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La despedida del Muñeco Gallardo de Nacional con una promesa al pie de la cama de un hospital

El Parque Central estallaba. Después de cuatro fechas, Nacional lograba su primer triunfo en el campeonato. La gente se retiraba por las calles cantando y rememorando lo que había sido el gol del triunfo convertido por el "Morro" Santiago García. La imagen contrastaba con lo que sucedía en una solitaria habitación de un hospital. Allí, postrado en una camilla, Marcelo Gallardo esperaba el momento de ser trasladado a la sala de operaciones.

Minutos antes de entrar al bloc quirúrgico llegó al presidente de Nacional, Ricardo Alarcón. Al pie de la camilla, le tomó la mano a Gallardo y le dijo: “Marcelo mirá que te trajimos para salir campeón”. El argentino, que estaba sumamente apesadumbrado por la rotura del tendón rotuliano aquella tarde contra Bella Vista, lo miró a Don Ricardo y respondió por lo bajo: “Quédese tranquilo presi que vamos a salir campeones”. Y se lo llevaron.

La recuperación demandó varios meses de ausencia. Aquellas dudas que se habían generado cuando lo contrataron, se incrementaron. Es que la llegada de Marcelo Gallardo a Nacional fue bajo un ambiente de críticas. No todo fue color de rosas.

“No fue fácil traerlo, allí recibimos muchas críticas cuando vino como jugador porque muchos decían que estábamos trayendo a alguien en el ocaso de su carrera, a alguien jubilado”, rememoró el presidente de entonces, Ricardo Alarcón.

Gallardo había cerrado el ciclo en el club de su vida, River Plate, tras una charla con el entrenador. “(Ángel) Cappa fue claro en lo que me dijo. Yo tenía un año más de contrato apalabrado con Passarella que no se había firmado pero que en principio iba a ser una realidad. Pero al final del torneo hablé con Ángel (Cappa) y me dijo que por ahí no iba a ser prioridad y simplemente pensé que lo mejor para mi, luego de algunos años vividos en el club, era terminar mi vínculo con River y seguir por otro camino”, expresó el Muñeco en nota con ESPN.

Después de llegar a un entendimiento con Nacional, los dirigentes lo fueron a esperar al aeropuerto. Allí, Alarcón disparó una frase que quedó para la historia: “Con la llegada de Gallardo apostamos al fútbol champagne”.

Marcelo se limitó a expresar: “Estoy contento con la posibilidad, no solamente porque vengo a un equipo grande, un grande de América, sino porque cambia un poco mi aspecto de vida, a esta altura priorizo la calidad de vida que me puede ofrecer este lindo país que me gusta tanto. Montevideo es una linda ciudad”.

LA HUMILDAD DE UN LÍDER

Después de firmar la documentación, el Muñeco fue llevado a Los Céspedes donde le presentaron a sus compañeros.

“Cuando Marcelo llegó vino como la figura y era de una magnitud que no pensábamos nosotros que el tipo fuera tan sencillo. Desde el primer día demostró que era uno más y demostró la grandeza que tiene y eso lo llevó a ser un líder en silencio, desde el arranque”, contó Richard Porta a ESPN.

Cuando llegó algunos jugadores pensaron que el argentino podía tener aires de estrella teniendo en cuenta su recorrido. “Uno a veces se hace ideas, pero como compañero un crack. Muy humilde, muy sincero, pegué muy buena onda enseguida y me llevé muy bien con él”, reveló el hoy lateral de Cerrito, Julián Perujo, a ESPN. El equipo en aquel entonces era conducido técnicamente por Luis González.

El 25 de agosto de 2010 Nacional debutó igualando 1-1 con Wanderers. Gallardo no jugó, como tampoco lo hizo en la segunda fecha donde los tricolores perdieron 0-3 ante Fénix. Recién en la tercera, contra El Tanque Sisley, el Muñeco entró a los 53 minutos por Matías Mirabaje. Igualaron 1 a 1. El inicio no fue el mejor. Las presiones se incrementaron.

En la cuarta jornada del Apertura, González no lo dudó: el argentino salió como titular a enfrentar a Bella Vista con una oncena que formó con Rodrigo Muñoz; Christian Núñez, Alejandro Lembo, Sebastián Coates y Mauricio Pernía; Raúl Ferro, Marcelo Palau, Mauricio Pereyra y Marcelo Gallardo; Santiago García y Horacio Peralta.

Aquel 19 de setiembre fue fatídico. Gallardo fue retirado de la cancha a los once minutos con rotura de tendón rotuliano.

Al poco tiempo de su lesión, y tras perder 1-4 ante Cerro en el Tróccoli, Nacional cambió de entrenador. Llegó Juan Ramón Carrasco. Gallardo estaba en Argentina.

“Recuerdo que la primera parte de la recuperación a realizó en Buenos Aires, rodeado de su familia, pero cuando quedó habilitado para comenzar con las tareas de rehabilitación en la cancha, se vino a Montevideo”, recordó su compañero de entonces Porta.

ADHESIÓN A LA CAUSA

En Nacional no olvidan la imagen de ver llegar a Marcelo Gallardo en muletas para realizar los trabajos de recuperación con el kinesiólogo Walter Ferreyra y el doctor Carlos Suero.

“En lugar de irse a Buenos Aires, la recuperación la hizo con los médicos del club y ahí vimos la adhesión y compromiso porque iba con sus muletas y el yeso a los entrenamientos. Ahí nos dimos cuenta de que estábamos ante alguien distinto”, rememoró el hoy vicepresidente del club, Alejandro Balbi.

El presidente Alarcón agregó: “En esa recuperación estuvo siempre rodeando a sus compañeros, presente todos los días en Los Céspedes. A pesar de que no podía hacer nada, fue de un gran apoyo”.

El inicio de la segunda parte del año no fue sencillo. Nacional arrancó a los tumbos. El 5 de febrero de 2011 igualó 1-1 con Wanderers, luego perdió con Fénix 1-2, cuatro días después debutó en la Libertadores cayendo 0-2 ante América de México. Hasta que el 27 de febrero Carrasco lo llamó a los 77 minutos del partido contra Bella Vista. Nacional ganó 1 a 0. Fue su regreso oficial a la actividad. Pero la vuelta a la vida deportiva ocurrió el 5 de marzo cuando el Bolso enfrentó a Miramar con la cabeza de su DT en la guillotina.

Nacional perdía 1 a 0 y Carrasco lo mandó a la cancha a los 60 minutos. A los 77 el tricolor igualó con gol de Viudez, a los 83 Charquero marcó el segundo y en los descuentos Gallardo hizo un golazo.

Carrasco no tuvo empacho en reconocer la capacidad de Gallardo después que el argentino lo salvó con una actuación brillante contra Miramar.

EL MUÑECO PUERTAS ADENTRO

El entonces delantero Richard Porta, hoy entrenador, y el lateral Julián Perujo, que hoy defiende a Cerrito, compartieron la concentración con Marcelo Gallardo en su pasaje por Nacional.

“Marcelo vivía sobre la rambla en Pocitos y me pasaba a buscar. ¿Sí tenía mate? No... yo llevaba el mate. Lo que sí Marcelo aparecía dos por tres con las medialunas calentitas”, rememoró Perujo en charla con ESPN.

El lateral reveló que Gallardo jamás lo dejó pagar la nafta. “Yo tenía auto y no me dejaba que lo pasara a buscar. Te digo más, cuando estuvo lesionado lo pasé a buscar alguna vez en mi coche, pero después terminé manejando su auto”.

Perujo dice no olvidar las charlas en el viaje. “El Muñe ya estaba recibido de entrenador y tenía las cosas claras en todo sentido”.

Richard Porta aportó que Gallardo se acostumbró a tomar mate con yerba uruguaya.

“Cuando lo fui a visitar a Argentina, en su oficina en River tiene una cocina, y tenía yerba uruguaya, tenía Canarias. Toma mate con yerba de la nuestra”.

Porta agregó: “En la concentración, desde el día uno, era un placer escucharlo. Junto con Julián Perujo lo escuchábamos y él contaba cosas que tenía ganas de contar. Nosotros le preguntábamos algo sobre el Mundial y nos contaba de su preparación, lo mismo de su etapa en Francia. Muchos dicen cuando yo jugaba, yo esto, yo lo otro, Marcelo todo lo contrario. Si vos no le preguntabas, no te decía nada. Le gustaba más hablar de su familia, te preguntaba cómo era tu vida, nunca se puso en primera persona. Cuando se ponía a hablar era maravilloso”, rememoró el hoy entrenador alterno en Defensor Sporting.

“Yo nunca había salido de acá, de hecho fui solo a jugar a Argentina, y en la concentración me gustaba escucharlo hablar de sus experiencias en el exterior. Una de las cosas que recuerdo fue cuando nos contó el porqué de su vuelta a River en su momento cuando era figura en Europa y decidió volver al club donde nació”.

Porta agregó que Gallardo “nunca levantó la voz, nunca dijo nada, nunca marcó pautas y cuando se ponía a hablar había un silencio, todo el mundo escuchaba, eso marcaba el liderazgo como jugador”.

En Los Céspedes no lo olvidan al Muñeco. La gente de la cocina interna, esa que prefiere el anonimato, reveló a ESPN que durante el tiempo de recuperación Marcelo observó todo en Los Céspedes, el lugar de concentración y entrenamiento del club. Analizó a Nacional por dentro.

Hizo amistad con Yudith Tejo que se encargaba de ordenas las habitaciones y con la cocinera Carmen Amaral. “Marcelo se preocupaba por todos nosotros, me preguntaba por los nietos”, expresó Amaral en un video institucional.

A la hora de la comida, Gallardo era uno más. Esperaba el turno cuando le servían la sopa con un cucharon o cuando le pasaban la bandeja con ensalada. “El Muñeco comía las milanesas con puré, los fideos con tuco, nunca tuvo problemas con la comida. Siempre demostró que era espectacular”, rememoró Porta.

Con los funcionarios de la utilería también generó una relación de cariño y respeto.

“Nunca pidió nada especial, se ponía la ropa que le daban. El tiempo que estuvo lesionado se dedicó a observar cómo se manejaba Nacional. Salado observador. Él sabía quién era quién en Nacional. A nosotros nos preguntaba siempre”, rememoró uno de los utileros del club en charla con ESPN.

Aquello que empezó como pesadilla, con malos resultados que derivaron en cambio de entrenador, con una lesión gravísima, largos meses de recuperación y dudas, se terminó convirtiendo en un sueño. Nacional, de la mano de las pinceladas de Marcelo Gallardo, terminó conquistando el Campeonato Uruguayo.

El 12 de junio de 2011 no fue un día más en la vida del Muñeco. Fue extraño. Compartía la felicidad del campeonato con la amarga sensación del adiós.

“Aquella tarde se registró un hecho que fue realmente impactante. En el medio de los festejos todos los jugadores fueron a buscar a Marcelo, le dieron la copa y después lo tiran por el aire. Fue una gran alegría, se estaba retirando del fútbol activo un gran ídolo”, sentenció el presidente Alarcón.