MÉXICO -- Las palabras de Samuel Eto'o son una radiografía de las entrañas de la selección de Camerún, un equipo que hace más de dos décadas fue valuado como la joya de la corona africana, pero que ha devaluado sus quilates en la última década: "Nos relajamos y morimos en nuestro propio éxito".
Su selección pasó al quinto partido en el Mundial de Italia, fue campeona olímpica en Sydney 2000 y ganó las primeras dos Copas Africanas que se disputaron este siglo. Pero ahí todo se quebró. Eto'o, jugador de grandes reflectores, cuenta en su biografía Raza de Campeón que "Tras lograr la Copa África de 2002 no hemos levantado la cabeza. Muchos problemas se han acumulado en la selección: una evidente falta de organización y una carencia de compromiso en el vestuario. Antes los jugadores internacionales éramos una familia, pero ahora se ha profesionalizado todo demasiado y ha desaparecido ese espíritu familiar".
Camerún fue el penúltimo lugar en Sudáfrica y hace cuatro mundiales que no rebasa la primera ronda. El equipo se parece más a un sindicato que a un conjunto de fútbol. En esa estructura Eto'o es el líder sindical. El delantero del Chelsea culpa a los dirigentes de su país y a su costal de promesas incumplidas.
Hace 14 años que Camerún ganó los Juegos Olímpicos de Sydney. El viaje para llegar a Australia fue una larga calamidad. El equipo, que volaba desde París, aterrizó en Hong Kong a las 9 de la mañana para una larga escala. Aunque su vuelo salía 14 horas después, los dirigentes les dijeron que no había presupuesto para rentar habitaciones de hotel "y que nos buscáramos la vida hasta las once de la noche que salía nuestro avión hacia Australia". Eto´o, Jeremi y otros jugadores que jugaban en Europa rentaron dos habitaciones para pasar la tarde. Las cosas no habían empezado bien.
La federación había prometido primas por cada triunfo en los olímpicos y los triunfos empezaron a llegar. Después de vencer 3-2 a Kuwait, los jugadores escribieron "Primas" en el pizarrón. Entonces llegó la siguiente bofetada federativa: "Entra Roger Milla y lee las palabras en el tablón, se tensa su rostro y nos vomita: 'Con el partido de mierda que han dado no pueden reclamar nada'. Las primas no llegaron, pero se acercaba el momento de apretar. Camerún llegó a la final contra España, tras eliminar al Brasil de Ronaldinho y entonces sí se sentó a la mesa con la amenaza de no jugar. Eto'o le dijo a Joseph Owona, ministro de deportes: "Nos han prometido 15 mil euros por llegar a la final y aún no hemos visto nada". La primera respuesta fue una negativa y la negociación duró hasta las cinco de la mañana. La Federación ofreció 12 mil 500 euros a pagar esa noche y 2 mil 500 más al aterrizar en Camerún. Eto'o hizo una contrapropuesta: "15 mil euros ahora y 7 mil 500 si ganamos la final". A los directivos no les quedó más que aceptar.
Camerún enfrentó a España sin dormir, pero con muchos sueños de ganar el oro. Lo logró. El equipo volvió a su país y fue recibido como rey del Mundo. El presidente Paul Biya los recibió en el Palacio Presidencial y estrechó la mano uno a uno. Cuando llegó a Eto'o puso la mano sobre su hombro y le dijo: "A partir de ahora tú has de llevar la dirección de la selección". El encargo no ha terminado. Catorce años después, Eto'o tiene los mismos reclamos. Camerún llega tarde a Brasil, con las dudas de su eficiencia en la cancha y con la inestabilidad de tener cuatro técnicos en los últimos cuatro años. Sin embargo, ya tiene las primas en el bolsillo.
