GUADALAJARA -- La fecha del 30 de octubre ha quedado marcada para siempre en el Club Deportivo Guadalajara. Es un antes y un después de ese día de 2002. Han transcurrido once años desde que más de 170 socios con certificado de aportación le vendieron sus acciones al empresario Jorge Carlos Vergara Madrigal para llevar a cabo la transformación de Asociación Civil a Sociedad Anónima de Capital Variable.
NADA ES IGUAL YA EN LA INSTITUCIÓN ROJIBLANCA
Para entender el presente de Chivas es importante realizar el viaje al pasado y repasar detalladamente las razones que orillaron a los asociados a entregarle al polémico Vergara sus certificados de aportación, mientras que una minoría encabezada por el entonces presidente Francisco Cárdenas, que presidía al Club Guadalajara como una Asociación Civil se oponían como hasta el día de hoy a la venta de un patrimonio que genera tanta pasión.
EL PRINCIPIO DEL FIN
En 1993, el Club Guadalajara se encontraba en bancarrota, y sus números rojos se reflejaban en el equipo de futbol.
Chivas ya no podía mantenerse únicamente de los ingresos al estadio Jalisco, para la década del noventa era una forma arcaica para sostener una nómina de Primera División.
Tal situación generó la creación de dos grupos: uno el del entonces presidente Aurelio Martínez, y el otro el del empresario de aceites y lubricantes, Salvador Martínez Garza. Aurelio, ex jugador de Chivas y Leones Negros de la UdeG en el decenio de los setenta, tenía el proyecto de rentarle el primer equipo a Televisa por cinco años, lo cual no era bien visto por la gran mayoría de socios ya que significaba aliarse con el propietario de su acérrimo rival deportivo, el América. Por lo tanto, la propuesta que ganó fue la de Martínez Garza, quien firmó un arrendamiento por diez años en el que se comprometía a reforzar al primer equipo con jugadores de primer nivel, lo cual cumplió.
La idea era que mientras un empresario se encargaba de sanar las finanzas del primer equipo, la gente de la Asociación Civil manejaría a los equipos filiales para formar jugadores desde las infantiles, para que al regreso en diez años hubiera un equipo base.
En esos años se formaron lo que se conoció como las Súper Chivas con Eduardo Fernández, Carlos Turrubiates, Alberto Guamerú García, Alberto Coyote, Missael Espinosa, José Manuel Chepo de la Torre, y después se integraron Ramón Ramírez y Daniel Guzmán. Todos ellos dirigidos por Alberto Guerra. Posteriormente, el directivo apostó por técnicos más mediáticos como Oswaldo Ardiles y Leo Beenhakker, pero no funcionaron.
Así, para el Torneo de Invierno 1996, Martínez recurrió a un técnico más modesto, pero conocedor del futbol mexicano: Ricardo Ferreti, con el que conquistó su primer y único título en su gestión en el Verano 97.
Al cumplirse los primeros cinco años, el dirigente quiso recuperar parte de su inversión con la venta del ídolo Ramón Ramírez al América. Pese al importante ingreso que recibió, se echó encima a la afición. Para el 2000, a tres años de regresar el equipo a la Asociación Civil, la economía ya no era tan estable, y Martínez Garza desmanteló al equipo dejando un esqueleto.
Tras dos años complicados, para 2002, la gente de la Asociación Civil se alistaba para el retorno.
EL CONTRATO CON TELEVISA
Ángel Francisco Cárdenas Moreno había asumido la presidencia del Club Guadalajara AC en el 2000, y a principios de 2002 se reeligió, y previendo la vuelta del primer equipo a la AC, firmó un contrato millonario con Televisa por los próximos cinco años.
El hecho de que sólo el grupo de Cárdenas se beneficiaba con el convenio y que después de él al parecer seguiría su vicepresidente Juan Pablo Ladrón de Guevara, encendió los ánimos de sus opositores.
Max Felipe Prieto (hijo del futbolista del mismo nombre), había perdido las elecciones ante Cárdenas, y representaba al grupo opositor junto con Alberto Agnesi, Francisco González Paul, y Carlos González Lozano, entre mucho otros. Ellos se fijaron en que un empresario llamado Jorge Vergara estaba interesado en entrar al negocio del futbol. Ya lo había intentado anunciando el nombre de su empresa en la camiseta del Atlas, pero la relación no fructificó.
Vergara los escuchó y se convenció que invertir en el club más popular del futbol mexicano representaba también proyectar los productos de su empresa.
Así, en agosto de 2002 hizo su aparición ante los medios de comunicación en una conferencia de prensa ofrecida en su escuela Educare. Aquel día, vestido todo negro, Vergara presentó su propuesta que luego la llamó: Chivas de Corazón. El estilo frontal, desenfadado y nada diplomático de Jorge Carlos sedujo no solamente a los socios que tenían dudas, sino a los aficionados que veían mucha inestabilidad en los resultados deportivos a partir del 2000, y no confiaban en que los dirigentes de la Asociación Civil enderezaran el rumbo.
Vergara primero ofreció 2 millones de pesos por cada certificado de aportación, y después puso en la bandeja 6 millones de pesos, y los socios ya no resistieron por lo cual a la Asamblea del 30 de octubre en la sala de trofeos Edgar Everaert llegaron listos para votar a favor de la transformación.
No importó que ese día el socio Trinidad Rentería Dávalos impugnara la Asamblea con la orden de un juez de suspenderla argumentando que una AC no podía ser transformada en SA, ya que según el Código Civil del Estado de Jalisco es un acto ilegal. Pero la mayoría ahí reunida hizo caso omiso de la orden, y la Asamblea continuó hasta consumarse la votación.
Cárdenas, quien como presidente de la AC presidía la Asamblea abandonó la sala junto con todo su grupo. A la media noche, Jorge Vergara se presentó en el Club Guadalajara como el nuevo propietario.
El 30 de octubre de 2002 quedó marcado como fin de una era, y el principio de otra.
