ATLANTA (Enviado especial) – Lionel Messi se separa del resto y contempla todo desde el piso. Lo mismo hace Rodrigo De Paul. Licha Martínez agarra el bombo. Lautaro Martínez parece maestro de orquesta en la coreografía. Enzo Fernández revolea la camiseta como uno de los que deliran en las tribunas de Atlanta Stadium.
Acaba de terminar otra hazaña de la Selección Argentina, que se lo dio vuelta sobre la hora a Inglaterra en el clásico para meterse en la final del Mundial 2026, y nadie se quiere ir. “El domingo cueste lo que cueste, el domingo tenemos que ganar…”, es la súplica de la gente.
La Albiceleste, con mucho fútbol y juego, logró revertir la historia tras el gol de Gordon y dejó atrás el sufrimiento, el drama y toda la incertidumbre que hubo por el resultado. Los de Lionel Scaloni se despertaron en el momento justo y se enfrentarán con España el próximo domingo.
Argentina se llevó puesta a Inglaterra para una victoria inolvidable
Los de Tuchel se olvidaron de jugar después de ponerse en ventaja. Eran 10 voluntades tratando de defender cerquita de su arquero. En ese momento, el mediocampo volvió a ser el de siempre. Ya sin Leandro Paredes, pero con Enzo Fernández como eje y como principal protagonista de acciones de peligro por su notable pegada que hizo revolear a Pickford de acá para allá.
Los cambios trajeron resultados. Nico González fue una amenaza por izquierda y también con su enorme capacidad para cabecear. Entró muy bien Rodrigo De Paul, con su carácter de siempre en una parada brava. También Nicolás Otamendi para ordenar una defensa diezmada y Gonzalo Montiel para abrir la cancha por derecha.
La consecuencia de ese modificaciones llevaron al derechazo cruzado de Enzo a los 85, que se transformó en el 1-1. Un festejo a lo "Topo Gigio" y creer que se podía ganar empujado por su gente. Como contra Cabo Verde, Egipto y Suiza. La Selección que nunca se da por vencida y que esta vez se reencontró con su mejor versión en el momento adecuado.
Ya corrían los 9 minutos de descuento. El poste se lo negó por segunda vez a Alexis Mac Allister, pero la pelota le cayó a Leo. Y claro, de la zurda del 10 salió un centro perfecto para la cabeza de Lautaro Martínez. El Toro es sinónimo de gol aunque tenga pocos minutos.
Todos los abrazos fueron para el 10, que hasta volvió a ser levantado en andas. A los 39 años, el capitán, líder y emblema de la Albiceleste volverá a jugar una final del mundo.
Nunca se puede subestimar el corazón de un campeón. Y si encima recupera la identidad y se entienden los que tan bien juegan a la pelota, tiene motivos para ilusionarse con conseguir todavía más gloria.
