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Los errores del Tri no son humanos, son diabólicos

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México sufre con el empate ante Japón en el juego amistoso (1:57)

Revive las acciones más importantes del partido amistoso entre la Selección Mexicana y la Japonesa. (1:57)

Defensas que no defienden; contenciones que no contienen; creativos que no crean, y goleadores que no hacen gol; sí, perseverar en el error, es diabólico.


OAKLAND -- San Agustín debería estar sentado en el banquillo de la Selección Mexicana, ahí, a un ladito de Javier Aguirre. Le susurraría: “Errar es humano… pero, perseverar en el error es diabólico (Errare humanum est, sed perseverare diabolicum)”.

Defensas que no defienden; contenciones que no contienen; creativos que no crean, y goleadores que no hacen gol. Sí, perseverar en el error, es diabólico.

No es culpa del Vasco. O mejor, no es sólo culpa del Vasco. Sus jugadores viven en un surrealismo impresionante. Y sin decoro… o con descaro, como lo dejan entrever.

1.- “Me sorprendieron, ¡qué bien juegan los japoneses!”, señala Orbelín Pineda en zona mixta, la noche del sábado, en las tripas rústicas del Coliseo de Oakland. Ellos, los japoneses, juegan en tu mismo planeta Tierra, Orbelín. Sólo basta encender la televisión, o en tu caso la fastuosa pantalla TCLMAX de 115 pulgadas y observar a los rivales en turno y eventuales adversarios en la Copa del Mundo. Sí, el universo ya cabe en un pañuelo.

El mismo Aguirre lo suaviza en la conferencia de prensa del sábado por la noche, tras el tortuoso 0-0 con Japón. “No supieron leer el partido”. dijo. La frase perfecta es de Ricardo LaVolpe, en uno de esos espasmos de lucidez: “El futbolista mexicano es un analfabeto táctico”.

2.- “Hicimos un gran partido”, dijo Jorge Sánchez en la misma zona mixta. Ni un solo disparo a gol hizo México en el primer tiempo, y Luis Malagón debió consumar dos atajadas por errores en la salida del fondo mexicano.

“Hicimos un gran partido”, ante un adversario con jet-lag y jugando ante 45,278 aficionados que, cierto, tampoco fueron tan intensos y consistentes como en otras plazas, tal vez por el sopor del juego. Pero, esa misma gente procedente de Sacramento y de Los Ángeles; de Las Vegas y de Santa Clara, esos mismos, despidieron al Tri con estentóreo abucheo.

El comentario de Orbelín Pineda remite a la precisión hecha de manera confidente, idéntica, y con años de diferencia, por Gerardo Martino y Juan Carlos Osorio, y curioso, con la misma sonrisa de resignación e indulgencia. “¿Cuántos partidos cree que ven sus jugadores por semana?”, se les preguntó. “No los suficientes”, se lamentaron.

Prepárate Orbelín, Corea del Sur está al nivel de Japón. Te va a sorprender.

Y la declaración de Carlos Sánchez cae en un espectro, en un infierno más amplio y peligroso. La falta de autocrítica del propio jugador. “Hicimos un gran partido”. Si se remite acaso, oportunista y ventajosamente al segundo tiempo, habría que repasar que Japón se replegó, estrechó líneas y espacios, por estrategia y por cansancio de un despliegue atlético y emocional. Y eso se fortaleció cuando ya México aliviaba con Eric Lira la línea de cinco.

Javier Aguirre ofrecía más espectáculo desde la banca que sus emisarios en la cancha. Una mímica subyugante y “estruendosa” de la frustración. Trazaba figuras geométricas o garabatos entre el cubismo y el primitivismo. Y no era sólo la gesticulación de histeria, porque en el ceño se albergaban todos los demonios de la rabia, esos mismos que contuvo apenas en la conferencia de prensa, seguramente porque su esposa Sylvia ha atemperado suavemente. Había más mentadas de madre en su pantomima que en el léxico tepiteñamente legítimo que vomitaba desde la banca.

Y todo porque México persevera en el error. Otra vez, El Piojo Alvarado y el mismo Orbelín, saboteaban, producto de su inconsciencia, de su poca lucidez táctica, los buenos intentos de los confundidos Alexis Vega, Raúl Jiménez, Marcel Ruiz y Edson Álvarez, mientras éste estuvo en la cancha. Sí, perseverar en creer que estos dos algún día generarán el futbol que se les exige, es diabólico. Gil Mora jugó su mejor partido con el Tri, mientras está reclutado por la Sub 20.

Los cambios de formación y de hombres que ordenó el Vasco a partir del minuto 61, y con Japón recluido, regateando distancias para mantener –con menos desgaste--, intensidad y dominio atlético, le permitieron a México verse, sentirse y acomodarse mejor, con una actuación de Hirving Lozano por encima del resto, como queriendo seducir al entrenador, convencer a Aguirre, de que está dispuesto a ser el futbolista que enamoró a Carlo Ancelotti y que a base de latigazos emocionales y tácticos, transformó Gennaro Gatusso.

Además, el Chucky ya entendió la lección. Crucificar a su entrenador en la zona mixta, como lo hizo con Jaime Lozano (“se equivocó en el planteamiento”), es un acto de traición, cuando él mismo podía revertir la situación dentro de la cancha. Sí, el Chucky es menos muñeco y menos diabólico hacia las entrañas de la selección. O al menos así parece.

Y México y Javier Aguirre no cumplieron una de sus verdades absolutas: “Que la afición se identifique con esta selección, que sienta que la represente correctamente dentro de la cancha”. No ocurrió. Acaso en algunos minutos del cierre del partido, cuando la trampa japonesa pudo generar el descalabro, pero César Montes frenó de una patada a Ueda.

Y se viene Corea del Sur. Le pasó por encima a Estados Unidos. 2-0, para agregar al cuenco de lágrimas de Mauricio Pochettino y su obsesión de que su selección “juegue con la personalidad de los argentinos”.

¿Similitudes entre Corea del Sur y Japón? Intensidad, superioridad atlética, pero más contundente, más allá de que su entrenador Hong Myung-Bo dejó entrever varios movimientos para enfrentar al Tri, aunque seguramente Son Heung.Min seguirá en la cancha.

El lleno parece asegurado en el estadio de Nashville. El Geodis Park tiene capacidad para 30 mil personas. La afición coreana dominó las tribunas del Red Bull Arena en New Jersey. La presencia de gigantes coreanos como Hyundai, KIA, Samsung y L.G. en Tennessee, permite suponer una gran afluencia al partido.