Hohberg y un récord de los Mundiales que, cómo él mismo, se niega a morir

ESPN.com

Hay personajes que parecen inventados por la literatura. Juan Eduardo Hohberg fue uno de ellos. De hecho, una película sobre su vida podría ser juzgada como ciencia ficción. O como la historia de un guionista bajo los efectos de alucinógenos.

Lo cierto y concreto es que Hohberg, nacido en Alejo Ledesma, un pueblito de la provincia de Córdoba, sigue siendo el entrenador argentino que más lejos llevó a un seleccionado extranjero en la Copa del Mundo: lo hizo en México 1970, como técnico de Uruguay, el país en el que se nacionalizó.

Claro que antes de esa parte de la “serie” habría que ver la precuela. Hohberg jugó en Rosario Central y, en un amistoso entre los Canallas y Peñarol de Montevideo, metió dos goles que deslumbraron a los dirigentes carboneros. Por supuesto, lo hicieron cruzar el Río de la Plata. Con la camiseta aurinegra, el cordobés se convirtió en ídolo.

Contaba goles y títulos al por mayor. Siete veces ganador del Campeonato Uruguayo y campeón en 1960 de la primera Copa Libertadores de la historia.

Se terminó haciendo ciudadano uruguayo y defendió la Celeste en la Copa del Mundo 1954.

Su debut mundialista fue el día de su muerte. Aunque resucitó. Sí: resucitó. ¡No, no es ciencia ficción! Y volvió a jugar, aunque no alcanzó para ganarle a Hungría en semifinales mundialistas.

Volvería a unas “semis” de una Copa del Mundo en 1970, pero ya como entrenador.

Más allá de sus logros futbolísticos, que no son menores, Juan Eduardo solía decir en familia que era el único hombre que había nacido tres veces: cuando llegó al mundo, en Alejo Ledesma, luego cuando su corazón se detuvo en pleno Mundial 1954 y, más tarde, en 1958, cuando el avión en el que viajaba tocó el agua y terminó sacudiéndose contra la playa de Isla Grande, Brasil, y él y su familia milagrosamente salvaron su vida, aunque todas sus pertenencias quedaron en el mar. Regresaron a Argentina y volvieron a Uruguay. No tenían ni un peso. Renacieron de las cenizas. Una y otra vez.

¿La literatura hubiera inventado algo así?

La gran campaña del Uruguay de Hohberg en México 1970

En México 1970, Uruguay integró el Grupo 2 junto con Italia, Suecia e Israel y consiguió la clasificación tras finalizar segundo detrás de los italianos: en esa instancia venció a los israelíes (2-0), empató con la Azzurra (0-0) y perdió con los escandinavos (0-1).

En los cuartos de final protagonizó uno de los partidos más recordados del campeonato: venció 1-0 a la Unión Soviética en el Estadio Azteca, gracias a un gol de Víctor Espárrago en el tiempo suplementario, luego de un centro de Luis Cubilla, y con ese resultado se metió entre los cuatro mejores.

La Celeste parecía destinada a ganar los títulos cada 20 años, ya que lo había hecho en 1930 y 1950. Sin embargo, la curiosidad numérica no terminó ocurriendo.

La semifinal, en Guadalajara, enfrentó a Uruguay con el Brasil de Pelé, Jairzinho, Tostão, Gérson y Rivelino. Uruguay incluso comenzó ganando con un tanto de Luis Cubilla, pero Brasil reaccionó y terminó imponiéndose 3-1.

En el encuentro por el tercer puesto, otra vez en el Azteca, Alemania Federal derrotó 1-0 a los charrúas, que finalizaron cuartos bajo la conducción técnica de Hohberg, en la mejor actuación de un entrenador argentino al frente de una selección extranjera en toda la historia de los Mundiales.

El “fracaso” previo a Argentina 1978 y su “autoexilio” en Perú

Después de aquella histórica campaña mundialista de 1970, Hohberg regresó a la conducción técnica del seleccionado uruguayo en 1976, con el objetivo de clasificarlo para la Copa del Mundo Argentina 1978.

No obstante, los charrúas quedaron eliminados y el técnico decidió abandonar el país.

“Era una persona muy especial. Muy vergonzoso. El sentía vergüenza de no haber ido al Mundial de Argentina y decide vender todo (…) Se deportó solo”, le contó Pablo, su hijo, a la agencia EFE.

Luego pasó por clubes de Perú, Colombia y nuevamente de Uruguay. Más tarde siguió su periplo alternándose entre Ecuador (allí dirigió el seleccionado ecuatoriano) y Perú.

“Era amigo, era padre, era compañero. Es mi ídolo”, agregó Pablo sobre Juan Eduardo, quien falleció en Lima en 1996.

El día que Hohberg “murió y resucitó” en las semifinales del Mundial 1954

Antes de ser el hombre récord con el buzo de entrenador, Hohberg ya había entrado en las páginas más insólitas de la historia del fútbol durante el Mundial de Suiza 1954.

“A falta de cuatro minutos, la garra charrúa tomó vida y sobre los Alpes sobrevoló el fantasma del Maracaná. Schiaffino volvió a habilitar a Hohberg y el delantero no falló. Gol celeste. Partido empatado. En el festejo, el argentino corría desaforado, loco, todo embarrado. Los jugadores uruguayos se le fueron encima y armaron una montonera”, narra el libro “Historias Mínimas de los Mundiales” sobre aquellas semifinales entre Hungría y Uruguay.

La obra, escrita por Juan Pablo Cossutta y Guillermo Gribaudo e ilustrada por Karlo Lottersberger, fue publicada por la editorial cordobesa Recovecos y recrea a la perfección aquel dramático momento en la semifinal contra los magiares.

“Segundos después, comenzaron a ponerse de pie. Todos menos Hohberg. El griterío eufórico de todo el estadio dio paso al silencio. Carlos Abate, kinesiólogo del cuerpo técnico uruguayo, corrió desesperado hacia el lugar donde estaba caído, inmóvil, el goleador. No respiraba, su corazón había dejado de latir”, describen las páginas del libro.

“El público se estremeció al ver los ejercicios de cardiorrespiración. Fueron 15 segundos los que Juan Hohberg estuvo muerto en el campo de juego del estadio La Pontaise de Lausanne. Cuando se reanimó, sus compañeros lo llevaron hasta el banco de suplentes, donde el delantero continuó boqueando y pidiendo aire prestado al cielo suizo”, agrega el texto.

Muchos años después, su hijo Pablo contó que uno de los integrantes del cuerpo médico le contó que le habían hecho masaje cardíaco y le suministraron coramina vía oral para poder reanimarlo.

“Los celestes, napoleónicos, empezaron el suplementario con uno menos, ya que Hohberg continuaba recuperándose del paro cardíaco. Sin embargo, su amor propio pudo más y sólo a un rato de verle la cara a Dios estaba otra vez en la cancha, vendiendo caro el invicto uruguayo”, amplía el libro “Historias Mínimas de los Mundiales”, que también tuvo su serie televisiva en Argentina.

Tres nacimientos y un récord que se niega a morir

La reanimación en plenas semifinales en Suiza 1954, el increíble aterrizaje sobre el mar y la playa de 1958 marcaron para siempre la vida de Hohberg, el descendiente de alemanes que nació en un pueblito de Córdoba, se hizo ídolo en Montevideo y pasó sus últimos días en Lima.

Aunque su corazón dejó de latir en 1996 en la capital peruana, hay un hecho que se niega a morir: su récord como el entrenador argentino que más lejos llevó a un seleccionado extranjero en una Copa del Mundo.