Tras ser finalista con Xelajú, el técnico guatemalteco repitió la hazaña con Cartaginés y recordó con emoción a Johnny Chávez
Hay entrenadores que dejan huella por los títulos que conquistan y otros que comienzan a construir su historia por los caminos que recorren. Amarini Villatoro está escribiendo una página muy especial para el fútbol guatemalteco.
Un año después de alcanzar la final de la Copa Centroamericana con Xelajú, el estratega chapín volvió a conseguirlo, esta vez al frente de Cartaginés de Costa Rica.
Y lo hizo de una manera memorable: eliminando a Saprissa y Olimpia, dos de los clubes más laureados de Centroamérica.
El empate 2-2 en Tegucigalpa, que selló la clasificación brumosa con un global de 3-2, dejó a Villatoro frente a una nueva oportunidad de conquistar el título internacional que se le escapó en 2025.
“Qué torneo el de nosotros, qué orgulloso me siento, dejamos en el camino a los dos equipos más ganadores de Centroamérica”, expresó el entrenador después del compromiso.
Villatoro sabe que alcanzar dos finales consecutivas con instituciones diferentes no es algo que suceda todos los días.
“Tal vez solo me conocen en Guatemala y en la Centroamericana y del segundo nadie se acuerda, pero dos veces llegando a la final estoy orgulloso y de mi cuerpo técnico. Es meritorio llegar a la final con dos equipos distintos”, reconoció.
Su equipo tuvo que sufrir en Honduras, pero resistió la presión de Olimpia y encontró la clasificación en una noche que quedará en la memoria del cartaginesismo.
“Supimos sufrir, supimos aguantar”, resumió.
Sin embargo, la parte más emotiva de la conferencia de prensa llegó cuando le preguntaron qué significaba disputar una segunda final consecutiva.
En medio de la alegría, Villatoro recordó a Johnny Chávez, entrenador costarricense fallecido y una de las personas que influyeron en su formación.
“Quiero dedicarlo a Johnny Chávez, que perdió una final contra Olimpia con Santos, fue uno de mis maestros, le agradezco que yo sea técnico y está en el cielo”, expresó.
Una dedicatoria que trascendió el resultado y mostró el lado más humano de un entrenador que, incluso en uno de sus momentos de mayor satisfacción profesional, encontró espacio para agradecer.
Amarini también dedicó la clasificación a Dios, a su familia y a quienes han acompañado su carrera.
Hace un año soñaba con levantar la Copa Centroamericana junto a Xelajú. Hoy vuelve a estar a las puertas del título, lejos de Guatemala, pero llevando consigo el orgullo de su país y el recuerdo de quienes le enseñaron el camino.
