River se juega el año en la Sudamericana: cómo puede recuperar el gol el equipo de Coudet

River llega a los octavos de final de la CONMEBOL Sudamericana con una contradicción difícil de esconder. Hace poco más de dos meses terminó primero de su grupo continental y consiguió la clasificación directa a esta instancia. Hoy atraviesa una crisis que alcanzó una dimensión histórica: perdió los cuatro partidos que disputó en el Torneo Clausura, todavía no convirtió y acumula seis derrotas consecutivas en competencias locales.

Juega la ida ante Independiente Santa Fe en El Campín el miércoles 12 de agosto a las 21:30 (ARG/URU), 20:30 (CHI) y 19:30 (COL/PER/ECU) y se puede ver en vivo por el Plan Premium Disney+ (solo para Sudamérica).

La caída 1-0 ante Tigre profundizó un momento que ya había quedado expuesto con Barracas Central, Gimnasia y Rosario Central. A esas cuatro derrotas del Clausura se sumaron la eliminación de la Copa Argentina frente a Aldosivi y la caída en la final del Apertura ante Belgrano. River atraviesa, según los registros difundidos tras la derrota en Victoria, su peor racha de derrotas consecutivas en el ámbito local.

Eduardo Coudet sabe que el problema está principalmente en el área rival. Después de la caída ante Gimnasia reconoció: “Deberíamos desequilibrar más y generar más situaciones de gol. No lo estamos logrando”. Días antes había definido su dificultad para encontrar el funcionamiento que pretende con una frase todavía más contundente: “A nivel personal, es la vez que más me está costando hacer jugar a un equipo como quiero que juegue”.

El mercado, mientras tanto, le entregó nombres capaces de cambiar el escenario: Nicolás Otamendi, Ángel Correa, Thiago Almada y Lucas Beltrán se sumaron a un plantel que también recuperó a Rafael Santos Borré. La jerarquía está. La cuestión pasa por convertir esos nombres en sociedades, profundidad y goles. Y la Sudamericana aparece como el escenario inmediato para conseguirlo.

El problema que River arrastra desde el Clausura

Los cuatro partidos del torneo local entregaron un dato contundente: River no marcó ningún gol. Perdió 1-0 contra Barracas Central, Gimnasia, Rosario Central y Tigre. El equipo consiguió tener la pelota durante distintos tramos, pero esa posesión no se transformó en suficientes situaciones claras.

La derrota ante Tigre volvió a mostrar esa dificultad. River tuvo momentos de control territorial, pero careció de profundidad para lastimar cerca del área. El equipo necesitó demasiados pases para llegar a posiciones de definición y terminó dependiendo de alguna acción aislada para intentar modificar el resultado.

El diagnóstico de Coudet apunta justamente hacia allí. “No creo que pase por la intensidad. Casi no permitimos que el rival juegue”, explicó después del partido ante Gimnasia. Y enseguida señaló el déficit que considera central: “Son situaciones en las que terminamos pecando por no terminar las jugadas”.

La diferencia entre tener el control y generar peligro se convirtió en el gran problema de River. Los rivales pueden replegarse, esperar el error y defender una ventaja mínima porque el equipo de Coudet todavía no encuentra suficientes caminos para romper bloques cerrados.

La crisis en River también tiene un componente de confianzar

El fútbol ofensivo necesita mecanismos, pero también necesita confianza. River llegó a este tramo del año después de una seguidilla de golpes que fue acumulándose. La final perdida ante Belgrano, la eliminación de la Copa Argentina frente a Aldosivi y el comienzo del Clausura con cuatro derrotas consecutivas construyeron un escenario en el que cada nuevo partido aumenta la presión.

Coudet tampoco esquivó esa realidad. “Es un momento muy difícil. Hay que trabajar mucho, mejorar mucho los niveles. No hemos tenido el tiempo para que encuentren su mejor versión”, reconoció después de la derrota ante Gimnasia.

La frase también sirve para entender el momento del plantel. River incorporó muchos jugadores y modificó buena parte de su estructura en un período muy corto. Los refuerzos todavía tienen que conocer los movimientos de sus compañeros, adaptarse a las exigencias del equipo y encontrar su lugar dentro de un funcionamiento que ya venía mostrando problemas.

Por eso la Sudamericana puede convertirse en un punto de inflexión. Un buen resultado ante Independiente Santa Fe permitiría recuperar confianza y cambiar el clima alrededor del equipo. Una nueva derrota, en cambio, prolongaría una crisis que ya dejó de ser explicada solamente por una mala racha.

Almada, Correa y Beltrán: las nuevas respuestas para el ataque

Thiago Almada representa una de las grandes esperanzas de River para recuperar creatividad. Su capacidad para recibir entre líneas, conducir y jugar de frente puede darle al equipo algo que perdió durante las primeras fechas del Clausura: aceleración en los últimos metros.

Coudet, sin embargo, fue prudente con su incorporación. Almada llegó después de un período de vacaciones y el entrenador explicó que no quería exponerlo inmediatamente en Bogotá. “Sería egoísta de mi parte que Thiago, que estaba de vacaciones, juegue en la altura de Bogotá, sería irreal”, sostuvo. La declaración refleja una dificultad concreta: el jugador puede ser una solución, pero necesita tiempo para ponerse a punto.

Ángel Correa ofrece otra alternativa. Su capacidad para moverse detrás del delantero, asociarse y atacar espacios puede ayudar a conectar un mediocampo que durante el Clausura quedó demasiado separado de los atacantes. River necesita que Correa reciba más cerca del área y que sus movimientos arrastren marcas. Todavía debe amoldarse al equipo,

Lucas Beltrán, por su parte, volvió al club con la expectativa de aportar presencia ofensiva. Sin embargo, quedó fuera de la lista de buena fe para esta instancia de la Sudamericana, mientras Rafael Santos Borré fue incluido. Esa decisión le da al colombiano una responsabilidad inmediata: River necesita que su regreso tenga impacto en el arco rival.

Borré vuelve a escena cuando River más necesita un delantero

La elección de Borré para los octavos tiene una explicación futbolística. El colombiano conoce el club, ya fue protagonista en noches internacionales con River y puede participar de la presión, moverse fuera del área y atacar los espacios.

Pero también tendrá que recuperar ritmo y confianza. River necesita un delantero capaz de convertir las situaciones que el equipo consiga generar, aunque el problema actual excede al nueve. Si el equipo no consigue ponerlo en condiciones favorables, ningún delantero podrá solucionar por sí solo la sequía.

Ahí aparece otra de las claves de Coudet: conseguir que Borré reciba más cerca del área y acompañado. Correa puede moverse detrás suyo; los extremos y laterales tendrán que aportar amplitud.

River necesita volver a construir ataques que terminen dentro del área. Durante las primeras fechas del Clausura, muchas jugadas terminaron lejos de una posición de remate. La llegada de nuevos futbolistas permite imaginar soluciones, pero esas soluciones tendrán que aparecer dentro de la cancha.

Otamendi puede darle otra personalidad al equipo

Nicolás Otamendi llegó para aportar jerarquía, experiencia y liderazgo. Su recorrido internacional y su conocimiento de partidos de máxima presión lo convierten en una figura importante para un equipo que atraviesa un momento emocional delicado.

El defensor también puede ayudar desde la salida. River necesita que la primera línea encuentre pases verticales que permitan superar la primera presión y acercar rápidamente la pelota a Almada, Correa o los delanteros.

Su presencia puede resultar todavía más importante en la Sudamericana. En una serie de eliminación directa, el equipo necesita administrar mejor los momentos. Otamendi puede contribuir con experiencia para sostener ventajas, ordenar la defensa y evitar que el partido se transforme en una sucesión de ataques desesperados.

También puede convertirse en uno de los líderes capaces de acompañar la adaptación de los recién llegados. River necesita reconstruir una identidad y los referentes tienen un papel importante en ese proceso.

El mercado fue enorme de River, pero el equipo todavía no apareció

River realizó una inversión muy importante durante este mercado y sumó futbolistas de enorme recorrido. La llegada de Otamendi, Correa, Almada y Beltrán modificó las expectativas alrededor del equipo y mostró que la dirigencia decidió apostar fuerte para el segundo semestre. Un análisis publicado recientemente estimó la inversión total del club en refuerzos en torno a los 67,7 millones de dólares.

El problema es que el fútbol no transforma automáticamente una inversión en resultados. Los jugadores necesitan tiempo para adaptarse, entrenar juntos y construir sociedades. Coudet lo había advertido incluso antes de que se completara el mercado: “River va a traer muchos jugadores más. Necesitamos tres o cuatro jugadores en distintas posiciones, donde hoy tenemos muchos juveniles”.

La frase adquiere otra dimensión después de las cuatro derrotas del Clausura. El entrenador recibió las herramientas que había pedido, pero ahora debe encontrar rápidamente una estructura que permita aprovecharlas.

El desafío consiste en acelerar un proceso que normalmente requiere semanas. La Sudamericana no ofrece ese margen. River tiene que competir mientras todavía termina de armarse.

Santa Fe y la altura: la primera prueba para la reconstrucción

Independiente Santa Fe será el primer obstáculo en esta nueva etapa. La serie obliga a River a jugar el partido de ida en Bogotá, un escenario que añade la dificultad física de la altura y modifica la planificación del entrenador.

Coudet ya tomó una decisión relacionada con ese contexto: no considera conveniente apurar a Almada en su debut continental, aunque fue incluído en la lista que viajará. La prioridad será que el jugador llegue en condiciones para participar cuando pueda hacerlo con garantías.

River tendrá que administrar los tiempos del partido. La presión alta permanente puede resultar costosa y Santa Fe intentará aprovechar cualquier pérdida de energía. El equipo argentino necesitará elegir cuándo acelerar y cuándo bajar el ritmo.

También deberá evitar otro problema recurrente: recibir un gol y quedar obligado a remontar. En las cuatro fechas del Clausura, cada rival que se puso arriba terminó llevándose el partido. La Sudamericana exigirá una respuesta diferente.

River necesita volver a convertir antes de pensar en llegar lejos

El problema de River tiene una dimensión futbolística y otra emocional. El equipo perdió seis partidos consecutivos en competencias locales, todavía no marcó en el Clausura y quedó eliminado de la Copa Argentina. La presión alrededor de Coudet creció hasta poner en duda su continuidad.

El entrenador lo resumió después de la última derrota con una frase que expone el margen que queda: “Tenemos que empezar a ganar, yo no busco culpable”. También reconoció la responsabilidad personal que tiene frente al momento. Esa postura deja claro que la Sudamericana será evaluada como parte de una respuesta inmediata.

River tiene futbolistas para cambiar el escenario. Almada puede aportar creatividad, Correa puede darle movilidad al ataque, Borré puede convertirse en referencia ofensiva y Otamendi puede fortalecer una defensa que necesita liderazgo. Beltrán espera su oportunidad fuera de la lista continental.

La cuestión será colectiva. River tiene que volver a generar ocasiones, encontrar sociedades y convertirlas en goles. El equipo necesita que sus nuevas figuras puedan integrarse sin que cada partido se transforme en una prueba de supervivencia.

El año todavía tiene una vía grande para ser rescatado. River terminó primero su grupo de Sudamericana, tiene un plantel reforzado y cuenta con una competencia que puede devolverle confianza. La conquista del torneo, además, otorgaría un lugar en la Copa Libertadores 2027.

Por eso Santa Fe aparece en un momento determinante. River necesita recuperar el gol, pero detrás de esa búsqueda hay algo más profundo: recuperar una idea de juego, recuperar confianza y demostrar que el equipo que brilló en la fase de grupos todavía existe. Coudet recibió refuerzos de jerarquía. Ahora necesita convertirlos en un equipo capaz de competir.