La cuenta regresiva para el choque entre Argentina e Inglaterra, en semifinales del Mundial 2026, paraliza al planeta futbolero. La rivalidad entre ambos equipos es un pulpo gigante, alimentado por la batalla de 1966, el épico cruce de México 1986 y las tensiones de 1998.
Sin embargo, antes del mito de la rebeldía de Antonio Rattín en el Mundial 1966 y de aquel cruce en el Azteca en el cual Diego Armando Maradona se consagró definitivamente como un mito, el destino de ambos seleccionados había tenido un ida y vuelta fundacional a principios de la década de 1950.
Entre 1951 y 1953, Argentina e Inglaterra comenzaron a odiarse y respetarse, en una relación de tensión permanente que se sostuvo a través de las décadas, por supuesto alimentada por cuestiones históricas e, inclusive, la cruel Guerra de Malvinas de 1982.
En ESPN.com rememoramos aquel origen que resume el orgullo rioplatense, la alcurnia británica, un arquero argentino convertido en león, un gol que desafió las leyes de la física y hasta un partido que, según desde dónde se lo mire, puede ser oficial o un amistoso porque, curioso argumento, no jugaron los titulares sino los suplentes ingleses.
1951: el juego en la Catedral y el bautismo del “León de Wembley”
El 9 de mayo de 1951 no fue una fecha más para el fútbol argentino. Significó romper con años de “aislamiento internacional” y medir, de una vez por todas, de qué madera estaba hecho el jugador criollo frente a los inventores del juego.
El escenario no podía ser más imponente: el mítico estadio de Wembley, en Londres.
Argentina asumió un desafío que imponía un respeto reverencial, al convertirse en el primer seleccionado extranjero, no perteneciente a las islas británica, en pisar el césped de la mítica catedral del fútbol inglés.
El partido fue una batalla de titanes. Para sorpresa de los locales, la Selección Argentina golpeó primero. A los 18 minutos, el indomable delantero Mario Boyé conectó un soberbio cabezazo que abrió el marcador y causó estupor en las gradas londinenses.
De todos modos, Inglaterra impuso su jerarquía y dio vuelta el resultado, para ganar 2-1, con goles de Stan Mortensen y Jackie Milburn.
No obstante, el resultado final quedó en un segundo plano ante la colosal exhibición de un solo hombre. Un deportista que ese día se convirtió en leyenda: el arquero argentino Miguel Ángel Rugilo tuvo una actuación consagratoria y se ganó el apodo de “el León de Wembley”.
Sus atajadas espectaculares y acrobáticas ante el asedio británico dejaron atónito al público local y a la prensa inglesa.
Aquella tarde, la celeste y blanca perdió el partido, pero se ganó el respeto del mundo. “Si de algún modo podría definirse la fisonomía del match sería diciendo que los ingleses ganaron por cansancio. Obtuvieron dos tantos cuando ya los hombres de la defensa argentina no daban más, agotados al cabo de ochenta minutos de trabajo extenuante”, escribió Félix Daniel Frascara, en El Gráfico. “Consideramos que el cuadro argentino cayó con todos los honores”, agregó.
“Los ingleses siguen siendo invencibles en su reducto. El fútbol argentino no ha logrado la enorme satisfacción de acreditarse una victoria que hubiera sido histórica”, detalló.
“Se ha perdido un match de fútbol, en buena ley, limpiamente. Y he aquí lo que merece destacarse: el triunfo de todos en la faz deportiva”, concluyó Frascara.
1953: la revancha en Buenos Aires y el “gol Imposible” de Grillo
Dos años después, los ingleses colgaron sus trajes de etiqueta para viajar a Sudamérica. La revancha sería en el Estadio Monumental de River, colmado por una multitud ansiosa de gloria.
La gira británica estipulaba una serie de dos encuentros, pero fue el primero el que se metió en las páginas doradas del deporte más popular de Argentina.
El 14 de mayo de 1953, Inglaterra se puso en ventaja con un gol de cabeza de Taylor. Sin embargo, la reacción argentina fue contundente y desembocó en un histórico triunfo 3-1.
Rodolfo Micheli anotó uno de los tantos, el segundo, pero los flashes y la eternidad se los llevó el delantero Ernesto Grillo, autor de un doblete magistral, para el deleite de 86 mil personas.
Anatomía de un milagro: el “gol imposible”
El empate de Grillo fue calificado como “el gol imposible”. El atacante recibió la pelota, gambeteó a tres defensores ingleses dentro del área y, cuando se quedó casi sin ángulo de tiro, sobre la mismísima línea de fondo, sacó un remate fulminante que tomó por sorpresa al arquero inglés.
Nadie entendió cómo entró esa pelota. Fue tal la genialidad que, en homenaje a esa acción, se instauró en el país el “Día del Futbolista”.
Aquel 3-1 significó la primera victoria de Argentina sobre Inglaterra, aunque los dirigentes británicos alegaron que el equipo que jugó en cancha de River fue un combinado de la liga local y no el seleccionado inglés.
Para la Asociación del Fútbol Argentino (AFA) y para el pueblo argentino, aquella salvedad planteada por los ingleses no importó demasiado: la victoria sigue guardada entre los triunfos más sagrados de la celeste y blanca, y nada menos que contra los inventores del fútbol.
“La victoria del equipo argentino, 3 a 1, produjo la satisfacción que es fácil imaginar. Dejando para el comentario los detalles dignos de analizarse, corresponde ante todo señalar la trascendencia que tiene el hecho en sí mismo: el fútbol argentino ha logrado la primera victoria sobre un seleccionado inglés”, escribió Frascara, en El Gráfico, después de ese juego.
“Se dirá que en el del jueves no jugó la Selección Inglesa, así con mayúsculas, pero l0 que entendemos nosotros es que los 18 jugadores, y no solamente 11, son los que forman la selección. Y aunque haya un elenco ‘titular’, entre los integrantes de él y los considerados ‘suplentes’, no puede existir una gran diferencia”.
El “partido invisible” y el prólogo de la eternidad
La historia de aquella gira de 1953 se cerró tres días más tarde, el 17 de mayo, con un segundo partido programado en el mismo escenario del barrio porteño de Núñez. De todas maneras, el cielo de Buenos Aires decretó que la mística ya se había agotado en los botines de Grillo, aunque hubiera 93 mil espectadores en las tribunas del Monumental.
Una lluvia torrencial e implacable inundó el campo de juego, transformándolo en un lodazal en el que resultaba imposible jugar. Luego de poco más de 20 minutos de juego, y con el marcador 0-0, el encuentro debió ser suspendido definitivamente.
Aquel “partido invisible” le bajó el telón a la primera gran era de los Argentina vs. Inglaterra.
Muchísimos años después de aquellas batallas de barro, orgullo, arqueros convertidos en leones y delanteros desafiando las leyes de la física, el Mundial 2026 vuelve a poner cara a cara a dos selecciones que, a lo largo de la historia, se convirtieron en clásicos rivales del fútbol mundial.
Los nombres cambiaron, pero el espíritu de Rugilo, Boyé y Grillo sigue flotando en el aire.
