ESPN vivió desde adentro el Clásico uruguayo que paralizó Montevideo y terminó con un costarricense como protagonista inesperado: Francisco Calvo marcó el gol con el que Nacional derrotó 1-0 a Peñarol en el Campeón del Siglo
MONTEVIDEO — El taxista hablaba del Clásico. El chef del restaurante hablaba del Clásico. En el supermercado hablaban del Clásico.
Y conforme se acercaban las 15:30 horas del domingo, Montevideo comenzaba a quedarse extrañamente vacía.
No era casualidad.
Peñarol y Nacional jugaban el Clásico Urugayo
En Uruguay aseguran que este partido paraliza al país y, cuando se vive desde adentro, la frase deja rápidamente de parecer una exageración.
Horas antes del encuentro, ESPN recorrió Montevideo y la receta para la previa parecía repetirse en diferentes puntos: carne, leña, pan, Coca-Cola, fernet y la inseparable yerba para el mate.
Mucho asado. Mucho chinchulín. Mucho fútbol.
Pero también algo que llama inmediatamente la atención para un extranjero: acá importa de qué lado estás.
Una cara desconocida recibe rápidamente un análisis de pies a cabeza. Hay que identificar si el visitante es de Peñarol o de Nacional. En un Clásico sin aficionados visitantes, equivocarse de camiseta o de tribuna no es precisamente un detalle menor.
Y mientras afuera comenzaba la previa, para los futbolistas de Nacional la semana había sido completamente diferente.
Pocas declaraciones, concentración absoluta y poco contacto con la prensa.
Sabían lo que estaba en juego.
El Campeón del Siglo no perdona
La dimensión del partido comienza a entenderse mucho antes de entrar.
Tanquetas, un fuerte dispositivo policial y oficiales fuertemente armados rodeaban el Campeón del Siglo.
Adentro tampoco existía espacio para la indiferencia.
Nacional salió a calentar aproximadamente una hora antes del encuentro y el estadio ya estaba prácticamente repleto de aficionados de Peñarol.
Los insultos y las tradicionales chicanas bajaban desde las graderías. “Gallina” era prácticamente de lo más amable que podía escucharse.
Y enfrente estaba Peñarol.
No cualquier rival.
Uno de los gigantes históricos del continente, cinco veces campeón de la Copa Libertadores, con coronas conquistadas en 1960, 1961, 1966, 1982 y 1987.
Ese era el escenario del primer Clásico uruguayo de Francisco Calvo.
"Hoy clavo, vas a ver que sí"
Antes de comenzar el partido, Calvo lanzó una frase a ESPN casi como una premonición:
“Hoy clavo, vas a ver que sí”.
Y clavó.
Pero antes del gol hubo partido.
Calvo estuvo firme en los duelos individuales, ganó balones por arriba, utilizó bien el cuerpo y buscó darle salida limpia a Nacional desde atrás. Los medios uruguayos terminaron ubicándolo entre los rendimientos destacados del triunfo tricolor.
Hasta que llegó el minuto 24.
Nacional peleó una pelota que parecía marcharse. El balón regresó al área después de un tiro de esquina y pasó por encima de la zona donde Calvo inicialmente esperaba conectarlo.
El costarricense quedó de espaldas al marco.
Entonces apareció el recurso.
Taco.
Nada más.
El toque salió suave, preciso y suficientemente inesperado para superar a Washington Aguerre.
Gol.
Nacional 1. Peñarol 0.
Y ocurrió algo todavía más impactante desde la gradería: el Campeón del Siglo quedó en silencio.
Cerca de 40.000 personas observaban cómo el costarricense salía corriendo para celebrar uno de los goles más especiales de su carrera.
Calvo incluso amagó con dirigirse directamente hacia la afición local durante el festejo, pero rápidamente sus compañeros lo interceptaron.
Probablemente fue una buena idea.
Un taco para entrar en la historia
No fue únicamente un gol bonito.
Terminó siendo el único gol del Clásico y permitió que Nacional consiguiera su primera victoria ante Peñarol en el Campeón del Siglo por el Campeonato Uruguayo.
Además, el contexto aumentaba su valor.
Nacional necesitaba desesperadamente el resultado después de un complicado comienzo en el Clausura y Peñarol llegaba invicto al encuentro. El triunfo mantuvo al Bolso con vida y cambió, al menos por una tarde, el estado de ánimo de un equipo golpeado.
Después tocó sufrir.
Peñarol adelantó líneas, Nacional retrocedió y cada minuto comenzó a sentirse más largo que el anterior.
En medio de ese escenario apareció otra faceta de Calvo.
Sebastián Coates lleva la cinta de capitán, pero el costarricense es uno de los futbolistas que constantemente ordena, señala y habla dentro del terreno de juego.
Nacional protegió el 0-1 hasta el último segundo.
Cuando terminó, Calvo ya no tenía aquella seguridad con la que unas horas antes había pronosticado su gol.
Tenía otra cosa.
Emoción.
“Tengo pocas palabras, pero estoy muy feliz. Se lo merece este grupo y se lo merece la hinchada que, a pesar del momento en el que estamos, nunca dejó de apoyarnos”, dijo en la zona mixta.
Sabía perfectamente lo que acababan de conseguir.
“Lo necesitábamos, era el partido del año para nosotros. Es ganar en casa del clásico rival; ahora tenemos que poner los pies sobre la tierra y pensar en lo que viene”.
Y sobre aquella definición que ya recorría Uruguay y las redes sociales, tampoco intentó construir una explicación demasiado compleja.
“Fue un recurso del momento, me salió muy natural. Gracias a Dios se dio ese gol tan bonito que va a quedar en la historia”.
Quizá esa sea la mejor manera de explicarlo.
Francisco Calvo llegó al Campeón del Siglo para disputar el primer Clásico uruguayo de su carrera.
Horas antes había avisado que iba a marcar.
Y terminó clavando, de taquito, una daga en el corazón de Peñarol.
