El inglés consiguió su primer éxito como campeón de F1 en Hungaroring, 11ª fecha de la temporada. Max Verstappen y Kimi Antonelli completaron el podio.
7 de diciembre de 2025. Lando Norris finalmente lograba cumplir su sueño y se convertía en campeón de Fórmula 1 con el tercer puesto en Abu Dhabi, sede de la fecha final de la temporada. El inglés cerraba así un torneo que en la primera parte del año parecía destinado a su compañero Oscar Piastri y en la recta final Max Verstappen se había convertido en una durísima amenaza. Por dos puntos de ventaja sobre el neerlandés, Norris se quedaba con el trofeo de campeón. Jamás habría imaginado entonces que tanto le costaría conseguir su primer triunfo como monarca del Mundial. Debió esperar 11 carreras, pero la racha se cortó: el piloto de McLaren ganó el GP de Hungría y consiguió el primer gran festejo con el 1 pintado en su auto.
El camino hasta la victoria en Hungaroring fue un vía crucis para el campeón. La nueva normativa técnica no cuajó bien en Woking. Tal vez el tiempo y la energía entregada en la lucha del título 2025 llevó a los técnicos de McLaren a desatender el desarrollo del chasis de 2026. Para colmo, la nueva unidad de potencia con su bendita batería se convirtió en un jeroglífico. Es cierto, McLaren tiene motores de Mercedes, el equipo que comenzó liderando. Y ahí no hay manera de entregar menos: la FIA obliga a los fabricantes a otorgar los mismos elementos a los equipos cliente. Pero hay un dato no menor: la unidad de potencia es exactamente la misma, pero la entrega no viene con el manual que cuente los secretos para poder exprimirla al 100%. Y McLaren comenzó lejos de la punta, dentro del grupo de las cuatro escuderías dominantes, pero sin poder pelear contra Mercedes.
Para colmo, la fiabilidad. La batería dejó sin largar a Norris (y a su compañero Oscar Piastri) en China. La batería le complicó el fin de semana de Japón y nuevamente le generó un tempranero abandono en Mónaco. El podio de Miami, su lugar fetiche por ser donde consiguió su tan ansiada primera victoria, era un bálsamo en un año opaco. Pero McLaren siguió trabajando, como el resto de los equipos. El potencial del MCL40 estaba, había que poder sacarlo a relucir. Otro podio en Cataluña y Norris empezó a encontrar el ritmo. En Bélgica, en la cita anterior, el equipo estrenó en su auto la última especificación de motor y, si la escudería ajustaba la estrategia, podría haber estado otra vez en la entrega de premios.
Hasta que llegó este fin de semana en Hungría, justamente una pista en la que el despliegue de energía y exprimir la unidad de potencia pasa a un segundo plano por las características del dibujo. Y llegó el éxito. Norris largó desde la pole, pero perdió la punta de la carrera con su compañero Oscar Piastri al doblar muy ancho en la segunda curva de la vuelta inicial. Esos pequeños errores que acompañaron a Norris en toda su carrera y que ni su estirpe de campeón los hacen a un lado. Piastri había partido tercero tras la reorganización de la grilla por las penalizaciones de Lewis Hamilton y Kimi Antonelli (cinco puestos cada uno) y aprovechó la mala largada de Charles Leclerc para quedar segundo en el pique. El australiano, quien este año está en un nivel muy lejano del que lo llevó a luchar por el 1 en 2026, mandaba con autoridad.
La estrategia inicial de los pilotos de McLaren fue calcada. Piastri paró en la vuelta 17, Norris lo hizo un giro después y el orden se mantuvo. Norris se puso a la cola de su compañero y lo atacaba, pero pasar autos en Hungaroring es casi imposible. Llegaron los mensajes de radio del inglés al equipo, en una reedición de 2024 y 2025, avisando que iba más rápido. McLaren cambió el rumbo en la segunda parada. Piastri se detuvo en la 34 y Norris siguió en pista. El ritmo del australiano era mucho mejor y le limaba la diferencia a su compañero hasta que llegó Carlos Sainz. Insólitamente, y en medio de las banderas azules, el español le tiró encima su Williams al de McLaren y hubo toque (el madrileño dijo que no le avisaron, aunque sí estaban las banderas, y recibió una sanción de cinco segundos). Los dos segundos perdidos por Piastri fueron clave para que Norris pudiera parar en la vuelta 40 y volver adelante. El de Melbourne cerraría su carrera con el abandono en el giro 56 con problemas en la caja.
Norris solo tenía por delante el escollo de Kimi Antonelli, con una estrategia diferente. Con los neumáticos más nuevos, el inglés superó sin problemas al italiano y se encaminó al triunfo, su 12º en F1 y, por fin, el primero como campeón. “Estoy muy contento de estar de vuelta y ser el número uno de nuevo. El triunfo ayuda, eso seguro. Te ayuda a superarlo. El equipo sigue trabajando duro para sacarle aún más partido al coche. Tenemos una dura competencia, los Ferrari son rápidos. Kimi siempre está ahí, en cada sesión hace un buen trabajo. Si queremos volver, necesitamos muchas más carreras como esta y debemos seguir presionando a nuestros competidores, pero este fin de semana fue perfecto para nosotros. Aunque va a ser difícil, seguiremos esforzándonos, seguiremos trabajando duro. Le debo mucho al equipo por haber vuelto a ganar una carrera en este momento. Estoy orgulloso, necesitamos disfrutar de un buen descanso", dijo el campeón, quien se va de vacaciones feliz, sin dudas.
