Brasil mejora, pero ¿es suficiente para ganar el Mundial?

play
¿Por qué Japón es un rival peligroso para Brasil? (1:54)

La selección de Ancelotti encontró equilibrio y llega en alza a los cruces, aunque Japón medirá su verdadero nivel


Después de que su equipo venciera 3-0 a Escocia el martes, el seleccionador de Brasil, Carlo Ancelotti, se mostró más optimista que en cualquier otro momento desde que comenzó el Mundial.

“Ese es el objetivo”, dijo. “Ahora estamos jugando como equipo”.

No fue solo el resultado lo que dejó a ‘Carletto’ con una discreta sensación de satisfacción. Fue la sensación de progreso, la impresión de que este no solo fue el mejor partido de Brasil en el Mundial, sino probablemente el mejor desde que el italiano aterrizó en Río de Janeiro hace unos 13 meses.

¿La razón? Quedó claro que el equipo estaba poniendo en práctica los conceptos en los que Ancelotti ha insistido desde el primer día.

Brasil empieza a jugar a la idea de Ancelotti

El primer concepto, que dejó muy claro en su conferencia de prensa inicial, fue que no quería que su equipo tuviera una identidad definida. Según él, eso haría predecibles a los jugadores. En cambio, su preferencia era construir un equipo capaz de hacer cosas distintas, de interpretar el partido y reaccionar según lo que exigiera cada momento.

Eso se reflejó de forma admirable en la actuación contra los escoceses. Los rivales de Brasil tuvieron un poco más de posesión en el primer tiempo, porque hay momentos en los que Ancelotti quiere que su equipo se repliegue.

Pero los dos goles del primer tiempo —y Brasil pareció tener muy mala fortuna con un tercer tanto anulado— llegaron como consecuencia de una presión alta, con el equipo trabajando de manera colectiva para someter a Escocia cuando intentaba salir jugando desde atrás.

Después, Brasil logró alternar con eficacia entre los dos enfoques. La presión alta también le dio los dos goles en la victoria sobre Egipto en su último partido de preparación. Pero en su debut mundialista ante Marruecos, quedó en desventaja cuando fue sorprendido con el equipo mal posicionado para responder a una rápida transición del rival.

“Estoy contento porque el equipo ha mejorado mucho”, dijo Ancelotti. “Ahora nos vemos sólidos, y en la fase eliminatoria ser sólidos es muy importante”.

El equilibrio, la gran obsesión de ‘Carletto’

Esto conduce directamente al segundo concepto en el que Ancelotti insistió desde el inicio: la necesidad de equilibrio. En su primer día en el nuevo cargo, le pregunté si había visto el partido anterior, cuando bajo la dirección de Dorival Junior Brasil sufrió una desastrosa derrota 4-1 ante Argentina. Lo había visto. ¿Su conclusión? “Sin equilibrio. Talento, pero sin equilibrio”.

La mejor definición de la tarea de Ancelotti como seleccionador de Brasil es exactamente esa: aportar el equilibrio que permita que el talento marque la diferencia. Y su mayor desafío era equilibrar a un equipo cuyo punto fuerte son los extremos, especialmente Vinícius Júnior.

No ha sido un camino sencillo. Su idea original era jugar con cuatro atacantes. Eso siempre pareció forzado. Deja solo a dos hombres en el centro del campo, uno de ellos el Casemiro de 34 años.

Y, efectivamente, el primer tiempo del primer amistoso de Brasil, en casa ante Panamá, fue extremadamente preocupante. Bruno Guimarães y Casemiro fueron superados en número y en juego. Hacía falta un tercer mediocampista.

Pero Ancelotti solo había incluido cinco mediocampistas en su lista para el Mundial, una cantidad insuficiente para un torneo de ocho partidos.

Eso se corrigió después del partido contra Egipto, cuando el lateral derecho Wesley sufrió una lesión. Fue dado de baja de la convocatoria y reemplazado por el nuevo mediocampista del Manchester United, Éderson.

Pero ahora Ancelotti se quedó sin un lateral derecho ofensivo. Wesley iba a aportar amplitud por ese sector del campo. Ancelotti tuvo que reajustar y modificar algunas cosas para mantener su idea inicial.

Es un entrenador al que le gusta trabajar a partir de una estructura 4-4-2. “Es la forma del campo”, dijo. Los jugadores abiertos deben retroceder para colaborar defensivamente.

Vinícius, Cunha y los ajustes ofensivos

Vini Junior es un jugador de banda, pero no se espera que retroceda. No tendría sentido. Brasil lo quiere cerca del arco rival.

Entonces, ¿cómo resolver el dilema? Con otro atacante dispuesto a bajar y cubrir el espacio por el costado izquierdo. Ese debía ser Matheus Cunha, lo que hizo que su ausencia del equipo titular ante Marruecos en el debut mundialista fuera una sorpresa y, también, un error.

Entró Igor Thiago, un delantero de área, y Brasil quedó corto de cobertura detrás de Vini, dejando libre justamente el espacio por donde Achraf Hakimi, el espléndido lateral derecho de Marruecos, suele lanzarse al ataque. Esa fue una de las causas principales del dominio marroquí en el primer tiempo. Brasil se vio mucho mejor cuando Cunha ingresó y el equipo logró cubrir mejor el campo.

La función de Cunha cambió desde entonces como consecuencia de la lesión de Raphinha. Ahora Lucas Paquetá, el tercer mediocampista, tiene más responsabilidad para cubrir la banda izquierda. Cunha se movió más arriba y hacia el centro, reemplazando a Raphinha como el otro delantero puro en el 4-4-2, aunque interpretando el rol con más versatilidad.

Puede ser un número 9. O puede retrasarse como un número 10, formar parte del bloque del mediocampo y también ofrecerse como opción de pase entre líneas. O puede intercambiar posiciones con Rayan, el potente extremo derecho zurdo que fue incorporado con éxito al equipo tras la lesión de Raphinha.

Por momentos, Rayan estuvo arriba junto a Vini, como ocurrió en el primer gol ante Escocia, con Cunha atento al espacio por la derecha.

Las piezas, entonces, están empezando a encajar, y justo en el momento adecuado. Ancelotti siempre vio la fase de grupos como una especie de guerra ficticia. Su objetivo era utilizar esos partidos para encontrar una mezcla adecuada de cara a la parte seria del torneo.

Con excepción de sus porteros suplentes y dos defensores de reserva, todos los integrantes de su plantel han tenido minutos, y parece tener una idea clara de cuál es su equipo más efectivo. Está donde quería estar. Pero ¿será suficiente?

Brasil pudo encontrar su ritmo en un grupo muy permisivo. Ahora el riesgo es mucho mayor y el desafío será más exigente. Ancelotti no cometerá el error de subestimar a Japón, el rival de Brasil en los dieciseisavos de final el lunes. En octubre, Japón venció 3-2 a su equipo.

Con dos goles de ventaja y aparentemente con el partido bajo control, Brasil —es cierto, con una defensa alternativa— se derrumbó en el segundo tiempo ante uno de esos extraordinarios tramos de 20 minutos que Japón es capaz de producir.

La capacidad de Japón para cambiar de estilo preocupará a Ancelotti, al igual que la velocidad con la que puede mover la pelota. Eso seguramente pondrá a prueba a una selección brasileña que por momentos puede verse pesada en el mediocampo.

Brasil es favorito, aunque algunos en casa están preocupados por el equipo japonés, casi con seguridad por primera vez.

Ancelotti, mientras tanto, no da la impresión de estar preocupado por nada. Desde su punto de vista, todo va de acuerdo al plan.