La WNBA es mucho más grande que una sola estrella

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En la campaña de su aniversario 30, la WNBA demuestra que su universo va más allá que la número 22 de Indiana.


Durante un par de años pareció que hablar de la WNBA obligaba a comenzar y terminar la conversación con Caitlin Clark. Su llegada cambió audiencias, asistencia, conversación digital y exposición mediática. Negarlo sería absurdo.

Pero existe una enorme diferencia entre tener a una superestrella y depender de ella. En la temporada de su 30 aniversario, la WNBA está demostrando que su universo es bastante más grande que el número 22 de Indiana.

Abra el libro de récords y encontrará tachones por todos lados. Marcas que llevaban dos, diez, 18 y hasta 23 años han desaparecido durante 2026. Las veteranas siguen construyendo legados, las estrellas en plenitud están atacando a las leyendas y una nueva generación ya comienza a derribar números que hace apenas un par de temporadas parecían extraordinarios. Eso no es una liga sostenida por una jugadora. Es una liga que finalmente puede presumir algo mucho más poderoso: abundancia de talento.

Angel Reese acaba de ofrecer el ejemplo perfecto. Chamique Holdsclaw había capturado 24 rebotes en un partido el 23 de mayo de 2003 y durante más de 23 años nadie llegó a 25. Reese tomó 26 ante Los Angeles y, como si borrar una marca de más de dos décadas no fuera suficiente, esa misma noche alcanzó 458 rebotes en la temporada para superar los 451 que A'ja Wilson consiguió en 2024. Dos récords en unas horas; uno de ellos había sobrevivido prácticamente una generación completa.

Y mientras Reese le quita récords, A'ja Wilson persigue otros. La estrella de Las Vegas acaba de recibir su 32º premio como Jugadora de la Semana del Oeste, récord de conferencia, y está apenas a uno de los 33 de Tina Charles, máxima cifra histórica. Wilson suma 935 puntos en 36 partidos, necesita 65 para alcanzar nuevamente los 1,000 y ya tiene 191 juegos de por vida con al menos 20 puntos, segunda solamente detrás de Diana Taurasi, que terminó con 259. A estas alturas Wilson tiene un problema curioso: varias veces su competencia estadística más complicada termina siendo ella misma.

Detrás vienen Paige Bueckers y Olivia Miles con el acelerador atorado. Bueckers llegó a 1,000 puntos en su partido número 52 y se convirtió en la jugadora más rápida en combinar 1,000 puntos y 250 asistencias; además, su 6 de 6 desde la línea de tres contra Seattle empató el récord de la liga de más triples anotados en un juego sin fallo. Miles, mientras tanto, necesitó únicamente 18 partidos para llegar a 300 puntos y 100 asistencias, uno menos que Clark y Bueckers, y alcanzó 700 puntos y 200 asistencias en 36 encuentros, contra los 37 que necesitó Caitlin.

Y aquí aparece una de las mejores historias de este aniversario. Miles ya superó las 224 asistencias que Ticha Penicheiro consiguió como novata, pero todavía no posee el récord rookie: Caitlin Clark mantiene esa marca con 337 en 2024. La aclaración importa porque no hace falta fabricar récords donde no existen. Más interesante resulta que Clark, apenas dos años después de romper el libro, ya se haya convertido en referencia para las que vienen detrás. Así funciona una liga saludable: una generación establece el estándar y la siguiente llega preguntando cuánto falta para romperlo.

Marina Mabrey también decidió incendiar la estadística. Anotó 53 puntos y nueve triples contra Los Angeles. Ninguno fue récord absoluto en solitario: los 53 igualaron la marca que ya tenían Liz Cambage y A'ja Wilson, mientras los nueve triples también empataron el máximo histórico. Pero esa noche Toronto anotó 125 puntos y dejó claro que una franquicia de expansión también puede generar capítulos memorables desde su primera temporada. Nada mal para una liga que algunos todavía pretenden explicar con un solo apellido.

Hay récords que impresionan por el número y otros por el tiempo que permanecieron intactos. Brittney Griner consiguió el tapón número 878 y superó los 877 de Margo Dydek, una marca que había permanecido en la cima aproximadamente 18 años. Kamilla Cardoso terminó 13 de 13 de campo para superar el 12 de 12 de Nneka Ogwumike, vigente desde 2016. Kelsey Mitchell alcanzó 21 partidos consecutivos con 20 o más puntos y dejó atrás los 20 de Wilson. Dieciocho años, diez años y otra marca moderna al archivo en cuestión de semanas.

Y Caitlin Clark tampoco desaparece de esta historia. Todo lo contrario. El 17 de julio produjo 45 puntos y 10 asistencias, convirtiéndose en la primera jugadora en la historia de la WNBA con al menos 40 puntos y diez asistencias en el mismo partido. Ése es precisamente el punto: no hace falta disminuir a Clark para engrandecer al resto. Caitlin es parte fundamental del fenómeno; simplemente no es todo el fenómeno.

Los números fuera de la cancha cuentan la misma historia. Toronto llevó un partido a Montreal y 20,996 aficionados llenaron Bell Centre, nuevo récord de temporada regular, superando los 20,711 de Washington en 2024. En 2025 la liga recibió 3.1 millones de aficionados, registró 179 llenos y alcanzó 63.2 millones de espectadores únicos. Y esta temporada, el Atlanta-Indiana promedió 2.6 millones de espectadores por ESPN, con pico de cuatro millones, mientras Portland-Phoenix reunió 1.4 millones sin Indiana involucrado. Sí, Clark vende. Muchísimo. Pero la liga empieza a demostrar que también vende cuando ella no está.

Ésa es quizá la verdadera historia de la temporada 30. La WNBA no está celebrando su pasado colocándolo detrás de una vitrina; lo está haciendo pedazos. La marca de Holdsclaw duró 23 años, la de Dydek alrededor de 18, la perfección de Ogwumike diez y varias cifras establecidas apenas en 2024 ya están bajo ataque. Wilson persigue a Charles, Reese arranca rebotes, Bueckers acelera, Miles desafía a Clark, Mitchell no baja de 20 y Mabrey ya encontró la manera de meter 53 en una noche.

Caitlin consiguió que millones voltearan a mirar. Y cuando lo hicieron encontraron a A'ja Wilson, Angel Reese, Paige Bueckers, Olivia Miles, Kelsey Mitchell, Marina Mabrey, Brittney Griner, Kamilla Cardoso, Napheesa Collier, Breanna Stewart, Sabrina Ionescu, Arike Ogunbowale y Alyssa Thomas, entre muchas otras. Algunas estaban aquí antes que Clark, otras llegaron después y seguramente las siguientes todavía están jugando en alguna universidad. Ésa es la diferencia entre un fenómeno y una liga: el fenómeno consigue que prendas la televisión; la liga consigue que regreses.

Treinta años después del primer balón al aire, la WNBA tiene pasado suficiente para presumir leyendas, presente suficiente para romper sus récords y futuro suficiente para comenzar a borrar las marcas que apenas acaba de establecer. Caitlin Clark es una estrella gigantesca, pero alrededor suyo existe una constelación. Y ésa quizá sea la mejor noticia que puede presumir la liga en su aniversario.

Siga la temporada del 30 aniversario de la WNBA, sus estrellas y la carrera por seguir reescribiendo el libro de récords a través de las pantallas de ESPN y Disney+.