Salt Lake está pasando el examen

Concebidos en medio de un escándalo de sobornos y dificultades financieras, los juegos de Salt Lake City no están desentonando

Los canadienses Jamie Sale y Anton Pelletier tendrán su medalla de oro.
SALT LAKE CITY -- Con una cascada de récords mundiales y resultados inesperados, los Juegos Olímpicos de Invierno navegan viento en popa, dejando en un segundo plano las irritantes medidas de seguridad y el temor de que el nacionalismo estadounidense se pasase de la raya.

Concebidos en medio de un escándalo de sobornos y dificultades financieras, los juegos de Salt Lake City no están desentonando.

Los espectadores estadounidenses han ovacionado a los deportistas de todos los países, aunque han reservado sus mejores vítores para los dueños de casa.

"El ambiente es fantástico y (Salt Lake) está dando la talla", indicó el director general del Comité Olímpico Internacional Francois Carrard.

"Todo marcha según lo planeado", declaró el jefe del comité organizador de los juegos Mitt Romney. "Se han dado contratiempos, pero yo diría que contados".

Quizá el más notorio fue la larga cola de autobuses, con 3.000 aficionados, que no pudo el domingo llegar a tiempo a la estación de esquí Snowbasin para el descenso alpino, la prueba reina de los juegos, debido a las estrictas medidas de seguridad.

Otro punto en contra ocurrió el lunes con el polémico fallo en la final de la competencia por parejas del patinaje artístico.

En lo que parece ser una tormenta que no quiere amainar, los jueces han sido blanco de duras críticas por haber otorgado la medalla de oro a una pareja rusa que cometió más de un error en detrimento de una canadiense que tuvo una rutina brillante e impecable.

Más allá de esa polémica, los juegos han registrado varios aciertos, desde una emotiva y colorida ceremonia de apertura a sensacionales presentaciones de los deportistas.

La lucha por las medallas ha sido pareja. Cumplidas cuatro jornadas hasta el martes, sólo dos países han conquistado más de dos medallas de oro. Doce países han obtenido preseas de oro tras 19 finales.

Varias de las luminarias se han tenido que consolar con segundos o terceros lugares, como le pasó al esquiador austriaco Stephan Eberharter en el descenso alpino y a la biatleta sueca Magdalena Forsberg.

Otros, como la patinadora alemana Anni Friesinger y la esquiadora estadounidese Picabo Street, se quedaron fuera del podio.

Pero lo que ha sido la debacle de muchos, se ha convertido en la ganancia de otros.

Por ejemplo, el austríaco Fritz Strobl, quien nunca había ganado un título grande y ahora es el dueño del más preciado: el oro en el descenso.

El alemán Georg Hackl vino en busca de una cuarta medalla olímpica de oro consecutiva en el luge, pero tuvo que cederle su trono al italiano Armin Zoeggeler.

Con la complicidad del óvalo olímpico de Utah, el patinaje de velocidad arrojó récord mundiales en sus primera dos pruebas: los 5.000 metros masculinos y los 3.000 femeninos.

El holandés Jochem Uyldehaage le rebanó 3,32 segundos al récord mundial que media hora antes había fijado el estadounidense Derek Parra.

Al día siguiente, la alemana Claudia Pechstein estableció un récord mundial en los 3.000 metros mientras que Friesinger terminaba cuarta.

-AP

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Salt Lake City 2002
miércoles, 13 de febrero
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