En la cascada de imágenes que han circulado desde la tarde del pasado 19 de septiembre de 2017, hemos visto a la desgracia en forma de derrumbes, al miedo en la mirada de quienes perdieron a un ser querido o de quienes lo perdieron todo, actos de heroísmo desinteresado, solidaridad entre personas que no se conocían y que probablemente nunca más vuelvan a verse.
Entre esas imágenes está la de Jesús Corona, portero de Cruz Azul y quien, al igual que otros deportistas y héroes desconocidos, se arremangó y salió a la calle para aportar su granito de arena en la remoción de escombros que dejó el temblor de 7.1 grados que azotó a la Ciudad de México y el suroeste del país.
El futbol mexicano vuelve a la acción y lo hace en el marco de un ambiente agridulce por la tristeza que nos embarga por la desgracia de unos y la necesidad de todos por seguir con nuestras vidas.
El balón volverá a rodar y llegará el primer despeje de meta de un portero y con él, llegará también el momento de que el aficionado mexicano, que antes que eso es ciudadano de un país que sufrió un duro gancho al hígado, le muestre a sus compatriotas y al mundo su verdadero rostro.
Con el primer despeje de portería después del 19 de septiembre, llega la oportunidad de hacer a un lado ese infame grito de “¡P***!” y cambiarlo por otro que resalte el espíritu de solidaridad que los mexicanos escondemos muy en el fondo hasta que la tragedia nos golpea.
¿Le gritarías ‘¡P***!’ a Jesús Corona cuando saque de meta luego de verlo ayudar a sacar escombros con la esperanza de encontrar vida debajo de ellos?
Corona es un ejemplo local de lo solidarios que podemos ser los mexicanos cuando nos lo proponemos.
Pero la ayuda también llegó de otros puntos del mundo. Brigadas de rescate y apoyo técnico llegaron desde países como Japón, Perú Suiza, España, Israel, Alemania, Colombia, Estados Unidos, Honduras, Panamá y Costa Rica.
No hay palabras para agradecer la ayuda que estos países brindaron en 2017, de la misma forma en que lo hicieron hace 32 años.
No hay palabras, pero sí existen maneras o gestos para agradecerles su desinteresada solidaridad y una de ellas se puede dar en el marco del deporte más popular del mundo: el futbol.
El futbol mexicano y sus aficionados han estado bajo la lupa por el excesivo y ofensivo uso del infame grito. El destino, la naturaleza o Dios si así lo creen, le ha dado a la sociedad mexicana, particularmente al sector aficionado al futbol, de cambiar de raíz esa imagen.
Países de la zona de Concacaf a los que deportivamente solemos mirar por encima del hombro le brindaron a México ayuda en uno de sus momentos más oscuros.
¿Cómo agradecerles infinitamente? La respuesta es sencilla: erradicando ese infame grito las próximas ocasiones que vuelvan a jugar en nuestro país. ¿Nos sentiríamos bien o diremos que se trata sólo de diversión si le volvemos a gritar ‘¡P***!’ a los porteros de Estados Unidos, Honduras, Panamá, Costa Rica o cualquier otro país, luego de que uno de sus compatriotas fue a México para arriesgar su vida con la esperanza de encontrar a un mexicano con vida debajo de toneladas de concreto y acero?
Es hora de sacar lo mejor de nosotros y enseñarlo en una vitrina que tiene vista al mundo.
Es hora de ser agradecidos y tirar la arrogancia junto los escombros.
Es hora de mostrarle al mundo que somos agradecidos con quienes nos tienden la mano.
