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Jim Clark, el granjero que supo dominar la Fórmula Uno

MÉXICO -- Nunca intentó que el automovilismo fuese su vida y sin embargo, fue el mejor del mundo en el deporte en el que se inició en una granja como pasatiempo. Casi invencible en el auto, parecía vulnerable fuera del mismo y siempre fue un héroe instintivo. Pocos campeones han sido tan dominantes. Pocos son tan afectuosamente recordados.

James Clark Junior nació el cuatro de marzo de 1936 y creció junto con sus cuatro hermanas y su familia en una granja en las colinas escocesas de Berwickshire, cerca de la frontera con Inglaterra. Condujo por primera vez secretamente y después se le permitió manejar los tractores. Jim consiguió su licencia a los 17 años, para entonces ya había dejado la escuela y trabajaba de tiempo completo en la granja. Con fines de transporte –siempre se le inculco que el automóvil solo era de uso práctico- compró un Sunbeam Talbot y en 1956 lo empezó a usar para competir en rallies locales. Rápidamente se graduó en los clubes de competición al ganar varios eventos a los cuales era inscrito por acaudalados amigos entusiastas al automovilismo, sin los cuales no hubiese llegado muy lejos. Le avergonzaba ser el foco de atención cuando ganaba, y se sentía culpable de competir debido a que a su familia no lo aceptaba.

Impulsado por sus amigos, tomó el automovilismo con más seriedad y demostró un innato talento que asombró a todos, incluso a él mismo.

En 1958 compitió en Brands Hatch en un pequeño Lotus Elite e impresionó a quien ganó la carrera en un auto idéntico, Colin Chapman. El diseñador lo invitó a participar en el equipo Lotus Junior y para 1960 fue promovido al equipo de F-1. Ese mismo año en el Gran Premio de Bélgica vivió un momento traumático: en las primeras vueltas, Chris Bristow chocó con su Cooper y Clark apenas y pudo evitar pasar por encima de los mutilados restos de su colega, pero su auto quedó salpicado de sangre; posteriormente, su compañero de equipo, Alan Stacey, murió después de que un ave colisionara con su rostro. Jim admitió que tras esos incidentes estuvo a punto de dejar el automovilismo. Odiaría SPA y aun así ganaría ahí cuatro veces.

Al año siguiente, en su primera temporada completa en la F-1, el involuntario accidente en Monza con Wolfgang von Trips, en el cual resultó muerto el alemán y 14 aficionados, volvió a devastar al escoces quien de nuevo pensó en dejar el deporte.

Durante las siguientes cuatro temporadas el dúo Clark-Lotus solo podía ser vencido debido a las fallas mecánicas del auto; era rápido pero poco confiable. Clark perdió el campeonato en 1962 solo por una fuga de aceite en la última carrera. Pero en 1963 todo se puso en orden y tras siete victorias, fácilmente ganó su primer título mundial. Al año siguiente de nuevo perdió el campeonato en la última carrera por una fuga de aceite. En la siguiente campaña volvió a dominar al vencer en seis de las 10 competencias y lograr su segundo campeonato mundial.

No le gustaban las entrevistas ni las conferencias de prensa y si bien era querido por sus camaradas, nadie realmente era amigo de Clark; Hill y Stewart solo lo veían como un rival más a batir. Sumamente seguro en el auto, fuera del coche se la pasaba comiéndose las uñas y era increíblemente indeciso –le costaba decidir en cuál restaurante comer.

En 1966 estuvo a punto de dejar Lotus debido a su poca competitividad, pero su paciencia le fue recompensada cuando en 1968 ganó el primer GP y llegó a las 25 victorias sobrepasando la marca de Fangio. Como el argentino, Clark era de los pilotos más seguros y confiables y se vio involucrado en pocos accidentes, pero el siete de abril de 1968 el Lotus tuvo una falla en un neumático en una carrera de F2 en Hockenheim, Alemania, y Jim Clark murió.

Colin Chapman dijo que había perdido a su mejor amigo.