Tantas veces lo mataron, tantas veces se murió, y Lionel Messi terminó por tomar el control absoluto de su propia narrativa. Durante una década, el peso de las comparaciones incómodas, injustas y odiosas amenazaron con poner en riesgo su legado en la Selección Argentina. Y ahora, aquí está: con 39 años, en la final de un Mundial 2026 del que ha sido protagonista y figura, en la búsqueda de defender el título conseguido cuatro años antes. ¿El rival? España, justo el país al que están directamente relacionadas esas mismas comparaciones.
Se trata, después de todo, del lugar en donde pasó nada menos que 20 años de su vida futbolística. Un camino que comenzó el 17 de septiembre del 2000, con su arribo para firmar con Barcelona a sus 13 años, en busca de un lugar idóneo donde pueda desarrollarse como futbolista, pero también tratar su problema de crecimiento. Y no tardó en despertar la admiración de sus compañeros, sus formadores, sus rivales... y de la Real Federación Española de Fútbol.
El no de Messi a España, fundacional para su historia con Argentina
La aproximación concreta se dio en 2002, en la antesala del Mundial Sub 17 de Finlandia que se jugaría el próximo año. A pesar de no haber sido parte del proceso, el seleccionador juvenil Ginés Meléndez le ofreció ser parte del plantel mundialista, con lo que habría sido compañero de futuros campeones del mundo como Cesc Fábregas y David Silva. Eso sí, la invitación venía con una "trampa": las reglas de la FIFA, mucho más estridentes que en la actualidad, dictaminaban que una vez que se elegía una selección para representar en el fútbol juvenil, no había posibilidad de cambiar de parecer en el futuro. Solo un año después el máximo ente del fútbol cambiaría la regla.
La lejanía y la hospitalidad de su patria adoptiva jamás puso en duda el compromiso y amor de Messi por la Argentina, y naturalmente rechazó la oferta, como lo recordó en 2014: "Hubo contactos informales con la selección española para que jugara con ellos, pero siempre dije que quería jugar para mi país porque amo Argentina y solo siento los colores de mi selección".
Al ya haber un grupo armado, tampoco llegó a representar a la selección de Hugo Tocalli, que finalizó tercera en el torneo. La historia, a partir de allí, es conocida: el VHS que su entonces agente Horacio Gaggioli acercó a Claudio Vivas, la reacción del entonces seleccionador Marcelo Bielsa, el amistoso ante Paraguay en La Paternal armado expresamente para abrocharlo, el título Sub 20 en 2005, y el debut con la mayor en el mismo año.
En los años posteriores, lejos de disfrutar del talento de Messi, España lo "sufrió" durante los próximos 15 años. LaLiga fue testigo de sus primeros pasos en Barcelona, de cómo se ganó el puesto en el extremo derecho del brillante equipo de Frank Rijkaard, de su asombrosa velocidad y aceleración para conducir y gambetear a cuanto defensor intente sacarle la pelota. De sus problemas recurrentes de lesiones en su juventud y de cómo Pep Guardiola lo movió al centro del ataque. De su transformación en uno de los mejores futbolistas de toda la historia.
Los números fríos no hacen justicia en absoluto a lo visto durante esos años gloriosos del número 10, en los que conquistó en múltiples ocasiones todos los títulos a los que podía aspirar un club. Aún así, sus récords no dejan de ser increíbles: máximo goleador histórico del fútbol español con 474 tantos, más goles en una temporada con sus 50 en la 2011/12, más partidos consecutivos convirtiendo con 21, más clubes distintos a los que les anotó con 38, más dobletes con 133, más hat tricks con 36... el reflejo de un dominio avasallante.
El cambio en la "zona de confort", de España a Argentina
En el marco internacional, los caminos de Messi y España solo se cruzaron dos veces. La primera fue en 2006 en la ciudad de Murcia, donde poco después de la Copa del Mundo de ese año el rosarino fue titular en lo que fue una derrota por 2-1, donde mostró algunas pinceladas de su talento. La segunda, cuatro años más tarde en el Monumental, fue más memorable: goleada por 4-1 a los recientes campeones del mundo, que el propio número 10 abrió con una magnífica vaselina sobre Pepe Reina. Una molestia lo marginó del enfrentamiento más reciente, la fatídica goleada por 6-1 en Madrid que encendió las alarmas previo al Mundial 2018.
El destino, aún así, quiso que en ese mismo período desarrollara un mayor idilio con el público en su ciudad de residencia que en su país de nacimiento, al que siempre quiso defender. Especialmente durante aquellos primeros años de éxito Culé de la mano de Guardiola, la dificultad para replicar sus rendimientos asombrosos en equpos argentinos mucho más disfuncionales le valió severas críticas, que llegaron a su pico en la Copa América 2011, cuando fue silbado en su provincia natal de Santa Fe. Las acusaciones más comunes de sus detractores lo señalaban de apátrida, catalán, español.
Aún con la mejora del equipo en los torneos posteriores, las tres finales perdidas de manera consecutiva entre 2014 y 2016 propiciaron una intención de retiro internacional prematuro al perder su tercera definición continental, a manos de Chile en East Rutherford. Dos años después, aquella Copa del Mundo en Rusia en lo que se presuponía como su última oportunidad para romper esa brecha dio paso a un hiato extendidio con la camiseta celeste y blanca. Durante ese tiempo, España representó un espacio de comodidad y paz para Messi, mientras que Argentina solo le arrojaba una presión asfixiante y recuerdos negativos.
Pero luego, ese panorama se revirtió por completo. La pésima gestión económica de Barcelona derivó en una crisis política que tuvo al 10 en el eje, primero con un sorprendente y fallido por abandonar la institución en 2020, y luego con su eventual salida, esta vez no buscada, un año más tarde. Al mismo tiempo, en la selección, su excompañero y ahora entrenador Lionel Scaloni forjó un ambiente con nuevos nombres para acompañarlo, mucho más ameno y armónico que los intentos del pasado, y que por fin le dio el título que tanto deseaba, nada menos que ante Brasil y en el Maracaná. Un año y medio después, en Qatar daría un paso más para conquistar el Mundial, el trofeo que más ansió durante toda su carrera.
Le costó mucho a Barcelona seguir sin el mejor jugador de su historia, pero la historia una vez más arrojó una casualidad del destino: en la temporada inmediatamente posterior a su salida emergió Lamine Yamal, el símbolo de la era actual del club y la selección, y la estrella de la España a la que se volverá a enfrentar Messi en Nueva Jersey. De hecho, en el equipo de Luis de la Fuente queda tan solo un jugador que llegó a coincidir con él, Pedri, quien además perdió su puesto en el equipo titular. Dani Olmo, Gavi, Alejandro Grimaldo y Marc Cucurella también tuvieron ciclos en La Masía durante su estadía, pero nunca llegaron a estar en la misma cancha.
Tras la consagración máxima en Qatar, la historia de Messi y la Selección Argentina parecía sellada, su arco narrativo completo, su redención concretada. Él decidió que tenía cuentas pendientes, y el destino le devolvió una semifinal de Mundial ante Inglaterra y una final contra el país donde se formó futbolísticamente y ganó la mayor cantidad de títulos. No se puede pedir un mejor desenlace que ese para cimentar su legado eterno.
