El italiano necesitaba dos puntos en la 19ª fecha de la temporada, fue tercero y festejó el título con apenas 20 años y con cuatro fechas de antelación.
El cambio de normativa técnica que Fórmula 1 estrenó en su 77ª temporada, con nuevos autos y unidades de potencia, cambió la baraja del Mundial. En el reparto nadie dudaba que Mercedes tendría el mejor motor, tal como había ocurrido en 2014 cuando arrancó la era híbrida. El poderío que se intuía en las Flechas de Plata rápidamente se corroboró en la pista y un piloto se convirtió rápidamente en el máximo candidato al título: George Russell. El inglés comenzaba su novena temporada en la máxima categoría y el cartel de máximo aspirante era lógico porque a su lado estaba el jovencito Kimi Antonelli, con apenas una temporada en F1 en la que había cosechado más errores que celebraciones. La apuesta parecía una fija, sin embargo… El pequeñín boloñés dio vuelta la taba y se consagró en el GP de la Ciudad de México y se convirtió en el campeón más joven de la historia de Fórmula 1 con 20 años, 2 meses y siete días y desbancó a Sebastian Vettel, quien lideraba el rubro con 23 años, 4 meses y 11 días.
Antonelli es la gema que Mercedes-Benz, y Toto Wolff especialmente, pulieron durante años para llegar a esta consagración. Rechazado por Ferrari cuanto tenía 11 años porque para Maurizio Arrivabene, entonces presidente de la Scuderia, era muy chico para admitirlo en el programa de desarrollo de jóvenes de la casa italiana. Por entonces, el gurrumín se destacaba notablemente en karting y llegó Toto a su vida. Mercedes lo incorporó de inmediato, sin importar que tuviera 12 años. Su carrera fue meteórica, debutó en autos en 2021, en 2022 fue campeón de F4 Italiana y Alemana, en 2023 se consagró en la Fórmula Regional Europea y de Medio Oriente y en 2024 tuvo un discreto torneo de F2. Poco importaba, su salto a F1 era un hecho.
Antonelli tuvo que llenar unos zapatos muy grandes en Mercedes. Fue ungido como titular después de que Lewis Hamilton abandonara las huestes de las Flechas para cumplir su sueño de Ferrari. Kimi fue la elección de Toto, después de tratar de seducir a Max Verstappen. Tras el rechazo del neerlandés, el italiano fue confirmado para 2025. Pero su año lejos estuvo de ser bueno. Errores y apenas tres podios fue el colofón de la temporada. Durante buena parte del año pasado, el director del equipo alemán volvió a la carga con ese viejo amor que no pudo conquistar: Verstappen. La fidelidad del tetracampeón a la casa de las bebidas energizantes llevó a que el italiano tuviera su segundo año de F1. Y allí explotó.
La temporada arrancó por el camino de aquella lógica que se esperaba: Russell ganó en Australia y Kimi completó el 1-2 de Mercedes. A partir de ahí, lo impensado. El jovencito enhebró cinco triunfos en fila, con el GP de Mónaco incluido. Bestial. Sí, el W17 fue superior al resto en 2026, especialmente en la primera parte de la temporada. Pero la paliza que le dio a su experimentado compañero fue brutal. Con la victoria en el GP de Estados Unidos, Antonelli llegó a su novena victoria en la temporada y, claro, en su historial. En 18 Grandes Premios había sumado un triunfo más que Russell en 170…
Kimi llegó a México casi campeón. Apenas le faltaban dos puntos y con ser noveno le alcanzaba. Y hasta sin anotar, porque con la diferencia que llevaba tanto Russell como Hamilton debían ganar sí o sí para mantener alguna alternativa. Las cuentas cerraban por todos lados para que Antonelli pudiera conseguir el título y así fue. Más allá de la tensión que sufrió y reconoció durante un fin de semana distinto y que tuvo como agregado una bandera roja que estiró aún más la celebración. Y hasta se la jugó tras el relanzamiento para superar a Charles Leclerc, ser tercero y poder consagrarse desde el podio, lugar que visitó por 16ª vez en 19 carreras este año.
Antonelli se consagró campeón con cuatro fechas de antelación para el final del campeonato con una abrumadora superioridad. Porque además de vencer con claridad a Russell, detrás tenía a pilotos campeones como Verstappen, Hamilton o Norris que querían ese lugar. Es cierto que el rendimiento del Mercedes fue superior a Ferrari, Red Bull y McLaren, aunque por momentos en la temporada las tres marcas tuvieron sus picos. Pero Kimi, por su juventud y estar en apenas su segunda temporada, podía flaquear en algún momento. Lejos estuvo de hacerlo, se mantuvo firme durante todo el año.
Dos años atrás, Antonelli se subía por primera vez a un auto de F1 en una de las sesiones de novatos de FP1 en Monza. Justo ante su público, ese que lamenta no verlo vestido de rojo porque en Italia todo gira alrededor de Ferrari. El estreno no podía ser peor: se despistó en la Parabólica y destruyó el Mercedes de Russell. En ese momento, muchos del mundo F1 hicieron alguna mueca porque había tanto ruido detrás de ese jovencito que destruir un auto ante el mundo lo dejaba tambaleante. Dos años más tarde se consagró campeón, mostrando que todas aquellas alabanzas con las que llegó al Mundial tenían un claro sustento.
Italia vuelve a tener un piloto campeón después de 73 años, desde que Alberto Ascari se consagrara bicampeón en 1953. Es apenas el tercer italiano en lograr la corona, porque la primera de la historia fue de Nino Farina, en 1950. Ahora es el turno de un chiquilín italiano, que en diciembre del año pasado terminó la escuela secundaria porque le había promedito a su mamá que así lo haría, que llevó a sus compañeros al GP de Emilia-Romagna de 2025 para mostrarles su mundo, que tiene un carisma y una forma de ser que cautiva, que ama comer la lasaña y los tortellini in bordo que le prepara su abuela, que lleva un rosario de amuleto que su abuela le regaló, que se mudó a vivir solo en San Marino (cerquita de Bologna, su hogar de nacimiento), que durmió muchas veces en la casa de la familia Wolff cuando era un pequeñito que crecía en la academia de Mercedes y que a los 20 años es el campeón más joven de la historia de Fórmula 1.
