradas sin permitir anotaciones, mostrándose tan impenetrable como una superficie de silicona con microestriaciones. Y cuando Aaron Ashby completó su decimoquinta entrada sin recibir carreras en estos playoffs —mientras los Rays cerraban su octava entrada consecutiva sin mover el pizarrón—, el estruendo del público dejó clara la magnitud de la hazaña.
"Es la vez que más ruido he escuchado en este estadio", señaló Vaughn.
Y con razón. Tal como están jugando los Brewers, la próxima vez que pisen Milwaukee será para un desfile. Descartar por completo a los Rays sería una insensatez; sin embargo, durante los dos primeros juegos de la Serie Mundial, cometieron errores que los Brewers han evitado. En un enfrentamiento entre dos equipos cuyo estilo de juego se basa en limitar los errores e imponer su dominio sobre el rival, los Brewers son los únicos que logrado ejecutarlo a la perfección.
Ahora parten rumbo a St. Petersburg, Florida, donde el Tropicana Field será un escenario ruidoso y hostil: exactamente el tipo de ambiente en el que los Brewers se crecen. Los Brewers afrontaron la locura del Petco Park y los fantasmas del Dodger Stadium con total aplomo, actuando como si fueran los dueños de esos estadios. Y, al concluir ambas series, efectivamente lo eran.
Así son los Milwaukee Brewers. Si les das un puñetazo en la cara, disfrutan del sabor de su propia sangre. Si les das una patada en la espinilla, recorren las bases cojeando. Si les das un centímetro, se apoderan del universo entero. Es el sello distintivo de un digno campeón y, tras dos juegos de la Serie Mundial, todo apunta a que eso es precisamente en lo que se van a convertir.
