Esta Selección Argentina ya hizo lo único que le faltaba, pero ahora va por su obra cumbre

"Ya está", dijo Lionel Messi después de ganarle a Francia la final más emocionante de todos los tiempos, en diciembre de 2022. "Ya está", habrá pensado en ese momento sin siquiera sospechar que en realidad no estaba nada. Que su hambre de gloria no iba a ser saciado tan fácil. Que la leyenda de una de las mejores selecciones de la historia todavía requería una victoria más en su épica. Tal vez el triunfo más grande. El más significativo. El más valioso para su pueblo.

A esta Selección Argentina solo le faltaba ganarle a Inglaterra. Lo merecía. Lo necesitaba para rubricar su gloria absoluta. Para convertirse en un emblema definitivo. Para dejar de ser un simple equipo de fútbol campeón y transformarse en bandera. En esa bandera que los propios futbolistas enarbolaron al final del partido, tal vez sin saber que aquel acto eufórico sería en realidad una muestra de patriotismo suprema.

La gesta de esta Selección Argentina

"Desde que mi viejo me compró mis primeros botines que soñaba con hacer este gol", dijo Lautaro Martínez tras la victoria en Atlanta y en un puñado de palabras sintetizó la descomunal trascendencia del partido. El jugador argentino vive y se desvive por jugar contra Inglaterra. En ese anhelo encuentra el combustible que motoriza su talento natural. Un combustible que mezcla la relevancia de un choque entre dos potencias con otros condimentos menos frívolos.

El mejor seleccionado del país más prestigioso de la historia del fútbol. Porque Argentina siempre fue grande, desde el comienzo mismo de los tiempos, pero nunca había tenido un representante tan rotundo de su superioridad. El planeta entero se ha rendido ante estos futbolistas, pase lo que pase en la final contra España. Este plantel conducido por Lionel Scaloni se ganó el respeto eterno por su éxito, pero todavía más por su estilo.

El campeón de las últimas dos Copas América, de la Copa del Mundo de Qatar 2022 y finalista de este Mundial ha ganado partidos de todas las formas posibles. Lo hizo con la pelota al piso, con un sometimiento absoluto de cualquier virtud del adversario, tal como ocurrió en la final ante Francia. También con una defensa a corazón abierto, como en la final del Maracaná contra Brasil. O con gambetas, golazos y recursos técnicos de todo tipo, como en la Finalissima ante Italia. Siempre encuentra un argumento más en su camaleónica identidad.

Por eso, esta Selección llegó al Mundial 2026 sin necesidad de demostrar nada. Libre de obligaciones externas. Con la única intención de defender su corona. Una ambición íntima, de cada uno de sus integrantes, que llegaron con la sensación del deber cumplido y con la libertad del que ya se sabe ganador. Sin embargo, de repente surgió una oportunidad única. El rival más esperado. El que todavía no habían podido enfrentar. El adversario del fútbol y de las otras cosas.

Entonces, estos futbolistas hicieron lo que siempre hacen: no dejaron pasar la oportunidad de abrazar la historia. Pusieron la pelota debajo de la suela y se hicieron cargo de su destino. Ya con la certeza de su propia inmortalidad, pasaron por arriba a Inglaterra con la brillantez proverbial del fútbol argentino. Jugaron su mejor partido del torneo en el momento culminante, cuando de verdad valía la pena. Eso es lo que hacen los grandes equipos.

Scaloni ha hablado reiteradas veces de la "cultura futbolística" de las naciones. Explica, con paciencia, lo que significa defender la camiseta celeste y blanca. Y sus dirigidos han pisado cada cancha con ese conocimiento sagrado. Lo han honrado, sobre todo, en las circunstancias más especiales: en las finales y frente a Brasil e Inglaterra. Esas fueron las mejores actuaciones de este ciclo. Es mucho más que simple temperamento o mentalidad; es convicción de identidad pura.

Entonces, después de ganar todo lo que se puso enfrente, llegó el momento de enfrentar a Inglaterra. Y el resultado fue el que debía ser, el que estaba escrito en su destino victorioso. Ahora, después de tachar lo único que les faltaba, están frente a otra final. Y otra vez harán lo que mejor saben hacer. Frente a la extraordinaria oportunidad de ganar un bicampeonato del mundo que los coloque en un escalón inaccesible para el resto, saldrán a jugar como solo puede salir un grupo de argentinos.

"Fuerte y generosa, mi Argentina / Libre y orgullosa de ser como es / Pluma, espada y lanza trazaron su historia / Todos argentinos compartiendo gloria", dicen los argentinos en una poesía que esta Selección hizo propia. Porque ser argentino es compartir gloria.