BARCELONA -- Al Barcelona la digestión del Clásico no le sentó demasiado bien el lunes, pasadas las horas y acumulándose análisis de todo tipo en que cada apunte de su actuación en el Bernabéu descubría un nuevo síntoma de preocupación.
La principal: los partidos grandes... le vienen grandes. Demasiado. Vencido en Munich se quiso imponer, con algo de razón, el discurso del buen fútbol y la falta de acierto en el remate para disculpar la derrota; de la posterior en Milán se catapultó la actuación arbitral para dejar en segundo término un juego totalmente plano; la igualada fatal en el Camp Nou contra el Inter ya fue imposible de argumentar... Y el derrumbe del domingo ante el Real Madrid hizo patente las muchas, demasiadas, costuras que tiene el conjunto azulgrana.
El Barça vuelve a ser un equipo roto, tan separado entre líneas que juega dos, o tres, partidos en uno, donde el centro del campo ha perdido toda su prestancia y personalidad y resiste a los golpes de genio de Gavi, la defensa es más académica que contundente por el centro y un galimatías por los costados y la delantera no puede disimular su insuficiencia a pesar de los 14 goles marcados por un Lewandowski que debe suplicar en silencio más colaboración.
PORTERÍA
Poco se le puede reprochar a Ter Stegen. El alemán evitó un gol a quemarropa de Vinicius y se desesperó ante la pasividad de sus compañeros ante la presencia inmediata de Benzema para remachar a placer y no debió quedar demasiado contento con el disparo de Valverde desde la frontal, absolutamente libre de marca para armar un misil extraordinario. Viene siendo una buena temporada del portero, excelso ante el Inter y que ha batido su record de imbatibilidad en la Liga, hasta encajar en el Bernabéu, con muy buenas intervenciones... Que contrastan con sus colegas de la línea defensiva.
DEFENSA
Ya fue mala suerte la coincidencia en las lesiones de Araújo, Koundé, Christensen y, por fin, Bellerín que dejaron en paños menores a una zona que se había reforzado especialmente para mejorar sus prestaciones de la pasada temporada. La aparición, por obligación, de Piqué descubrió que el veterano central, en su día entre los mejores del mundo, está en un lamentable ocaso y tras su esperpento frente al Inter quedó fuera del Clásico, donde regresó a toda prisa Koundé para hacer pareja con un Èric García cuyo mayor mérito es su gran colocación, brillante salida de balón y carácter... Pero que flojea alarmantemente en cuanto a contundencia.
En Madrid se denotó eso demasiado... Y se confirmó que Sergi Roberto, descompuesto en la banda como lateral, no puede enfrentarse a misiones como la de hacer frente a velocistas como Vinicius. Falto de colaboración, quedó retratado en el 1-0 mientras en la otra banda el duelo le vino grande, por una vez, al joven Alejandro Balde, que pasó un calvario ante Fede Valverde. Extraña el papel entre secundario e invisible de Marcos Alonso y la caída de Jordi Alba, que apareció para nada en el Bernabéu.
En este aspecto podría darse a entender que Xavi ha tomado partido decididamente por el joven canterano, con los riesgos que ello puede suponer, al menos a corto plazo la apuesta.
CENTRO DEL CAMPO
En los últimos tiempos se ha apuntado habitualmente que los partidos se le hacen demasiado largos a Sergio Busquets... Pero en Madrid quedó patente que los de máxima exigencia le pasan por encima. Inferior a Kroos y más aún a Tchouameni, no fue capaz no solo de imponer su figura, sino, lo peor, de expresar lo mínimo.
Xavi insiste, al menos lo ha hecho hasta el momento, en darle un liderazgo que le viene grande cuando debe ser el guía único y le deja a los pies de los caballos. Impotente en frenar a Kroos en la jugada del primer gol e invisible cuando apareció Valverde para marcar el segundo, el académico sistema de tres mediocampistas le supera cuando el equipo se parte.
A su lado la figura de Pedri ha menguado peligrosa y alarmantemente. Llamado a ser el heredero de Iniesta y tras haber dejado patente una brillantez y calidad monumental, le perjudica enormemente el fútbol de ida y vuelta, que se rompa el equipo, que no haya pausa ni combinación y menos aún posición. Su inteligencia le facilita encontrar socios, como se demostró al comienzo de curso con Lewandowski, pero a su lado necesita socios que le arropen físicamente. Y no los encuentra.
Gavi fue en el Bernabéu el futbolista sacrificado por Xavi y en cuanto entró en juego se notó 'el error' del entrenador. En toda la primera parte el Barça cometió una falta y al canterano le bastó poco más de media hora para hacer cinco, ver una tarjeta, iniciar la jugada del 2-1 y ganarse el respeto de los rivales.
De Jong... Señalado por la junta a cuestión del salario, el holandés vive un calvario sin saber cuando y donde debe jugar. Cuando el técnico le dio ante el Inter y en el Clásico la manija en lugar de Busquets el equipo lo agradeció. Tiene el físico adecuado para ir y venir, subir el balón y recuperar la posición... Pero le pesa esa debilidad grupal. Demasiado.
A partir de ahí se echa, y mucho, en falta, la esperada trascendencia de un Kessié que apenas es un secundario en los minutos de la basura, o desesperados, sin que tenga capacidad de cambiar nada.
DELANTERA
Lewandowski ha marcado 14 goles en 13 partidos, lo que habla por si solo de su capacidad... Pero ha pasado casi de puntillas por los partidos grandes, en los que, además, ha tenido una pizca de mala suerte evidente. Si en Múnich Neuer le salvó dos goles, en el Bernabéu sufrió un marcaje durísimo, codazos incluídos, y envió al cielo un remate forzado que, quien sabe, pudo cambiar el rumbo del Clásico.
Sufre el goleador polaco de la falta de colaboración de sus colegas de ataque. En Madrid Dembélé volvió a ser una figura errática, insistente en ser el centro de atención cuando debiera ser un secundario de lujo y Raphinha volvió a pasar absolutamente desapercibido. En 22 minutos (contando el añadido)
creó más peligro Ansu (https://espndeportes.espn.com/futbol/jugador/_/id/292957/ansu-fati) Fati que los los 73 primeros del francés o los 60 de Raphinha, a quien sustituyó un Ferran Torres alrededor del cual podría preguntarse la razón por la cual queda tan a menudo señalado cuando su implicación grupal es muy superior a los dos jugadores que suelen ser titulares.
Empeñado en hacer la guerra por su cuenta, la anarquía de Dembélé penaliza de tal manera al equipo que en el Clásico ya quedó claro que es más perjuicio que solución.
EL EQUIPO
Se escuda Xavi en los errores puntuales, en la mala suerte y en la necesidad de seguir y mejorar. Pero después de un comienzo de temporada ilusionante su equipo ha empezado a dar, desde el parón de selecciones, síntomas preocupantes.
Es preocupante que existiendo una idea, no se traslade de la pizarra al campo y más preocupante aún se adivina la limitación física de un equipo que no alcanza. Se lo demostró el rocoso Inter y se lo escupió sin disimulo un Madrid cuyos jugadores volaron por encima y por todos los lados de los azulgranas.
Que Valverde o Tchouameni ofrezcan una exhibición física no debe, quizá, ser un hecho especialmente criticable, pero que Kroos (32 años) y Modric (37) sean tan superiores obliga a repensar muchas cosas.
