Por qué este Boca sí puede volver a ganar un título internacional

No hay nada más efectivo que jugar bien. Se podrán probar distintas recetas con el fin de conseguir resultados, pero lo mejor será siempre tener un funcionamiento aceitado para atacar y para defender. Boca Juniors, en este último tiempo, encontró eso que tanto puede costar y que buscó sin éxito en el pasado reciente. Por eso le sobran razones para ilusionarse con su primera consagración internacional, después de 18 años en los que se quedó con las ganas pese a haber arañado la gloria en tres finales de Libertadores perdidas.

Tras haber dejado atrás con autoridad a una potencia respetable del continente como San Pablo en los cuartos de final, le quedan dos pasos todavía para poder levantar su tercera Copa Sudamericana (consiguió el bicampeonato entre 2004 y 2005). Aunque lo que queda no será fácil -nunca puede serlo en las instancias decisivas-, el equipo que conduce Rodolfo Arruabarrena es un firme candidato a llevarse ese trofeo al que ya sólo aspiran cuatro sobrevivientes.

Paredes como líder de Boca y los pibes para remontar vuelo

Desde que regresó a Boca en julio del año pasado, Leandro Paredes le cambió la cara a un equipo que no encontraba el juego ni, como lógica consecuencia, los resultados. Claro que con él solo no alcanzaba. Por eso recién terminó de potenciarse en estos últimos meses el aporte del campeón del mundo en Qatar 2022, ya rodeado de una estructura que le responde y de individualidades que se mueven en su misma sintonía. Él mismo lo explicó después de la victoria 3-1 a Recoleta a comienzos de agosto por la Copa Sudamericana. "El Vasco (Arruabarrena) nos cambió la mentalidad. La idea de juego, que es jugar a lo que queremos y proponer todo el tiempo, ser protagonistas. Creo que lo venimos haciendo muy bien. Tenemos mucho por mejorar pero vamos por el buen camino", sentenció Paredes.

El capitán de Boca es un futbolista con el que amarían contar la amplia mayoría de equipos en el continente y algunos de Europa también. Ahora se siente respaldado por un mediocampo en el que el Ruso Santiago Ascacíbar aporta dinámica y gol, mientras Milton Delgado funciona como una rueda de auxilio perfecta. Con ese apoyo, Paredes encuentra la tranquilidad necesaria y despliega su categoría sin tener que preocuparse tanto por la recuperación.

Delgado, de 21 años, es apenas uno de los chicos de Boca Predio a los que Arruabarrena les dio confianza para calzarse una de las camisetas más pesadas de Sudamérica. Como la dupla de centrales, con Lautaro Di Lollo (22), cada vez más sólido en el juego aéreo y en el quite, y Facundo “Jagger” Herrera (20), que desde que desembarcó en el equipo titular mostró una sobriedad impensada para un juvenil. También el extremo izquierdo Leonel Flores, que a sus 19 años asombra con su habilidad en velocidad partido a partido y ya debutó con una gran actuación en la Selección ante Bolivia. Tiene la misma edad que el talentoso Tomás Aranda, que era clave en la creación pero no estará hasta 2027 por una inoportuna fractura de peroné. Y suman también desde los relevos el arquero Leandro Brey (24), los laterales Dylan Gorosito (20) y Matías Satas (18) y el volante central Camilo Rey Domenech (20).

Con un técnico que los respalda, los chicos tienen la confianza de sumarse a una estructura que funciona. El contexto ideal para mostrar las condiciones en un fútbol argentino que siempre alumbra nuevos talentos.

Cuando Boca encontró el rumbo

Casi nada había salido bien en el primer semestre de 2026. Boca comenzó el año con mucha ilusión, en su regreso a la fase de grupos de la Copa Libertadores después de tres años de ausencia. Pero tras un buen comienzo con dos victorias (2-1 en el debut contra Universidad Católica en Chile y 3-0 como local ante Barcelona de Ecuador), el equipo se deshilachó y en los cuatro partidos siguientes apenas sumó un punto, lo que lo marginó al tercer puesto y a jugar el repechaje de la Copa Sudamericana. En el torneo local, el escenario no fue mucho mejor, con una eliminación muy temprana en los octavos de final al caer como local 3-2 frente a Huracán.

Ante ese escenario, se tornó inevitable la salida del DT Claudio Úbeda, que había quedado a cargo del plantel luego de la muerte de Miguel Ángel Russo. El presidente e ídolo del club, Juan Román Riquelme, apeló entonces a Rodolfo Arruabarrena, nombre de peso en Boca: como jugador, fue clave en gestas como la conquista de la Libertadores 2000, con dos goles de su autoría en la final de ida ante Palmeiras en la Bombonera, toda una rareza para alguien que jugaba como lateral izquierdo; ya en su rol de entrenador, se alzó con la liga local y la Copa Argentina en 2015, aunque cargó con la dolorosa eliminación ante River en los octavos de final de la Libertadores de ese año.

La apuesta al Vasco suscitó alguna desconfianza, más que nada por lo que había sido el devenir de su carrera después que en 2016 se cortara su exitosa etapa en Boca. Desde ese entonces, sólo había dirigido en países con tradición futbolística menor: Emiratos Árabes Unidos, Qatar, Egipto y por último Arabia Saudita, donde había tenido su experiencia más reciente en Al-Taawoun, interrumpida por malos resultados a los siete meses de su llegada. Pero al poco tiempo convenció hasta a los más incrédulos de la mejor manera que se puede hacer en cualquier club, y sobre todo en uno que no admite la derrota: con resultados y, en muchos partidos, con buen juego.

Después de algunos titubeos, logró que dos recién llegados, el arquero Álvaro Montero y el lateral derecho Leandro Lozano, se acomodaran al Mundo Boca para solucionar problemas que se arrastraban en esos puestos. Así se potenciaron también los más regulares, como el lateral izquierdo Lautaro Blanco y el uruguayo Miguel Merentiel, que dejó atrás una persistente sequía goleadora. Con los once titulares bastante definidos y en funcionamiento, se hizo más fácil para los de jerarquía probada que entraban desde el banco de suplentes, como el chileno Carlos Palacios y el colombiano Sebastián Villa, llegado con grandes expectativas para esta etapa pero que todavía no terminó de hacer pie. A ellos se sumó el veterano Enner Valencia, que se mostraba fuera de ritmo pero de repente apareció con un histórico hat-trick de cabeza para ganarle 3-2 a Racing por la Copa Argentina.

Cuando la confianza se edifica sobre bases sólidas, la historia se vuelve más sencilla para todos. Sobre todo en Boca, uno de los equipos en que, por la presión histórica de tener que ganar siempre, puede ser más difícil jugar.

Vasco da Gama no permite descuidos en la Sudamericana

En el escenario inmediato de Boca aparece uno de los equipos más tradicionales de Rio de Janeiro, que en 1998 supo lo que es ganar la Copa Libertadores. Aunque en el campeonato brasileño pelea por asegurarse la permanencia, Vasco da Gama experimentó en los últimos tiempos una mejoría que le permitió sumar tres victorias consecutivas en septiembre. Dos de ellas, fundamentales: el 2-0 a Santa Fe para llegar a semis de la Sudamericana y un 2-1 como visitante ante Gremio, rival directo en la lucha por mantener la categoría.

Como todo plantel que disputa el Brasileirao, Vasco cuenta con individualidades más que respetables, entre ellos los argentinos Santiago Sosa, Alan Lescano y Claudio Spinelli. También Facundo Colidio, aunque no podrá estar ante Boca por haber disputado parte de la Sudamericana con River. Los colombianos Marino Hinestroza y Andrés Gómez son otros que aportan talento en ofensiva, respaldados por jugadores de calidad como el arquero Lea Jardim, el central Robert Renan y el experimentado capitán Thiago Mendes.

"Tenemos grandes jugadores y confiamos en nosotros mismos. Todos acá sabemos que Boca es un gran equipo, así que vamos a tratar de jugar con inteligencia para después definir la serie en el partido en casa. La idea es hacer un trabajo defensivo sólido en Argentina", comentó en una nota reciente con Radio La Red el ex-Racing Santiago Sosa, pilar del mediocampo.

El martes 13 de octubre en La Bombonera y una semana después, el 20 en Rio de Janeiro, se escribirá esta nueva historia en la que Boca buscará meterse otra vez en una final. Llega en buen nivel, como para esperar con confianza tanto la semi como, si avanza, al rival del encuentro decisivo, que se definirá entre Atlético Mineiro y el uruguayo Torque. Su último capítulo de gloria continental, aquella Recopa 2008 tras haber ganado la sexta Libertadores el año anterior, ya fue hace demasiado tiempo para lo que su historia impone.